El programa cultural para Michoacán, condenado al fracaso

El lunes 7 en Apatzingán, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes puso en marcha con una inversión de 470 millones de pesos, una acción cultural múltiple para contrarrestar la violencia. Pero los especialistas Héctor Díaz Polanco, Alberto Híjar y Tomás Ejea son pesimistas: es el modelo económico el que no funciona.

Con el título de la popular canción Caminos de Michoacán, de Bulmaro Bermúdez Gómez, y una inversión de 470 millones de pesos iniciará el próximo mes de mayo un movimiento cultural “sin precedentes en todo el estado de Michoacán”, con el cual se busca contribuir a la paz y la restitución del tejido social en la entidad, azotada desde hace años por la violencia.

Los especialistas Héctor Díaz Polanco, Alberto Híjar y Tomás Ejea advierten sin embargo, en entrevistas por separado con Proceso, que este programa estará destinado al fracaso si no se corrige el modelo económico que ha pauperizado a las comunidades del estado y se atienden los problemas de corrupción e impunidad. Se buscó también a Salvador Maldonado, investigador de El Colegio de Michoacán, especialista en temas de violencia, pero no se le encontró hasta el cierre de esta edición.

El titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa, dio a conocer el pasado lunes 7 en Apatzingán, algunas de las 250 acciones que integrarán el programa “Cultura para la Armonía: Caminos de Michoacán” y que van desde un festival del día del niño hasta la construcción del Centro Cultural Comunitario “Rosa de los Vientos” para el cual se destinarán 39 millones de pesos.

Según el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, quien asistió en febrero pasado a la firma de un convenio de colaboración entre la SEP, Conaculta y el estado de Michoacán, el centro cultural se instalará en el municipio de Apatzingán (tomado ese mismo mes por las autodefensas), y contará con una biblioteca, una librería del Fondo de Cultura Económica, cine y teatro. Aseguró que estará listo este mismo año, aunque apenas se están haciendo los estudios de prospección para su edificación.

En su reciente gira por el estado, Tovar no presentó ningún documento en el cual se fundamente de qué manera impactarán las acciones del programa en la construcción de la paz en Michoacán, tampoco detalló cuáles serán éstas, quiénes participarán, cuánto se invertirá en cada acción, o de qué manera se inscribe este proyecto en el Programa Especial de Cultura y Arte (2012-2018) –que hasta el momento no se ha dado a conocer–, pero aseguró en su discurso:

“Iniciamos este programa con el convencimiento de que en la cultura está la certeza de que las instituciones políticas y sociales siguen siendo útiles para la convivencia civilizada. Que la cultura fortalece la identidad y nos conduce a apreciar y defender valores supremos como la libertad, la igualdad, la democracia, la solidaridad, el diálogo, la honestidad, la lealtad, el respeto, la justicia y la tolerancia.”

En febrero pasado describió seis ejes de trabajo: Arte en armonía, mediante el cual se detectarán talentos para ofrecerles residencias artísticas y formar nuevos grupos artísticos con niños y jóvenes; Cultura comunitaria, para rescatar y fomentar oficios tradicionales, apoyar empresas creativas, y formar colectivos culturales locales; Animación cultural, para aprovechar los espacios públicos con actividades culturales y festivales; Rosa de los vientos, con actividades y servicios culturales en zonas urbanas de alta marginación.  Asimismo Sonidos e imágenes, con acciones como la creación de una escuela de guión, fonotecas virtuales y una repetidora de Radio Educación;  y Foro michoacano, dentro del cual se realizarán tres encuentros: la Reunión Nacional de Cultura, la conmemoración Morelos y la Constitución de Apatzingán: 200 años, y el Seminario Internacional sobre Industrias Culturales.

Chuayffet ya había mencionado en febrero la creación de 200 bibliotecas municipales; un estímulo temporal para el rescate de sitios históricos y culturales; y actividades de promoción, difusión y preservación del arte y la cultura, sin dar mayores detalles.

Como parte del programa el lunes 7, Tovar firmó convenios de colaboración con instituciones michoacanas, entre ellas la Secretaría de Cultura, el Conservatorio de las Rosas y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

 

Presiento que no me engañas…

 

Queda preguntar si la cultura tiene realmente el poder para reconstituir el tejido social en Michoacán, por qué Enrique Peña Nieto ordenó “puntualmente” concentrar los esfuerzos en esta entidad, cuando hay otras que también padecen una crisis de violencia, como las del norte del país, Morelos, Chiapas o el Estado de México.

