“Mi madre”
Sus cabellos chispean,
sol domesticado en una casa
Sol vagabundo
Errante de cuarto en cuarto
Entibia nuestras almas
Su casa abierta a todos los vientos,
ráfagas de lluvia perfuman,
trombas de nieve hielan
En la mesa, el caldero sin fondo,
festín de los mendigos y los perros
Sus pasos largos
prolongan las cuerdas infinitas
de la música
(México, 1958)
“A mi padre”
Las flores de té flotan en nuestras tazas
Tus ojos de lapislázuli
me miran
En los panes dorados
se funde la mantequilla
El timbre de Harrolds
llama
para separarnos
Disueltos
en una repentina bruma helada
de lágrimas
que surge bruscamente de todos los rincones
(Londres, 1983)








