De la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias

Señor director:

 

En Proceso 1952 aparece el artículo Cumbre de Seguridad Nuclear: México, el mal ejemplo, de Témoris Grecko. Independientemente de la serie de interpretaciones discutibles que se publican, estoy en la obligación de aclarar que la fuente de cobalto 60 fue recuperada intacta, aplicando los protocolos de seguridad del Estado mexicano, avalados internacionalmente, y que está a buen resguardo por parte del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ).

El material radiactivo nunca se desperdigó y, por lo tanto, no hubo contaminación radiactiva. Durante el tiempo –del orden de una semana– que tardamos en guardarla en un contenedor apropiado, los niveles de radiación en la zona se mantuvieron elevados y por lo mismo se establecieron los controles de acceso a fin de evitar daños a la población. Una vez recuperada la fuente, el sitio no presenta radiación.

Atentamente

Juan Eibenschutz

Director general de la Comisión Nacional

de Seguridad Nuclear y Salvaguardias

 

 

Respuestas del reportero

 

Señor director:

 

Permítame hacer las siguientes precisiones.

1. El señor Eduardo del Río declara “completamente falso afirmar que la cumbre cambió de énfasis”, y como evidencia se refiere a los comunicados de las dos cumbres anteriores. Lo falso es que haya escrito que “cambió de énfasis”. Lo que se publicó fue que, esta vez, en el comunicado resultante “la novedad fue poner énfasis en la protección de materiales radiológicos, antes poco resaltados en comparación con los que podrían provocar una explosión atómica”. Tal aseveración se funda en el hecho de que los materiales radiológicos fueron ignorados por completo en el comunicado de la primera cumbre (Washington 2010), y sólo alcanzaron a ser mencionados en un párrafo secundario, el 14, del correspondiente a la segunda (Seúl 2012). En el comunicado de La Haya 2014, por primera vez ascendieron de categoría al ser incluidos en el segundo de los tres puntos principales, en el que se plantea impedir que actores no autorizados “adquieran materiales nucleares que podrían ser usados en armas nucleares, y otros materiales radioactivos que podrían ser usados en aparatos de dispersión radiológica”.

2. En efecto, “el incidente mexicano” no fue “ventilado” en los encuentros de jefes de delegación en la cumbre ni México fue singularizado. Pero más allá de los eventos oficiales, las cumbres son construidas a partir de numerosos actos previos y paralelos, que es donde se abordan los problemas y se toman las decisiones. Como se explica en el texto, los anfitriones neerlandeses se ocuparon en transmitir a la opinión pública la importancia de la seguridad de materiales radiológicos, y para ello resaltaron “el incidente mexicano”. La semana anterior al inicio del evento, un grupo de 19 reporteros de 13 países (en el que se encontraba el suscrito en representación de Proceso) sostuvo cuatro encuentros en La Haya y en Ámsterdam con embajadores, diplomáticos (incluido el jefe de su sherpa team) y jefes de think-tanks, todos neerlandeses, y uno más con los organizadores de la Cumbre de Conocimiento Nuclear: en cada uno de ellos el “incidente mexicano” fue utilizado como ejemplo principal. Y es eso lo que se asienta en el reportaje.

3. Del Río dice que es “desafortunada y errónea” la afirmación de que no hubo una “Declaración de La Haya”. Tras asegurar que “la cumbre arrojó, en efecto, una Declaración”, remite al sitio electrónico del evento (www.nss2014.com). No obstante, si cualquier lector lo visita, verificará que el documento asumido por los Estados participantes se llama “Comunicado de la Cumbre de Seguridad Nuclear de La Haya”, como los que emitieron las cumbres previas, en virtud de que una eventual “Declaración” sólo puede ser resultado de la cumbre definitiva que no logró ser ésta.

4. El funcionario de la SRE considera “inexacto” que en la cumbre el gobierno de Peña Nieto haya destacado por su silencio. Es cierto que hizo una declaración protocolaria, como todos los demás, sin trascendencia pública. Pues bien, justamente destacó por no hacer más que eso, ya que el “incidente mexicano” ha sido la falla de seguridad radiológica más grave de los tiempos recientes. En México, el gobierno la manejó como un peligro para quienes entraran en contacto accidental con el material radiactivo, pero los expertos en el mundo temieron que sirviera para hacer una “bomba sucia” capaz de afectar a miles de personas.

Por último, señor director, respecto a la carta de Juan Eibenschutz, es necesario subrayar que, por un error de edición –no de este reportero ni del texto en cuestión–, el epígrafe del reportaje indica que el material radiactivo robado no ha sido localizado, y sí lo fue.

Atentamente

Témoris Grecko