Señor director:
En su artículo “En los museos, la prioridad es el dinero” (Proceso Jalisco 491), Jorge Covarrubias suelta demasiado pronto el tema anunciado —el uso cuestionable de los museos para la realización de eventos sociales o comerciales, con el pretexto de aumentar sus ingresos— para enfocarse en las quejas, igualmente cuestionables, de Fernando Andonaegui sobre sus problemas en aterrizar una exhibición.
La sugerencia que hace Andonaegui, de convocar un foro público sobre las vocaciones y las formas de dirigir y utilizar los museos tapatíos, me parece una llamada apropiada, pero no por la razón que aparentemente motiva Andonaegui a sugerirlo: es decir, su sentido un tanto inflado de importancia como artista por el simple hecho de haber obtenido una beca.
Pero sí hay temas que darían para una discusión pública, entre ellos: ¿Deberían limitarse los museos e instituciones culturales a legitimar y revalidar solo a los artistas previamente aprobados como becarios u obras ganadores de concursos? Los museos locales ¿acaso son solo espejos para difundir decisiones previamente tomadas por las jerarquías del centralismo cultural? ¿No tienen la obligación intelectual de realizar investigación independiente y desarrollar proyectos con una gama más amplia del arte local, nacional e internacional? ¿Por qué no son más proactivos en cuanto a visitar los talleres locales, en vez de esperar que los artistas o gestores acudan a ellos con proyectos ya listos para llenar sus calendarios? En cuanto a los nombramientos de las autoridades culturales, ¿no habrá que cambiar ya el tradicional reciclaje de personalidades sacadas de la socialité, incluyendo hijas encopetadas o nietas infradotadas de los arquitectos e ingenieros de nuestro “glorioso pasado”, esposas o amantes de los incondicionales de nuestros caudillos, u otros chalanes y chaneques que la pasan conviviendo entre los poderosos de la polaca?
Andonaegui buscaba aún más legitimidad para su proyecto cacofónico de “arte sonoro” (becado bajo el rubro de la “Producción de la Pintura [sic] Nacional”, nomenclatura por demás cuestionable), exponiéndolo en un espacio llamado “museo”, pero parece falso que hubiera tenido que devolver su beca al no conseguirlo: pues la página de “preguntas frecuentes” del Conaculta señala que habría sido igual en un espacio privado, que solo “la primera exhibición deberá ser forzosamente en algún espacio abierto al público en general donde no existan restricciones por costo elevado o entrada por previa cita.”
Atentamente
Dale Kaplan
Respuesta del reportero
Señor director:
Agradezco las observaciones del señor Kaplan, aunque no es a él a quien se alude, sino a una serie de irregularidades en el manejo de museos públicos que han expuesto críticos del arte. En lo que corresponde a los señalamientos hacia el becario Fernando Andonaegui, no es este reportero quien debe responderlos.
Atentamente
Jorge Covarrubias