Ya en julio de 2012, el investigador Bolfy Cottom señaló en entrevista con este semanario, que durante las campañas políticas se dio a la cultura un papel “salvador” para solucionar problemas políticos y la violencia. Y calificó de simplista “y falto de respeto” pensar que un joven va a actuar distinto sólo con ponerle un violín en la mano (Proceso, 1861).

La realidad, advirtió, “es que muchos jóvenes son excluidos de los centros artísticos. Muchos quisieran entrar a una escuela de música, formarse, y son rechazados. Y de pronto ahora, de la noche a la mañana, esto nos va a devolver la paz y la esperanza. Me parece un discurso político muy simplista”.

E hizo ver que el punto fundamental no es pensar de qué manera va la cultura a resolver la violencia o los índices de pobreza, sino definir un proyecto de largo alcance para el país, en donde quepan todos, y en función de eso determinar el espacio que ocupará la cultura.

Autor entre otros libros de El laberinto de la identidad, el sociólogo Díaz Polanco afirma que si realmente se quieren encontrar soluciones para Michoacán a través de un proyecto de cultura, se debe tomar en cuenta a los pueblos indígenas y campesinos, pues de lo contrario habrá un vacío.

Considerar además que se trata de una sociedad cuyos procesos culturales se sustentan en sistemas comunitarios, por lo cual “un buen plan cultural debe fortalecer el tejido social comunitario, la estructura comunitaria, sus usos y costumbres, sus formas propias de organización, etcétera.

“Se ha demostrado históricamente que eso es un valladar contra la penetración precisamente de los grupos del crimen organizado. No garantiza al cien por ciento –como se ha podido ver– que no se expanda la criminalidad, pero sí es un valladar y podría serlo aún más si estas formas comunitarias se fortalecieran.”

Pero, el investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, pondera que no se llegará muy lejos con un programa que promueva la cultura de élites y si además no se crea antes una cultura de la legalidad y de respeto a la ley. Se debe fortalecer también una cultura ciudadana que vigile sus derechos y resista “a los cantos de sirena de la criminalidad, habría que ver si eso está incluido”.

Para el investigador es claro que el gobierno tiene una grave deuda con la sociedad mexicana, pues hasta ahora no se ha presentado el “prometido proyecto cultural que tanto mencionaron sobre todo durante el proceso electoral”. Lo que se ve es “una especie de continuidad en la nada… no hay un proyecto que la ciudadanía pueda conocer en todas sus implicaciones”.

Lo que se ha visto hasta la fecha, lamenta, son acciones “aisladas, homenajes a personajes de la cultura que en sí mismo no son nada reprobables sino positivos, pero que no forman parte de un proyecto definido, con líneas diáfanas y que sea un llamado a la sociedad a integrarse haciendo suyo ese proyecto”.

Se requiere, en su opinión, una propuesta con perspectiva nacional, que no sea totalizador, sino incluyente, tolerante y participativo, pero el problema es que se carece de un plan de desarrollo social para todo el país y se promueve, en primer lugar, el supuesto desarrollo económico “por la vía de entregar los recursos naturales del país”.

No se atienden, concluye, los grandes problemas, incluyendo los culturales, pues el proyecto nacional está orientado a la continuidad del mismo modelo socioeconómico y a fortalecer el sistema político de poca participación popular, de desaliento.

 

De Apatzingán a Morelia…

 

El historiador de arte Alberto Híjar advierte que una inversión de 470 millones de pesos y la creación de un “mamotreto” cultural, similar al que construyó Martha Sahagún en su momento en Guanajuato, o Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México, no sólo es “un insulto a las comunidades”, sino que “apunta a la conversión de la cultura en mercancía para beneficio de consorcios transnacionales”.

Hace ver que hay incongruencia entre la idea de desarrollar un programa cultural como el presentado por el titular del Conaculta, y el trato que se está dando en la reforma fiscal a los artesanos de Michoacán, “que la están pasando muy mal… porque ahora les exigen facturas electrónicas y ellos difícilmente tienen electricidad y agua potable”.

Ya hubo denuncias sobre la situación que viven los artesanos de Pátzcuaro, dice, pero sin duda es similar en otras comunidades productoras de “excelentes manufacturas de barro, de madera, de tejido”:

“No podemos impedir que construyan mamotretos como los de León, Guanajuato, o el Estado de México… construcciones faraónicas espantosas que agreden el paisaje rural, pero sí debiéramos llamar la atención sobre las necesidades de la producción artesanal manufacturera en comunidades que no sólo están asoladas por los crímenes de las bandas sino también por las intervenciones policiacas y militares y más por las amenazas de la reforma fiscal que ya están en ejecución.”

