Así escapamos…

PARÍS.- Amina Sawok y Thabita Walse descansaban en el albergue de la Escuela Secundaria Pública de la nororiental­ ciudad nigeriana de Chibok cuando oyeron disparos. Eran las 23:00 horas del pasado 14 de abril. De pronto se encontraron cara a cara con hombres armados.

“Uno de ellos, con uniforme de camuflaje, nos preguntó dónde estaba el comedor. Nos sacaron del albergue, luego nos subieron a vehículos que estaban esperando y se dirigieron hacia la ciudad de Damboa”, contó Amina a Punch, el principal diario de Nigeria.

Precisó Thabita: “Llegaron a nuestra escuela y nos engañaron haciéndonos creer que eran soldados. Vestían uniformes militares y nos dijeron que venían para rescatarnos”.

Amina y Thabita entendieron que habían caído en manos de un comando de Boko Haram cuando los falsos soldados empezaron a disparar por doquier e incendiaron la escuela. Se aterraron.

El camión en el que se hallaban junto con decenas de otras chicas y grandes cantidades de comida robada de la escuela, paró bruscamente por un desperfecto mecánico. Amina y Thabita no lo pensaron dos veces: aprovecharon la oscuridad para saltar del vehículo y correr. Unos campesinos las ayudaron a regresar a sus casas.

“Escapé, pero no logro alegrarme porque pienso en todas mis amigas y compañeras que todavía están presas de los insurgentes. No sé lo que están viviendo”, concluyó Amina.

De las 276 adolescentes secuestradas la noche del 14 al 15 de abril en Chibok, en el estado de Borno, se calcula que 53 lograron huir. Unas –como Amina y Thabita– escaparon del convoy; otras se fugaron de la selva de Sambisa, donde sus captores las forzaron a acampar.

El pasado 5 de mayo Abubakar Shekau, líder de Boko Haram, reivindicó el secuestro masivo en un video difundido en YouTube. Con una verborrea incoherente anunció su intención de vender a sus rehenes y eventualmente “usar” a algunas como “esclavas o esposas de combatientes”.

Una semana más tarde, el 12 de mayo, Shekau apareció en otro video. Esa vez advirtió que había convertido al Islam a parte de sus presas cristianas y propuso negociar la libertad de las que no había logrado convertir, a cambio de la liberación de centenares de “sus hermanos” encarcelados por el régimen del presidente Goodluck Jonathan, quien rechazó la propuesta.

El 27 de mayo el mariscal Alex Badeh, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas nigerianas, aseguró que el paradero de las jóvenes había sido ubicado, sin especificar dónde. Enfatizó que la operación en curso para rescatarlas era un secreto militar y no dio más datos.

El mismo día Mustafa Zanna, abogado de la familia de Mohamed Yusuf, fundador de Boko Haram asesinado en 2009 por la policía, confirmó que Olusegun Obasanjo, expresidente de Nigeria, había iniciado contactos con intermediarios de la secta para liberar a las jóvenes estudiantes.

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, envió a Said Djinnit, su representante especial para África Occidental, a Abuya, capital de Nigeria, para analizar la situación con Jonathan. Expertos estadunidenses –militares y del FBI– y británicos ya empezaron a asesorar a la inteligencia nigeriana, la cual anunció además la intervención de los servicios especiales israelíes. China, cada vez con más presencia en esa parte de África y cuyos ciudadanos suelen ser objeto de ataques terroristas, también ofreció su ayuda.

Por su parte el mandatario francés Francois Hollande reunió en París el pasado 17 de mayo a los presidentes de Nigeria, Chad, Camerún, Níger y Benín para agilizar la coordinación antiterrorista entre estos jefes de Estado, cuyas relaciones suelen ser ásperas.

Violencia “de género”

Organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional –las cuales llevan años denunciando la espiral de violencia que desgarra a Nigeria, desatada por Boko Haram y otros grupos terroristas pero también la de la policía y los militares, así como la violencia específica contra las mujeres– aplauden esa repentina toma de conciencia internacional, pero parecen temer que sea efímera y limitada.

Mausi Segun, investigadora nigeriana de HRW, afirma: “A raíz del secuestro de más de 200 jóvenes por el grupo islamista Boko Haram, la situación de las menores de edad en el norte de Nigeria es actualmente objeto de una atención sin precedente. Los abusos perpetrados por ese grupo y por las fuerzas de seguridad de Nigeria son horrorosos y tienen que ser denunciados, pero no deben ocultar las violaciones diarias de la dignidad de las mujeres y de las jóvenes en los estados norteños de ese país”.

