Protagonista relevante de los cambios artísticos que se produjeron en la década de los sesenta, Francisco Icaza murió el pasado sábado 3 de mayo en la Ciudad de México. Dibujante, pintor y activista comprometido con ideas políticas y estéticas de izquierda, Icaza fue un artista que se caracterizó por el cambio, el compromiso político-cultural y la auto-reinvención. Integrada por 32 piezas del joven artista Carlos Bernal Mata (Siquem), la muestra es interesante no sólo por la exploración de nuevas posibilidades para la escultura en cerámica, sino también por la manifestación de una temática que está cada vez más presente en la obra de los artistas emergentes: la referencia a distintos aspectos relacionados con la espiritualidad.
Creador en los años cincuenta de un lenguaje expresionista de poéticas nórdicas, repleto de color y dolor irónico a la manera del pintor belga James Ensor –mural La Farándula en lo que fue el auditorio del Hotel Casino de la Selva en Cuernavaca–, en los sesenta como promotor de la propuesta neohumanista de los Interioristas restringió su paleta al blanco y negro para manifestar, a través de la potencia de la línea, las emociones más íntimas y esenciales de la condición humana.
Configurados como máscaras, sus dramáticos rostros se convirtieron, en los ochenta, en narrativas dibujísticas de personajes delicados, casi inexistentes, que se insertan en paisajes fantásticos de sutiles y mágicos cromatismos. Al final de los noventa sus composiciones y narrativas se transmutaron en poéticos lenguajes abstractos de notoria textura y formas recortadas repletas de movimiento, luz y referencias gráficas. En su creación más reciente, la libertad como uno de sus principales valores, se manifestaba en la diversión de trabajar paralelamente abstracciones de campos cromáticos e ilustraciones cercanas a sus narrativas pictóricas.
El maestro Paco Icaza tiene un importante lugar en la historia del arte mexicano del siglo XX, no sólo por su obra sino, también, por su actitud y militancia artística. En una actitud de rechazo tanto a la ideología de los formalismos del expresionismo estadunidense como a los lenguajes pop, en 1961, en compañía de Arnold Belkin, fundó el movimiento Interiorista y publicó su órgano de difusión, el periódico-cartel Nueva Presencia. El hombre en el arte de nuestro tiempo. Inspirado en las ideas del poeta y crítico de Estados Unidos Selden Rodman, los interioristas exploraban la creación de un arte que vinculara la expresividad del artista, la emotividad de la condición humana representada y la comunicación con el espectador.
Descontento y crítico ante la gestión gubernamental del arte de los sesenta, Icaza se enfrentó al poder cultural nacional e internacional; este último de gran relevancia debido a las políticas latinoamericanistas de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Participante en los principales eventos de confrontación de esos años, Icaza propuso la creación de una Unión Nacional de Artistas Plásticos para redefinir la lucha artística, se manifestó plásticamente en apoyo a los estudiantes durante el Movimiento de 1968, y fue pieza angular en la creación del Salón Independiente, el cual se creó como rechazo a la oficialista Exposición Solar de la Olimpiada Cultural de México 68.
Nieto e hijo de diplomáticos, Icaza nació en la Embajada de México en El Salvador en 1930. Con una formación pictórica obtenida en Bruselas y vinculado tanto por estudios como por pasiones con el teatro y la literatura, tuvo una afectiva presencia pública el pasado jueves 27 de febrero en una mesa redonda organizada en el Museo Casa del Risco en el contexto de la exposición Ruptura-Apertura (Proceso,1938). Interesado tanto en narrar experiencias como en expresar algunas quejas sobre la actual gestión gubernamental del arte, Icaza sorprendió con una nueva confrontación: la vital lucidez de su pensamiento resguardada en un cuerpo que ya no podía sostenerlo.