Híjar no cree que la cultura pueda solucionar una crisis tan grande como la de Michoacán, y la del país en general, pues “todo esto ha sido generado por la enorme corrupción del Estado mexicano en su conjunto y la necesidad de justicia y equidad que generó la autodefensa, no solamente en Michoacán sino en Guerrero, en Chiapas y en muchas partes donde se está dando ese proceso”.

Menciona que en los próximos días Cherán festejará el aniversario de su radio comunitaria, Radio Fogata, y destaca que estos esfuerzos nacidos de la base social son los que deberían apoyarse, pero es al contrario, la nueva ley de telecomunicaciones “criminaliza a las radios comunitarias y a las radiodifusoras y canales de instituciones culturales”, con lo cual es el terror una forma de gobierno.

Entonces reitera:

“Construir centros faraónicos sólo beneficia a la demagogia, a unas cuantos estrellas de la industria del espectáculo que en nada contribuyen para que el bienestar pueda venir desde abajo. Los festivales y todas estas cosas  son ceremonias y rituales de élite, se premian entre los mismos organizadores y no benefician en nada a la base social de los más explotados que tienen problemas urgentes de sobrevivencia.”

 

Para remediar mis males…

 

Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, el sociólogo Tomás Ejea enfatiza que al no responder a las necesidades reales de contención de la violencia y de la pauperización de las condiciones de vida de la población, se puede decir que el programa para Michoacán sólo busca cumplir con las apariencias, pero no va al fondo del programa, “está inscrito, como muchas de las acciones gubernamentales de este gobierno, en una lógica de discurso demagógico”.

Si bien en su opinión la cultura sí puede ser un importante factor de desarrollo y la política cultural tener un papel en la recomposición del tejido social, no puede tener un rol “remedial” a corto plazo:

“Es como querer curar una enfermedad grave con un curita (en este caso un curita bastante caro de 470 millones de pesos). Los proyectos culturales tienen que ser a mediano y largo plazo y de esta manera lograr su objetivo de generar beneficios para la población. Sin embargo, no está demás decir que los gobernantes en general no ven con buenos ojos los proyectos verdaderamente comunitarios, porque generan comunicación entre los participantes e identidad, por tanto generan actitudes participativas, y a eso los funcionarios en turno le tienen mucha desconfianza.”

Añade el sociólogo que para que la cultura realmente contribuya al desarrollo debe cumplir con dos condiciones:

“Ser una acción gubernamental que surja y se desarrolle a partir de las verdaderas necesidades e inquietudes de las comunidades involucradas. No se puede llegar con planes externos… Y dos, que sea parte de un proyecto integral tanto sectorial como transversal que se coordine con el de otros sectores de la política gubernamental.”

En este sentido juzga que en lo planteado para Michoacán no están ninguna de las dos condiciones, ya que no se cuenta con las bases de planeación y participación que requiere todo proyecto cultural. Suma el hecho de que el programa sectorial de cultura del gobierno federal “brilla por su ausencia”.

Lamenta:

“Creo que se está perdiendo en Michoacán una importante oportunidad para generar proyectos culturales sólidos y bien estructurados que ayuden a contener las condiciones de violencia en el estado.”

Se le pregunta por qué si se considera a la cultura como un factor de desarrollo y elemento de cohesión social, se da en Michoacán un fenómeno tan fuerte de violencia, cuando es un estado con tanta diversidad y riqueza cultural milenaria.

A decir suyo es resultado del modelo económico impuesto en el país, que resta oportunidades de desarrollo a las comunidades, que compiten en condiciones de desventaja en la política gubernamental globalizada.

“Por otro lado –sigue–, es un estado con una fuerte tradición de productores agrícolas, cuya economía fue desmantelada y no se le abrieron oportunidades de desarrollo, Michoacán tiene uno de los más altos índices de emigración a Estados Unidos, y tiene el mayor índice de todo el país de remesas en los hogares provenientes de ese país. Según Conapo (Consejo Nacional de Población), el 8.94% de hogares de Michoacán recibe remesas de Estados Unidos.

“Eso aunado a varios sexenios de corrupción y de impunidad crea un modelo de desarrollo económico que no brinda oportunidades, una necesidad de emigrar debido a la violencia y a la falta de oportunidades, y una impunidad en muchos ámbitos del Estado…  Por ello, no queda más que pensar que este tipo de medidas que no son más que auxilios asistenciales están desgraciadamente condenadas al fracaso.”