El calvario cristiano en Gaza

En Gaza las desgracias no entienden de religión: más de un millón y medio de palestinos que viven en esta paupérrima región sufren por igual el aislamiento y el bloqueo impuestos por Israel, la violencia y la falta de perspectivas. Pero en una sociedad donde más de 99% de la población es musulmana, la comunidad cristiana –mil 300 personas– es víctima de una discriminación adicional que se ha traducido en una emigración masiva en los últimos años. En este contexto la visita del Papa Francisco significa, pese a todo, una inyección de esperanza para ellos.

GAZA, PALESTINA.- Cinco de la tarde de un viernes de mayo en esta ciudad. En una capilla que no se adivina desde la calle, unas 30 personas celebran misa frente a un sencillo Cristo de madera.

Tras la misa se sirve café y los feligreses rodean al párroco argentino Jorge Hernández. Incluso quien no habla árabe entiende una palabra que se repite en la animada conversación: “Al baba”, el Papa.

La visita de Francisco a Belén y Jerusalén el domingo 25 y el lunes 26 tiene en vilo a los católicos de Gaza –región aislada por tierra, aire y mar– porque podría ser la ocasión de obtener el ansiado permiso de Israel para ver de cerca al Papa y olvidar unos días el encierro y las preocupaciones.­

“Estamos barajando la cifra de 350 permisos para Gaza. No creo que Israel los niegue porque es una ocasión muy importante, y espero que las ilusiones de tanta gente no se rompan. La visita del Papa representa para esta comunidad una gran esperanza, la ocasión de que pueda decir una palabra o tenga un gesto que ponga de relieve la presencia de los cristianos de Gaza”, explica a Proceso el sacerdote Hernández, párroco de Gaza desde hace cinco años.

De los mil 300 cristianos que viven en la Franja de Gaza, una minoría es católica. “Exactamente 132. Hasta ayer éramos 131, pero tuvimos un nacimiento”, celebra el sacerdote. La lista con alrededor de 350 nombres que se ha transmitido a las autoridades israelíes con motivo de la visita del Papa incluye también a fieles del rito griego-ortodoxo.

En Gaza, palestinos cristianos y musulmanes sufren por igual el asedio, la falta de libertad, el miedo y la muerte. Sus habitantes se dicen presos en una gran cárcel a cielo abierto de la que sólo se puede salir gracias a la autorización que Israel concede en contadas ocasiones desde 2007, cuando Hamas controló la franja.

George Antón salió de Gaza por última vez en 2012 y espera obtener el visto bueno israelí para asistir junto con su esposa y dos hijas a la misa que el Papa celebrará el domingo 25 en Belén. “No pido permisos porque ya conozco la respuesta. Tengo 33 años e Israel no autoriza la salida de menores de 35. Pero ahora sí quiero ir a ver al Papa y confío en que los israelíes entiendan qué significa para nosotros. Para mí estar en la misa de Belén será decir: ‘Estamos aquí, existimos’. Y si no logro salir, mandaré al santo padre una carta para que venga a Gaza”, bromea.

Antón, profesor en una de las escuelas católicas de la Franja de Gaza, nació en una familia de refugiados palestinos en Líbano y volvió a Gaza en 1994, en pleno proceso de paz, con la esperanza de participar en la construcción de un país. Veinte años después es prácticamente el único de su familia que sigue viviendo aquí.

“Ésta es mi casa y siento que es aquí donde debo estar. Soy parte del cuerpo de los cristianos de Gaza y sirvo a Jesús en mi tierra. Él me ha llamado a estar en Palestina. No puedo decir que soy feliz porque no puedo vivir como en Europa, pero pongo mi granito de arena para que un día mi país pueda vivir con la libertad e independencia que hay en Europa”, explica.

A la ya de por sí difícil existencia en Gaza se añade, en el caso de los cristianos, una discriminación creciente por parte de una sociedad cada día más islamizada y radical debido a la influencia de Hamas.

El movimiento islamista ganó las elecciones legislativas en 2006 y tomó las riendas de Gaza un año después. Desde entonces el cerco de Israel sobre esta estrecha franja se intensificó y la sensación que se respira en las calles es de asfixia. En 2013 la salida por tierra hacia Egipto, en el sur, controlada por El Cairo, también se cerró tras el derrocamiento del gobierno de los Hermanos Musulmanes, lo cual aumentó el aislamiento.

“El camino que ha tomado Hamas es implementar la sharia (ley islámica), y por ejemplo es muy fácil en este momento acusar a un cristiano de blasfemia y juzgarlo. En estos casos tenemos que intervenir inmediatamente y por eso una parte importante de nuestro apostolado es la relación con las autoridades, en este caso con Hamas. Nosotros no hacemos política, pero debemos tener un diálogo con todos si queremos seguir trabajando”, explica Hernández.

Él, un sacerdote brasileño y 11 monjas componen la comunidad religiosa católica en Gaza. Mantener una enseñanza de calidad en las tres escuelas católicas de la franja, acompañar y “compartir la cruz” con los fieles en medio de la falta de libertad y las penurias económicas, estar a la escucha de las autoridades islamistas y de Israel sin tomar partido en el conflicto pero sin perder la firmeza para denunciar alto y claro las injusticias, son parte de su delicada misión.

En Gaza convive un caleidoscopio de grupos salafistas, yihadistas sirios y milicias armadas vinculadas con Hamas o Al-Fatah, movimiento del presidente palestino Mahmud Abás. Esta explosiva mezcla genera una violencia interna latente que perjudica a los cristianos.

En los últimos años ciertas interpretaciones del Corán han generado un desprecio hacia el que se considera “hereje” y la Iglesia ha sido objeto de amenazas.