Insiste: “En esa región se obliga a la mayoría de las chicas a casarse en la pubertad. Deben embarazarse en su primer año de matrimonio y dar prueba de su temple pariendo solas, sin ayuda. Carecen de educación e información y están totalmente desamparadas (…)

“El secuestro en Chibok llama la atención no sólo porque se trata de un crimen atroz, sino también porque las jóvenes raptadas estaban terminando su último año de secundaria. Es una excepción en el norte de Nigeria. Sus padres decidieron romper con la tradición y tomar el riesgo de darles instrucción. Ese riesgo resultó extremo, a la luz de lo que ocurrió.”

Según teme que las familias ya no se atrevan a seguir desafiando a Boko Haram, que les prohíbe enviar a sus hijas a la escuela. De hecho en los últimos meses la secta salafista destruyo 882 salones de clase en Borno. Cinco planteles fueron cerradas en todo el norte del país y más de 10 mil alumnas tuvieron que cambiar de escuelas.

Un informe de HRW publicado el 29 de noviembre de 2013 denunció la multiplicación de secuestros y violaciones de mujeres por parte de Boko Haram en esa región norteña de Nigeria.

Entre otros casos menciona el rescate reciente de 26 mujeres y adolescentes detenidas en bastiones clandestinos de Boko Haram en Maiduguri y en la inhóspita selva de Sambisa. Algunas liberadas estaban embarazadas. Otras ya habían parido niños frutos de violaciones. La mayoría de ellas eran vendedoras ambulantes o trabajadoras del campo. Sus familias las obligaron a mudarse solas a Abuya o a Lagos para sustraerse y sustraerlas del estigma social “insostenible” de la mujer violada o de la madre soltera.

Testigos entrevistados por HRW describen numerosos casos de secuestros de mujeres y niñas en pleno día en ciudades, pueblos o puestos de control que Boko Haram multiplica en el norte nigeriano.

Cuenta un testigo: “En un puesto de control ordenaron a gritos a los hombres que se tiraran al suelo y a las mujeres que se pusieran a un lado (…) Algunos hombres de Boko Haram se acercaron al grupo de mujeres y empezaron a escoger a las que querían. Dejaron a las que tenían hijos y seleccionaron a las de menos de 20 años y por supuesto se llevaron a las más bonitas. Las subieron a sus vehículos amenazándolas con fusiles. Las mujeres lloraban y sólo alcanzaban a decir: ‘¡Dios mío!, ¡Dios mío!’. Los coches desaparecieron muy pronto”.

Otro testigo, que logró documentar varios casos de secuestros de adolescentes por comandos de Boko Haram, confía a HRW: “Irrumpen en las casas y tiran dinero a la cara de los padres diciéndoles que es la dote para su hija menor de edad y se llevan a la niña. Algunas chicas regresan a sus casas meses después, embarazadas o con bebés que nacieron durante su cautiverio”.

Un tercer testigo aseguró que su vecina fue asesinada de un disparo en la cabeza por haber rechazado la “dote” del terrorista, que de todos modos se fue con la muchacha elegida.

Uno de los comandantes de la Fuerza Conjunta Civil de Tareas (autodefensa cooptada por las autoridades) explicó a HRW: “Cuando nuestros operativos convirtieron a Maiduguri en una zona demasiado ‘caliente’ para Boko Haram, sus combatientes tuvieron que huir sin sus esposas. Desde entonces se roban a mujeres en todas partes para poder satisfacerse.

“Cuando invadimos campamentos de Boko Haram en el bosque de Sambisa, encontramos a muchachas escondidas y aterradas que nos contaron que habían sido secuestradas en la calle donde tenían puestitos de venta. Sus familias se mostraron demasiado avergonzadas y no quisieron acogerlas cuando las regresamos a sus casas. Nadie quiere casarse con una mujer violada o que ha tenido un hijo con esa gente tan mala.”

Advierte Mausi Segun: “Si las alumnas del colegio de Chibok tienen la suerte de regresar a sus hogares, todos celebraremos esa victoria, pero su lucha no habrá terminado. Algunas pueden regresar embarazadas por haber sido violadas durante ‘matrimonios’ forzados. ¿Qué pasará cuando la comunidad internacional deje de interesarse en ellas?”.