BOGOTÁ.- Tras la muerte de Gabriel García Márquez el jueves 17 en la Ciudad de México, académicos y críticos literarios hablan de la compleja relación que el Premio Nobel de Literatura 1982 tuvo con su país natal y escenario permanente de su obra.
Para el periodista y escritor Juan Gossaín, amigo cercano de García Márquez, el autor de Cien años de soledad –reconocido en el mundo como uno de los más grandes novelistas del siglo XX y considerado el colombiano más célebre de todos los tiempos–, no fue profeta en su tierra.
Según Gossaín, pese a que García Márquez suscita enorme admiración entre sus compatriotas, “el país en general no siente aprecio familiar por él, es una cosa muy curiosa.
“Creo que él resintió un poco esto y hubiera preferido ser más querido que admirado por los colombianos”, asegura a este semanario quien fue su recurrente entrevistador y con el cual solía reunirse en cada visita a Colombia.
Gossaín señala que Colombia “quiso poco” a García Márquez y aunque “hay orgullo de saber que un colombiano ganó el Nobel de Literatura, es una admiración provocada por algo que la gente no entiende bien, que es la literatura. A la gente le queda más fácil admirar a un futbolista o a un campeón de ciclismo o de boxeo. Por ellos sí sienten un afecto cotidiano, hogareño. Por Gabo no”.
Para el escritor y crítico literario Óscar Collazos, uno de los principales expertos colombianos en la obra de García Márquez, el país admira al Premio Nobel de Literatura “pero hay una minoría que no lo quiere y habla de él con mucha ruindad y mezquindad, y para esto basta ver la cantidad de comentarios negativos que han hecho varios lectores en estos días en los sitios de internet de los grandes medios del país”.
Gossaín, dice Collazos a este reportero, “tiene razón en que García Márquez no fue profeta en su tierra en un sentido estricto, pero tampoco se puede generalizar. Ahora que murió, lo van a querer un poco más.
“Es muy latinoamericano denostar a nuestras figuras, como ocurrió en México en algún momento con Octavio Paz, quien fue muy criticado por sus posturas políticas, pero cuando se cumplió el centenario de su nacimiento (el pasado 31 de marzo) se vio que las aguas se apaciguaron y que el reconocimiento a su obra es unánime”, señala el profesor de la Universidad Tecnológica de Bolívar en Cartagena.
El doctor en letras hispánicas y crítico literario Ariel Castillo Mier sostiene que las elites colombianas, caracterizadas por un arraigado clasismo conservador, “no perdonan que un tipo que vino absolutamente de la nada, como García Márquez, haya llegado tan lejos.
“Colombia ha sido un país de sucesivas e interminables derrotas en los campos político, deportivo y social y si alguien nos enseñó lo que es un triunfo fue justamente García Márquez. Creo que llegará el momento que las aguas recuperarán su cauce y el país podrá asumir con mayor objetividad la importancia de su obra y sus indiscutibles aportes a Colombia”, indica a este semanario.
“La gente del interior, de Bogotá, de Antioquia, no le perdona que haya llegado tan lejos siendo un hombre del Caribe con elementos culturales de esta región muy afianzados, como la música, el modo de vestir, el lenguaje, la tradición. Y desde luego la alta sociedad de todo el país no toleraba que fuera de izquierda y que apoyara a Castro. A esto se suma que más de la mitad de su vida no radicó en Colombia, sino en México”, señala Castillo Mier.
Pero frente a las voces que afirman que García Márquez fue admirado pero poco querido en su país, la ministra colombiana de Cultura, Mariana Garcés, dice a Proceso: “Discrepo profundamente de esa afirmación. Creo que en Colombia Gabriel García Márquez es admirado, querido y leído”.
Para corroborarlo, explica, está el homenaje que el gobierno le rindió el martes 22 en la catedral de Bogotá, donde se congregó la elite política del país, mientras que en la Plaza Bolívar, frente al templo católico, miles de colombianos siguieron la ceremonia por medio de dos pantallas gigantes.
Del vallenato al Twitter
En 1972 García Márquez obtuvo el Premio Rómulo Gallegos que otorga Venezuela y por el cual recibió 100 mil dólares. El escritor donó esa suma al izquierdista Movimiento al Socialismo (MAS), un partido político formado un año antes por exguerrilleros venezolanos.
En ese entonces el compositor Armando Zavaleta escribió un vallenato que criticaba con dureza al novelista por el supuesto olvido de su pueblo natal y su generosidad con la izquierda latinoamericana. La letra decía: “Al escritor García Márquez/hay que hacerle saber bien/que el pueblo donde uno nace/a ese se debe querer/y no hacer como hizo él,/que a su pueblo abandonó/y está dejando caer/la casa donde nació”.
El vallenato exaltaba, en contraste, la supuesta generosidad del campeón mundial de boxeo Antonio Cervantes Reyes, Kid Pambelé, quien hizo una gestión ante el entonces presidente colombiano Misael Pastrana para llevar luz eléctrica a su pueblo, San Basilio de Palenque.
El jueves 17, poco después de conocer la muerte de García Márquez, la representante (diputada) electa del Centro Democrático –partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez–, María Fernanda Cabal, publicó en su cuenta de Twitter una foto del escritor junto a Fidel Castro y la frase: “Pronto estaran (sic) juntos en el infierno”.
El mensaje, borrado horas después, generó una andanada de mensajes de indignación con la política ultraderechista y esposa del presidente de la Federación de Ganaderos, José Félix Lafaurie.
“Esto revela la cantidad de almas envenenadas que tiene nuestro país”, señala Collazos.
“Este país ha sido tan maltratado a través de la historia (más de 200 mil víctimas ha dejado el conflicto armado interno en los últimos 50 años), tan mal gobernado, que la gente de los estratos populares supone que cualquier persona que se destaque está obligada a hacer favores. Les parece que eso es lo natural y que García Márquez debió haber hecho una carretera en su pueblo”, considera Gossaín.
Collazos cree que el escritor fue “tremendamente tímido y eso lo llevó a mantener una cierta distancia con el país y por eso prefirió vivir en México, donde tenía más garantizada su privacidad. Esto generó una impresión muy falsa de él en Colombia, y ya sabemos que las impresiones falsas atraen más que las cosas positivas”.
El director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Jaime Abello, considera que García Márquez –promotor de esa institución con sede en Cartagena– es “muy querido en Colombia, nosotros no tenemos la menor duda de eso”.
Agrega: “Lo que ocurre es que, como en todas partes del mundo, hay sectores que discrepan y llevan la contraria”.
García Márquez, dice Abello a Proceso, “es querido y valorado totalmente en Colombia, por supuesto, y eso es lo que en tantos años de trabajo de la Fundación hemos apreciado. Sabemos y sentimos que es así”.