“Un automóvil que aparece con la inscripción ‘Mahoma es el profeta de Dios’, sermones en las mezquitas con alusiones hacia los cristianos… Ése es el ambiente que se respira en Gaza. Por ejemplo, en diciembre de 2012 un grupo salafista publicó en varios lugares, entre ellos la puerta de la iglesia, un panfleto en el que decía, basándose en frases del Corán, que estaba prohibido saludar a los cristianos. Uno habla con las autoridades y se intentan calmar las cosas. Pero esto es un polvorín y en cualquier momento vuelve todo a estallar”, subraya Hernández.

Bajo acoso

Los cristianos, que ocuparon en el pasado puestos importantes en el gobierno, universidades y organismos del Estado, también han desaparecido de la vida pública de Gaza y en el mejor de los casos trabajan en entidades como Cáritas, el hospital anglicano o alguna ONG.

Los apellidos, la apariencia física o las costumbres los “delatan” fácilmente. A diferencia de las grandes familias cristianas de Cisjordania, a menudo influyentes, sin dificultades financieras y bien integradas en la sociedad, en Gaza los integrantes de la comunidad son gente humilde que sueña con salir de vez en cuando de la franja y visitar Jerusalén.

La situación es especialmente complicada para las mujeres cristianas. Desde hace algunos años la apariencia femenina en Gaza se ha uniformado y la inmensa mayoría de las musulmanas usa velo para cubrir el cabello y una túnica cerrada hasta los pies.

“Los niños cuando me ven caminar con la cabeza descubierta hacen una cruz con los dedos y escupen en ella. A veces me da miedo salir de casa, ir a la compra o caminar sola. Vivo encerrada: me despierto, me ocupo de la casa, me acuesto y me vuelvo a levantar. Y así pasan los días”, explica Esther Najjer, de 60 años.

Sus dos hijas de 20 y 24 años salen poco a la calle y, cuando deben desplazarse, un taxi llega hasta la puerta de la casa o usan un velo para cubrirse con el fin de sentirse más protegidas.

Cuando la vida gira en torno a una comunidad tan pequeña, las limitaciones se multiplican, y por ejemplo casarse y formar una familia se convirtió en un verdadero problema para los jóvenes cristianos de Gaza.

Salma Shuelim, de 30 años, es novia desde hace un año de un joven de Belén, católico como ella, a quien jamás ha visto en persona. Se conocieron gracias a las redes sociales y conversan todos los días vía Skype. “Él no puede entrar a Gaza y yo no puedo salir. Si consigo un permiso israelí con motivo de la visita del Papa, podremos conocernos y vernos al menos una vez. Tal vez con el tiempo pueda marcharme y encontrar un trabajo en Cisjordania. Si Dios quiere”, suspira.

En total la Iglesia católica distribuirá 10 mil pases para que cristianos de Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza acudan a la misa que el Papa celebrará en Belén.

En el caso de Gaza, fuentes del Patriarcado latino de Jerusalén afirman a Proceso que temen que los permisos israelíes lleguen muy tarde, “incluso la víspera a medianoche”, o sólo se concedan a algún miembro de la familia y no al grupo completo, lo cual dificultará el desplazamiento hasta Belén.

Pero el Papa, quien tras la misa de Belén no comerá con las autoridades, sino que compartirá un sencillo almuerzo con familias palestinas, desea que los católicos de Gaza acudan a esta cita y seguramente una familia de la franja estará invitada a la mesa de Bergoglio.

“Los cristianos de Gaza se ven reconfortados con la visita del Papa, especialmente de este Papa, que desde que empezó su pontificado sufre con el pueblo de Medio Oriente. Ojalá esta peregrinación de Francisco cambie algo, al menos en la conciencia de la gente, porque sabemos que políticamente será difícil mudar las cosas”, reza en voz alta la monja brasileña María Laudis Gloriae, recién llegada a Gaza.

Esperanza

Actualmente el desempleo en la franja supera 40% de la población económicamente activa y 800 mil personas –la mitad de la población– comen gracias a la ayuda humanitaria. El sector privado es prácticamente inexistente, el suministro eléctrico se corta ocho horas al día y el combustible escasea.

Esta falta de perspectivas ha hecho que el número de cristianos en Gaza disminuya vertiginosamente. Hernández recuerda que en 2009 la comunidad estaba compuesta por 3 mil cristianos y hoy apenas son mil 300. Según datos de la Iglesia católica, en 1948, año de la creación del Estado de Israel, 10% de la población de Palestina era cristiana, frente al 2% actual.

El miedo a una nueva ola de violencia es también una pesadilla constante entre los habitantes de Gaza. Hamas no reconoce la existencia del Estado de Israel y su brazo armado perpetró en el pasado sangrientos atentados. La respuesta israelí ha sido con ataques contra intereses del movimiento islamista que han provocado numerosas víctimas entre la población civil. En la última gran ofensiva israelí contra Gaza, a finales de 2012, más de 160 palestinos perecieron bajo las bombas.

“Esta gente es muy fuerte y está dispuesta a morir por su fe”, asegura Laudis Gloriae. “Yo vengo de Brasil, que es un país muy católico, pero allá nadie muere por su fe. Los cristianos de aquí son realmente un pueblo de mártires y yo los admiro”, agrega.

“Los cristianos de Gaza me han transmitido la fortaleza de la fe y de la esperanza. Ante las tremendas injusticias y problemas, no olvidan a Dios y perseveran. Creo que nuestro mejor testimonio es permanecer acá, sobre todo en los momentos duros, como en los bombardeos, cuando la gente nos pide que no nos vayamos, que no los dejemos solos”, dice finalmente Hernández.