María Guadalupe Ochoa Ávila se dio a la tarea de coordinar un volumen fundamental: La construcción de la memoria. Historias del documental mexicano.
El libro coeditado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Conaculta, contiene nueve ensayos temáticos-cronológicos y 114 fichas bibliofilmográficas, donde se revela que el cine documental no tuvo su auge en los años noventa sino que ha repuntado en varias épocas, por tratarse de un fenómeno histórico relacionado con las modas, la tecnología y el interés del Estado.
Los textos son: Atisbos: algunas historias sobre el documental mexicano, de Ochoa Ávila; Documentalistas pioneros (1896-1916), de Ángel Miquel; El documental etnográfico mexicano, de Ana Piñó Sandoval; El documental científico en México, de Iván Trujillo Bolio y Manuel Martínez Velázquez, y El documental histórico en México, de Álvaro Vázquez Mantecón.
Además: La Ciudad de México en los “cortos”. Los noticieros fílmicos y su mirada urbana, del investigador Ricardo Pérez Monfort; El cine militante, necesario como el Sol y más efectivo que una aspirina: movimientos sociales en el documental mexicano de los sesenta y setenta, por el también poeta infrarrealista José Peguero; Documental sobre movimientos sociales 1980-1999, de Cristian Calónico Lucio; Los documentales para la televisión, de Luisa Riley, y La formación de los documentalistas y la memoria histórica de México, del ya fallecido director Alfredo Joskowicz.
Llevó 10 años de investigación y trabajo a la coordinadora y sus colaboradores lograr esta primera investigación que organiza y sistematiza la información sobre este género en México y su desarrollo desde 1896 hasta principios del 2012.
A decir de Ochoa Ávila, la primera “vista” captada por un mexicano fue la de Ignacio Aguirre: Pleito de hombres en el Zócalo (1897), con una cámara que adquirió de Claude Ferdinand Bon Bernard (quien había llegado junto con Gabriel Veyre para promocionar el invento de los hermanos Lumière, en donde tomaron 35 vistas, entre agosto de 1896 y enero de 1897) y “desde entonces la producción de imágenes en movimiento ha continuado de manera constante y sustanciosa”.
Resalta:
“Al contrario del cine mexicano de la llamada ‘época de oro’, realizado entre los treintas y cincuentas, que tuvo una gran difusión internacional, particularmente en América Latina, el documental mexicano ha sido el gran desconocido dentro y fuera de su territorio.”








