Una carriola rodando por las escalinatas del muelle de Odesa, una de las más famosas escenas del cine mundial, obra de Serguei Eisenstein, es una imagen adecuada para representar un país que se despeña hacia la guerra civil, entre las llamas, el humo y los cuerpos quemados de la tragedia del viernes 2 en este puerto del mar Negro.
Más de 40 personas murieron en el incendio de la Casa de los Sindicatos, en esa ciudad, la mayoría de ellos, manifestantes “antimaidan”, como se definen los ucranianos de origen ruso que se oponen al gobierno de Kiev.
Ese viernes trágico fue cargándose de tensión desde temprano: los antimaidan, quienes acampaban en Kulikovo y los fanáticos de futbol que marchaban en pro de la unidad de Ucrania iban a encontrarse trágicamente horas después.
La versión de Kiev es que los patriotas ucranianos con sus banderas amarillas y celestes enfrentaron la agresión de los separatistas rusos con sus cintas de San Jorge. Según los antimaidan, en la manifestación grupos del Sector de Derecha armados llegaron hasta el campo Kulikovo, frente a la Casa de los Sindicatos y prendieron fuego a las carpas.
Los antimaidan buscaron refugio en la Casa de los Sindicatos, que se incendió por los cocteles molotov lanzados desde afuera; el fuego se propagó por la planta baja del inmueble y llegó los primeros pisos. Cerca de 40 personas murieron quemadas o asfixiadas.
Los videos que circulan en YouTube muestran la secuencia del terror desde la llegada de los manifestantes al campo Kulikovo. Se ve a la policía indiferente. Alguien abre una puerta trasera del edificio por donde entran los “pro Maidan”, armados con palos y bates, al edificio que ya se está incendiando. En el video se escuchan los gritos, se ve cómo se apagan las luces, crecen las llamas y estallan los ventanales.
Poco después los mismos personajes salen fatigados, con los bates ensangrentados, mientras quienes están afuera golpean a los que logran escapar del infierno al tiempo que impiden la llegada de los bomberos.
“En el tercer piso yo mojaba las cortinas, pero cortaron el agua. No se veía nada, entramos a una oficina donde todavía se podía respirar, pero ingresaron esas personas, rompieron las barricadas y le pegaron a la gente en el suelo. Les pedía que pararan, pero seguían pegándoles”, relataba una mujer después de los hechos, según un video visto en YouTube.
En otro video, que se puede ver en el sitio timer.od.ua, un miembro del Sector de Derecha con un pañuelo cubriéndole la cara llama a “quemar el edificio con todos adentro”.
La policía se hizo a un lado y dejó que los enfrentamientos sucedieran sin frenar a los bandos en pugna. “Les pedimos que intervinieran, que estaban matando ahí adentro, pero nos decían que no tenían órdenes”, relató una sobreviviente.
La guerra de las calles
Por la noche, Fatima Popura y su esposo Vadim, quienes miraban en televisión las imágenes de violencia, decidieron salir a ver qué había pasado, cuando encontraron una hilera de cuerpos en la calle. Al acercarse reconocieron a su hijo Vadim, de 17 años, militante de la Juventud Comunista, entre los muertos. “¡Es la guerra civil, es la guerra civil!”, lloraba la madre.
Al día siguiente rosas, tulipanes y claveles aparecieron sobre los escombros ennegrecidos mientras sacerdotes ortodoxos oraban. El domingo 4, una marcha de jóvenes, mujeres y familiares de las víctimas asaltó la comisaría local y liberó a cerca de 100 detenidos el día anterior, muchos de ellos con las cintas anaranjadas y negras de San Jorge, la insignia que ya caracteriza a los manifestantes prorrusos en el conflicto ucraniano. La policía no ofreció resistencia.
Por la tarde, una marcha de sentido contrario, enojada por la liberación de los presos y acompañada por un contingente armado del Sector de Derecha, marchó hasta el edificio incendiado para izar la bandera ucraniana.
El lunes 5 tuvieron lugar los funerales de las víctimas, entre ellos, el del concejal Viacheslav Markin, de 44 años, quien se refugió en el edificio y murió tres días después en el hospital.
El miércoles 7, en la página web de Sector de Derecha apareció un artículo firmado por Eugenio Trofimov, en el cual reivindica la tragedia de Odesa: “El 2 de mayo es una página brillante de nuestra historia”, porque “liquidamos a los asalariados de Putin y a los degenerados de Odesa. Borrachos, drogadictos, lúmpenes, activistas rusos a sueldo y provocadores que vergonzosamente huyeron de la furia de los ucranianos que decidieron poner orden en su tierra”.
Según Trofimov “el movimiento separatista en Odesa desapareció como factor. Todo esto gracias al sentimiento patriótico y social ucraniano”.
La situación no era mejor en el oriente del país. El jueves 8, mientras el presidente francés Francois Hollande advertía del riesgo de “caos y guerra civil” y el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier decía que “no estamos lejos de una confrontación militar”, el gobierno ucraniano intentaba retomar el control de distintas localidades, en lo que ha denominado “Operación Antiterrorista”, en enfrentamientos armados que han dejado varios muertos.
“La vida se ha detenido”, decía uno de los pobladores de Slaviansk, en Donetsk, mientras iba a comprar provisiones en almacenes que se vacían, al tiempo que negocios y fábricas dejan de trabajar.
El referéndum marcado para este domingo 11 en Donetsk y Lugansk para decidir la independencia de la región agregará más leña a la hoguera del odio que parte en dos a Ucrania.
El excandidato presidencial Oleg Tsarev declaró al canal de televisión 112 de Ucrania: “Creamos un consejo popular que decidió la pregunta del referéndum en idioma ruso y ucraniano: ¿Apoya usted la independencia de la región de Lugansk y Donetsk? Si la gente apoya, tenemos dos formaciones soberanas, las repúblicas de Donetsk y de Lugansk, que después se dirigirán a todas las regiones del suroriente y a toda Ucrania. Si sólo la apoya el suroriente, será una nueva república, la nueva Rusia; y si la apoya toda Ucrania, será una nueva Ucrania federal”.
Los hechos de Odesa no hicieron más que inflamar los ánimos separatistas. Ludmila Gordieyeva, periodista de Donetsk, dice a Proceso, vía Skype: “Ésta es una historia muy larga de desilusiones. Lo de Odesa ha enardecido a la gente. Si antes había un sentimiento de patriotismo, contra lo que aquí se ve como fascistas, ahora, después de lo de Odesa, esto se refuerza. Ahora en las manifestaciones de las distintas ciudades los carteles dicen: ‘Odesa, no te olvidamos’”.
En Odesa el gobierno canceló todas las celebraciones públicas del 9 de mayo, Día de la Victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial y las universidades cerraron hasta el lunes 12. El presidente en ejercicio de Ucrania, Oleksandr Turchinov, destituyó al gobernador de la región por la inacción policial y el gobierno de Odesa llamó a la formación de batallones especiales.
Mijail Zhvanetski, un conocido escritor de Odesa, escribió: “La vieja Odesa solo queda en nuestros corazones. Odesa, ciudad soleada, que le dio a los dos países poetas, violinistas, profesores, escritores y que alegró al mundo entero con su festival del humor”. Hoy, “el humor se ha ido y el odio ha llegado. Hasta siempre, ciudad pacífica (…) No es necesario ni siquiera decretar el duelo, porque desde la guerra no hubo día más triste en Odesa”.








