Alejandro Alvarado
Los jóvenes y la tecnología de punta son protagonistas de los cambios que actualmente ocurren en la lengua. Por un lado, la necesidad de abreviar mensajes en los teléfonos celulares y en el Twitter ejercen una presión que arroja a los usuarios a comunicarse casi en clave. Por el otro, los locutores de los medios electrónicos influyen con sus barbarismos. El caso es que asistimos a una ruptura inédita con el lenguaje que no acaba de asimilarse del todo. ¿Deterioro del idioma, exploración válida? Aquí, nueve poetas y narradores fijan sus posturas, en ocasiones encontradas, en torno a la identidad de la lengua.
Héctor Anaya
Las formas de expresión que usan los jóvenes en sus mensajes por teléfonos celulares o por internet no los veo muy creativos, sino con esta comunicación parecida a la de los albures majaderos, que no los reprocho por majaderos sino porque repiten lo mismo de siempre. Hay albures muy creativos, pero hay otros que nada más se apegan a ciertas fórmulas. Están repitiendo lo mismo. Esos tipos de humor, que manejan algunos y responden con ciertas expresiones, ni siquiera van de acuerdo con el significado que pretenden.
Por ejemplo, con una “k” quieren decir “que”, cuando que el fonema “k” lo pronunciamos como “ca” no como “que”. Todas esas cosas, finalmente, pasan y la gente vuelve a escribir como todos los demás, para que se entiendan todos los demás. Que de ahí vayan a salir algunos nuevos vocabularios o vaya a imponerse algún neologismo lo veo muy remoto. Los neologismos se imponen cuando son producidos por gente muy talentosa, por gente verdaderamente creativa, conocedora del idioma.
Elsa Cross
El lenguaje actualmente vive un deterioro tremendo; además, está en peligro de extinción con los mensajes que se mandan ahora por los celulares. Ya abrevian todo, colocan cosas en clave; aunque eso es parte de una evolución. Observo que en las pésimas traducciones de programas extranjeros, incluso en algunos programas culturales, se dicen muchas barbaridades. Lamentablemente eso sucede a diario. Se dicen disparates al por mayor.
En el nivel popular se acostumbra expresarse en lenguaje coloquial y con leperadas. Eso es parte de la condición humana en otro nivel. La comunicación tiene muchos niveles posibles. Los indocumentados que, año con año, regresan al país traen nuevos modismos y otros giros del lenguaje. Todos los días esta tecnología de último momento está creando un montón de palabras nuevas. Hace veinte años si hubiéramos hablado de iPod o de laptop nos habrían visto como orates. Sin duda, el lenguaje cambia, aunque uno no quiera; pero ojalá y sí se preserve una consistencia en pro de la racionalidad para no acabar en puro disparate, sino ir incorporando las cosas nuevas que surjan dentro de una estructura que es ya muy establecida y es lo que permite preservar la identidad de un lenguaje aunque se transforme.
Óscar de la Borbolla
La lengua va cambiando a un ritmo lógico y a veces da unos brincos interesantes: capta la sabiduría maravillosa de todos los hablantes. Los cambios que están operándose últimamente se deben, unos, a la influencia de los medios; otros, por culpa de los espacios que permite la computación o todos estos artefactos que ahora usamos frecuentemente. Me parecen abominables, porque no tienen sentido. Por ejemplo, la mala manera de hablar de los locutores televisivos y el poco conocimiento del idioma de los traductores que subtitulan, hace que el lenguaje vaya impregnándose con tonterías.
Lo otro que está pasando es que muchos, por excentricidad o por ignorancia, publican sus faltas de ortografía, y con esto hacen un daño espantoso al idioma. Como la letra impresa tiene para nosotros un peso de autoridad, la asimilamos, y va impregnándosenos, va dañándonos. El lenguaje no podemos frenarlo, ni hay manera de ponernos delante, pero lo que sí es un común denominador en la actualidad es el empobrecimiento de los tiempos verbales, de los adjetivos, de las palabras que sirven para dar matices y para comprender de manera más nítida al mundo y a uno mismo.
Estamos destruyendo el lenguaje y no nos damos cuenta que al hacerlo, sí, ponemos en riesgo nuestra capacidad de pensar. El universo de vocablos que usan actualmente los jóvenes son las majaderías, más algunas conjunciones y nombres propios, todo conjugado en presente. Eso me parece detestable.
Juan Domingo Argüelles
Lo que los jóvenes están haciendo ahora al escribir con códigos y abreviaturas es crear algo que forma parte de sus potencialidades y las están usando.
Están produciendo una ruptura que para nosotros es inédita. Lo inédito es esta tecnología que entró de pronto y atrapó a todos estos muchachos. Una cosa importante en esto es que, en realidad, los intrusos somos nosotros, ya que somos los que migramos hacia las tecnologías por necesidades utilitarias.
Los niños y los jóvenes, los llamados nativos digitales, jamás se preguntan qué es lo que había antes de que surgiera el internet, para ellos siempre ha existido. Nosotros sabemos que no ha estado siempre ahí. Yo, a diferencia de mucha gente, estoy seguro que las tecnologías no van a obstaculizar la lectura ni la escritura sino la van a potenciar o la están potenciando.
Julián Herbert
Tengo una relación encontrada con el lenguaje de la computación y de los teléfonos celulares. Por una parte, me irrita, no me gusta; pero al mismo tiempo me doy cuenta que es parte de los procesos que siempre ha vivido el lenguaje, aunque quizá ahora está más acelerado. Pienso que no deberíamos ser proteccionistas con el lenguaje. A mí me preocupan más otras cosas: el uso reducido de palabras, economizarlas; me preocupa la simpleza de pensamiento de muchos de estos mensajes, lo elemental que ese pensamiento puede ser, porque a veces hay quien utiliza estos signos como hay quien utiliza el espanglish, sin purismo, pero tratando de darles un cierto sentido.
