Pintura emergente en la Ciudad Anónima

De manera espontánea,  la zona de la Ciudad de México que se encuentra  entre la Colonia Santa María la Ribera y sus límites con la Colonia San Rafael, se está convirtiendo en un territorio de arte joven y emergente.

Ocupado no sólo por viviendas y talleres de creadores, sino también por el Museo Universitario del Chopo de la Universidad Nacional Autónoma de México, este espacio urbano atrae la atención por la presencia de ámbitos de artistas de diversa misión: desde los proyectos centrados en la promoción de creadores legitimados por instituciones gubernamentales o comerciales como Diagrama y Casa Maauad, hasta la utópica vocación de incidencia social del Centro de Operaciones Pictóricas (COP).

Fundado en enero de 2014 por el colectivo Los Hamsters (Proceso, 1940), el COP –ubicado en Laurel 41 esquina con Ricardo Flores Magón– presenta actualmente una sugerente exhibición de pintura que comprueba la relevancia que tiene esta disciplina en las preferencias artísticas y estéticas de los mexicanos. Realizadas por el artista de 22 años que se autodenomina  Foreman (Marcos Cruz), la muestra conformada por 18 piezas en su mayoría de mediano formato, sorprende por la solidez y potencia de la exploración creativa. Observador agudo de las imágenes que genera la cultura callejera,   Foreman ha desarrollado una propuesta que convierte en escenarios pictóricos los paisajes y referencias urbanas. Interesado en insinuar referencias emotivas más que en representar escenas concretas, el joven artista yuxtapone narrativas, paisajes, técnicas y recursos formales –signos y grafías– para evadir la literalidad de la impronta visual. Concentrado en las posibilidades seductoras del color en tanto materia, Foreman construye espacialidades a través de la aplicación de aerosoles, acrílicos, óleos e intervenciones dibujísticas que transitan entre pictoricidades convencionales, grafiteras y fosforecentes.

A diferencia de sus primeras pinturas en las que el actor principal era un patineto, en la serie que presenta en el COP bajo el título de Ciudad Anónima, el joven creador se concentra en personajes que remiten a los trabajadores del entorno urbano. Carentes de rostro y evidentes en su vestimenta y objetos contextuales, los actores se transmutan en signos al igual que las presencias gráficas y el paisaje se transfigura en manchas y atmósferas carentes de realidad. Ajenas tanto a la violencia de la urbe como a su romántica ficción, las imágenes se perciben como potentes cuerpos pictóricos que, en la fascinación icónica y matérica de su superficie, denuncian la identidad geométrica de las calles, la impersonalidad de sus habitantes, la inexistencia de la convivialidad y la estetización de la verdad.

Ausentes de la programación tanto de instituciones museísticas gubernamentales como de galerías comerciales, las prácticas emergentes de exploración pictórica han encontrado en los espacios de artista un lugar idóneo para su promoción y divulgación.