El más verde parque de Berlín

El berlinés parque Gorlitzer es, además de un céntrico lugar de esparcimiento y paseo, como corresponde, un punto de venta de drogas al cual acuden a surtirse ciudadanos de prácticamente toda Europa. Las autoridades lo saben y lo toleran. Aún más, ahora el Partido Verde (que gobierna esa zona) ha propuesto la legalización de la venta y el consumo de uno de los estupefacientes que ahí se comercian: la mariguana. La propuesta, polémica, ya pasó un primer filtro legislativo y ahora será analizada por el Ministerio de Salud. Los verdes le quieren hacer honor a su nombre…

BERLÍN.- Tras un invierno frío y oscuro muchos berlineses aprovechan el sol de primavera para acudir al parque Gorlitzer.

En un fin de semana cualquiera es común ver este parque, en el corazón del multicultural barrio de Kreuzberg, lleno de mujeres que llevan a sus bebés en carriolas, jóvenes haciendo jogging,­ adolescentes en patinetas, turistas, ciclistas, familias o ancianos paseando a sus mascotas.­

Pero éste no es como cualquier otro parque.

Quien vive en Berlín, y sobre todo los cientos de personas que habitan cerca de él, sabe que en el Gorli –como lo llaman coloquialmente– conviven dos mundos. Al margen de la tranquila actividad de un típico parque se desarrolla el que quizá sea el mayor comercio de droga en toda la capital alemana: hasta 200 dealers –la mayoría inmigrantes africanos– copan las 10 entradas al recinto y ofrecen su mercancía de manera muy poco discreta.

Los berlineses y algunos turistas europeos que se informan en foros en internet y guías de turismo alternativo lo saben: en el parque Gorlitzer de Berlín a plena luz y cualquier día de la semana se consigue mariguana o cocaína, u otras drogas sintéticas.

Las cifras oficiales revelan que la cannabis es la sustancia ilegal que más se consume en Alemania. Según el último informe anual sobre consumo de estupefacientes del Observatorio Alemán de Adicción a las Drogas, cuando menos 6.7% de los niños y adolescentes de entre 12 y 17 años en este país han consumido la droga al menos una vez, como 39% de los jóvenes entre 18 y 25 años.

“En Alemania hay además 600 mil personas que consumen en exceso o presentan dependencia hacia la cannabis. También en toda Europa el número de adolescentes y jóvenes con esos hábitos ha aumentado. Las instituciones de apoyo a estos grupos de edad informan cada vez más sobre patrones de consumo más riesgosos y de la mezcla de éste con otras drogas. Asimismo el número de personas que debido a los trastornos producidos por ingerir cannabis solicitan apoyo aumenta a pesar de que el promedio de consumo ha decrecido”, señala el documento.

 

Expendios

 

Ante esa realidad el Partido Verde, que gobierna el distrito berlinés de Friedrichshain-Kreuzberg, ha planteado una propuesta por demás polémica: la instalación de cuando menos cuatro expendios (los llama coffeshops) en el barrio y la correspondiente despenalización de la siembra, venta y consumo de mariguana.

No se trata de una ocurrencia. El pasado 28 de noviembre la asamblea de diputados del distrito de Friedrichshain-Kreuzberg aprobó por mayoría el proyecto del Verde, el cual será presentado formalmente ante el Ministerio de Salud para su aprobación o rechazo.

El proyecto plantea expendios de venta legal con personal altamente calificado, restringido a mayores de edad y con un consumo controlado de máximo 10 gramos por persona. Además propone que la yerba comercializada en esos establecimientos sea de la mejor calidad, resultado de un cultivo legal que incluso podrían realizar agricultores locales en la región de Brandeburgo.

“De lo que se trata es de reducir al mínimo las consecuencias negativas que trae consigo el consumo dentro del mercado negro, el que de momento tiene el control absoluto del comercio de drogas”, explica en entrevista con Proceso Jonas Schemmel, vocero de los verdes en el barrio y quien presentó ante el parlamento distrital el proyecto.

Los problemas a los que se refiere el político verde tienen que ver, por un lado, con el hecho de que “los consumidores no tienen idea de lo que en realidad están comprando ni qué calidad tiene esa mercancía, y por el otro, de que tampoco cuentan con ningún tipo de información sobre las consecuencia que trae a su salud el consumo de esa droga”.

–¿El proyecto de coffeeshops en Kreuzberg sigue el modelo de Ámsterdam?

–Sí y no. La característica común es que uno podría adquirir cannabis sin que ello represente un delito. Pero nuestro proyecto tiene dos grandes diferencias respecto al de Ámsterdam. La primera es que nosotros buscamos una auténtica despenalización, porque en Ámsterdam lo que existe es una especie de acuerdo entre autoridades, policía y políticos en el que la venta y consumo es tolerado.

“La segunda gran diferencia es que no buscamos sólo legalizar un negocio sino que mediante investigación científica se pretende asesorar a la gente sobre los pros y contra de su consumo.”

La iniciativa también evalúa que, como en el modelo de Uruguay, sea el gobierno el encargado de la comercialización de la mariguana, al menos en su inicio.

“Esa es la gran pregunta que en este momento tenemos. Personalmente creo que lo más adecuado es que el Estado asuma el control del cultivo y venta, pero para nuestro proyecto necesitamos estudiar con mucha calma el marco jurídico”, explica.