Yo me plantearía: ¿Hay posibilidades estéticas o literarias para este tipo de escrituras, que las profundicen? Porque yo, más bien, pensaría que los escritores tendríamos que aceptar ese reto, afrontar que los chavos tengan un cambio de códigos, utilizar ese código y tratar de construir un pensamiento más profundo con el código.
Ethel Krauze
Si nos adecuamos a la época actual y los cambios que están dándose los vemos como una nueva vertiente, comprendemos que con ellos estamos apenas explorando. La obligada simplificación de caracteres lleva, quizá, a construir textos con mucha densidad, con una creatividad que refuerza el lenguaje y acaso hasta se consiga innovar. Tal vez ahora esto parezca muy pobre, pero yo me concentro en el futuro, repaso la historia en la evolución de la lengua, y analizo cómo van surgiendo nuevos géneros y nuevas posibilidades. El internet nos ofrece una oportunidad para concentrarnos en “x” números de palabras y aprender a decir cosas. Eso nos obliga a adquirir más habilidad en la escritura.
Los jóvenes y los adolescentes están explorando. Al principio necesitan transgredir las normas, se ven obligados a usar toda suerte de palabrotas hasta llenarse de espuma la boca. No es que yo esté de acuerdo, digo que es una faceta de la vida. Cuando ya no se es joven y se exagera en un determinado tipo de palabras, lo que se manifiesta en realidad es una reducción en la capacidad expresiva del lenguaje. Va perdiéndose la capacidad de expresar diferencias, sutilezas y matices, y se pierde entonces la relación matizada con el mundo. Se vive como de una forma gruesa, con poca sensibilidad. Es pobreza de mundo.
Dionisio Morales
No precisamente la tecnología de punta es la que está modificando la lengua, sino el uso que se haga de ella. Se le ha dado en llamar un “nuevo lenguaje” al uso que ejercitan los jóvenes –de alguna manera lo es– que con sus nuevas expresiones, abreviaciones, signos, etcétera, logran comunicarse al parecer de una manera más rápida, pero sobre todo que descifran con cierta facilidad. Se divierten comunicándose entre ellos mismos y evitando que la curiosidad de los demás pueda escarbar en zonas de su personalidad que los ponga a la intemperie y que los critique o de plano los censure.
Esos cambios que ejercitan los jóvenes en su nueva manera de expresión con esta tecnología no tienen presencia o fuerza alguna a la hora de la onomatopeya, es decir a la hora de la pronunciación, por eso el lenguaje hablado no puede transformarse a causa de ello. Por otro lado, todas las palabras que empleamos en nuestro discurso diario están en igualdad de circunstancias, de peso y contrapeso, en el diccionario, es decir en nuestra lengua.
Creo que el lenguaje es uno y nada más. La forma de expresión en todas partes del mundo, de acuerdo a cada una de las lenguas, es variada y eso le confiere una gran riqueza; aceptarla y adaptarla a nuestras necesidades depende de cada uno de nosotros. La prueba está en que disfrutamos el lenguaje que utiliza, por ejemplo, Octavio Paz impartiendo una conferencia, o el lenguaje propio que habla nuestro inmortal Cantinflas.
Eusebio Ruvalcaba
Cualquier aportación en el lenguaje la apoyo porque me parece que éste es un ser vivo que no puede quedarse a la expectativa de cómo se suscitan los cambios en las conductas. Es un elemento activo, refleja los cambios, precisamente, de los que estoy hablando. Los chavos van comunicándose entre sí, entre ellos; y el lenguaje es un espejo con modificaciones constantes, refleja una realidad determinada, que puede proyectar simultáneamente todo lo que no se imagina uno.
No importa, en un momento dado, que la comunicación de los chavos sea una deformación si su comunicación es mucho más importante que pensar en términos académicos. Cualquier vehículo de expresión es válido. Independiente de cómo le caiga a uno el lenguaje reducido de una persona y la repetición de una misma palabra, bien o mal, los jóvenes siempre procuran aislarse y este modo de expresión tiene mucho que ver con la juventud y con el aislamiento. Inmediatamente se detecta quién puede participar en una conversación y quién no. Yo creo que es mucho más, que es perfectamente válido que se expresen así.
Guillermo Samperio
A mí no me incomoda para nada el lenguaje actual que se utiliza en los medios electrónicos. Yo no soy un purista de le lengua; al contrario me considero un impurista de ella, y si la electrónica va a transformarla para hacerla más accesible, más sencilla, mejor. Lo que me preocupa es que la tecnología absorba al individuo. El otro día me invitaron a una reunión con gente joven. Todos los invitados traían sus aparatos electrónicos. Para empezar, yo soy enemigo de los aparatos. Aunque no estoy en contra, no los uso. En dicha reunión de pronto alguien sacó su aparatito para mandar mensajes por twitter. En ese momento se acordó, como estábamos festejando el cumpleaños de fulano, que nadie iba a usar el twitter. No transcurrió ni una hora cuando de repente me vi solo. Todos estaban metidos en su pinche aparatito. Ni cuenta se dieron que habían roto su promesa y que estaban twiteando. Me dije, éstas son las reuniones de los jóvenes ahora: se ponen a twitear, cada quien por su lado con el mundo. Es decir, soy yo y mi aparato; ahora ya no es: soy yo y los demás. Lo que me preocupa es que su aparato esté convirtiéndose en un ser humano más. Está perdiéndose la comunicación humana, y eso es muy grave.