 

“Dealers”

 

Una barda delimita el perímetro del Gorlitzer Park. Tiene 10 entradas. Basta adentrarse unos 10 metros para ser abordado por uno de los hombres con aspecto árabe que se desprende de un grupo que se ubica siempre a la entrada: “¿Buscas algo?”, pregunta. Ellos ofrecen hachís.

Más adelante el visitante encuentra a jóvenes africanos que –agrupados casi siempre en corrillos de no más de cinco– ofrecen mariguana.

Un corredor de concreto que parte en dos al parque a lo largo de su kilómetro de longitud funciona como una pasarela. Ahí, sentados en bancas, fumando, o de pie agrupados como si fueran un comité de bienvenida en cada una de las entradas al parque, los dealers pasan día y noche prestos a surtir la demanda, que no es poca.

La transacción es rápida, fácil y no se esconde: el cliente habitual llega directamente con su proveedor, paga y a cambio recibe una pequeña bolsa transparente con cuatro, cinco o 10 gramos de mariguana. El costo aproximado es de 25 euros (unos 440 pesos) por cuatro gramos. Tras una charla informal y hasta protocolaria, antes o después de la entrega de la mercancía, hay una despedida que incluso en algunos casos parece de amigos.

Los clientes nuevos, que pueden ser turistas o quien compra por primera vez, son más cautelosos. Discretamente se acercan, preguntan, negocian, compran y se alejan de prisa.

Jana es una joven madre originaria de Islandia que apenas hace un año se mudó a Kreuzberg. Hasta el Gorlitzer llega con frecuencia junto con su bebé de 10 meses en busca del sol y espacios verdes. Como muchas de las madres que visitan el parque, Jana se instala en la Plaza de los Piratas, un pequeño y delimitado espacio destinado sólo a niños, en cuyo centro se erige un gran barco de madera que sirve de diversión y entretenimiento para los niños más grandes.

En esta Plaza de los Piratas el pasado 5 de marzo una niña de una de las tantas guarderías del barrio que con frecuencia pasean en el parque fue protagonista de un hallazgo que, sin exagerar, le pudo costar la vida: escondidas entre la maleza descubrió, cual tesoro de piratas, cuatro coloridas bolas que bajo su visión parecían dulces. Se trataba de cuatro bolas repletas de cocaína. Una de sus maestras se las quitó cuando la menor se aprestaba a jugar con ellas.

Tras una incursión policiaca en el parque se encontraron escondidas y enterradas 89 bolsitas con mariguana y dos bolsas más con cocaína, además de seis depósitos pequeños con sustancia que la policía presume es cristal.

El límite se rebasó, declaró entonces Monika Herrmann, alcaldesa del distrito berlinés y promotora y defensora del proyecto de coffeshops. La política del Verde se refería al acuerdo informal mediante el cual los liberales vecinos de Kreuzberg toleran la venta de mariguana y la presencia de los vendedores en el parque a cambio de que éstos junto con su mercancía se mantengan alejados de los espacios destinados al recreo de los niños.

–¿No te da miedo venir al parque con tu bebé, luego del hallazgo de las bolas de cocaína?

–De momento no me preocupa mucho porque todavía él es muy pequeño y yo lo puedo vigilar en todo momento. Pero sí, es un problema complejo –dice Jana.

Si bien hasta la Plaza de los Piratas ninguno de los vendedores se acerca, el aire trae hasta este sitio, de rato en rato, el característico olor de la mariguana.

 

Interés público

 

Orgulloso de ser históricamente un barrio abierto, tolerante y siempre combativo frente a los conservadores cánones sociales, el tema de la legalización de la mariguana, así como el comercio de drogas, en el Gorli desata el debate en Kreuzberg: por un lado se ubican quienes ven con buenos ojos el proyecto, el cual, de aprobarse, sentaría un precedente en el país; y por otro los que lo rechazan, pues temen que una posible legalización genere una llegada masiva de turistas de todo el mundo.

La siembra, comercio y posesión de mariguana están prohibidos en Alemania. Pero su posesión en pequeñas cantidades puede no considerarse delito. La cantidad varía en cada estado: en Bavaria, por ejemplo, está permitido portar hasta seis gramos; en Westfalia del Norte hasta 10 gramos y en Berlín hasta 15.

El proyecto de legalización impulsado por los verdes se apoya, sin embargo, en un párrafo de la Ley Federal sobre Estupefacientes que dice que una “posible autorización para la venta de drogas es posible únicamente por excepción para fines científicos u otros de interés público”.

“Nuestro argumento fundamental es que esta legalización se tiene que dar por un interés público. Para demostrarlo estamos trabajando en la elaboración de motivos excepcionales que tendrán argumentos sólidos. Para ello nos apoya un grupo de especialistas y como queremos que sea un proyecto irrebatible, estamos tomando el tiempo necesario para su afinación. Por esa razón no lo presentaremos ante la autoridad federal hasta septiembre”, explica Schemmel.

–¿Hay posibilidad de que se autoricen las coffeeshops en Berlín?

–Definitivamente sí y por eso estamos elaborando la propuesta con todo cuidado. Sabemos que tenemos enemigos poderosos que harán todo por detenernos y sabemos que es un camino largo el que nos espera, pero no podemos quedarnos sentados esperando a que nada suceda. Hasta en el caso de una respuesta negativa, ya evaluamos incluso una apelación.