Las raíces de la violencia

Continúan los saldos de la gresca del 22 de marzo en el Estadio Jalisco. Mientras el presidente municipal, Ramiro Hernández, trata de salvar la cara cambiando a sus mandos policiacos por funcionarios no menos cuestionados, el antropólogo Andrés Fábregas critica el menosprecio de los directivos del futbol profesional por el conocimiento especializado sobre los fenómenos de masas, que se utilizan en otros países para reglamentar los espectáculos deportivos. Además, recalca –sin justificarla– que esa violencia es una de las consecuencias de la rabia y la desesperanza de un amplio sector de la población ante la falta de oportunidades y la marginación.

 

El enfrentamiento del 22 de marzo entre barristas de las Chivas y policías de Guadalajara en el Estadio Jalisco, cuando el equipo de Jorge Vergara encaró al Atlas, aún tiene conmocionada a la sociedad tapatía.

Tras el fallido operativo de la Secretaría de Seguridad Pública municipal, que dejó un saldo de 21 policías y 30 civiles heridos, el alcalde priista Ramiro Hernández García trató de reivindicar su imagen y despidió de un golpe a todos sus mandos policiacos: el comisario de Seguridad Ciudadana, Carlos Mercado Casillas, así como el director y el subdirector operativo, Alfredo Jiménez Sánchez y José de Jesús de Anda Zambrano.

“Los hechos evidenciaron una falta de eficacia de los mandos policiacos de Guadalajara para abordar situaciones de alto riesgo”, reconoció el alcalde en un mensaje escueto sobre esa medida.

Sin embargo, Hernández García sustituyó a Mercado Casillas por José Ángel Campa Molina, quien estaba al frente de la Dirección de Protección Civil y Bomberos y que está acusado de atropellar a dos jóvenes que viajaban en una motocicleta –uno falleció– cuando manejaba en estado de ebriedad, con el agravante de que se dio a la fuga.

El accidente ocurrió el 15 de diciembre de 2005, cuando Campa Molina era agente del Ministerio Público en el Juzgado de Primera Instancia en el municipio de Tamazula de Gordiano. El portal de noticias Unión Jalisco señala que fue consignado por la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) por homicidio simple intencional, aunque en el Juzgado Décimo Primero de lo Penal cambió el delito por el de homicidio culposo. Se le declaró culpable y fue condenado a un año y seis meses de prisión.

Sin embargo, según el portal, Campa nunca pisó la cárcel porque el juez resolvió que su detención era ilegal, al margen de que peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses le tomaron una muestra sanguínea a uno de los hermanos del funcionario para que no diera positivo en los exámenes de alcoholemia.

Sobre estos antecedentes, el presidente municipal Hernández García guarda silencio, pero el coordinador de los regidores de Movimiento Ciudadano, Salvador Caro Cabrera, respaldó el nombramiento:

“Todas las personas que están en el ámbito de seguridad pública tienen preferencias que los hacen controvertibles. Él tuvo un desempeño extraordinario en la Dirección de Bomberos con recursos muy precarios, y eso es en lo que nosotros nos estamos fijando”, declaró en una rueda de prensa.

El 29 de marzo la Fiscalía General del Estado (FGE) anunció la detención de otro aficionado de Chivas, que se suma a los ocho ya consignados e internados en el penal de Puente Grande por los delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones, pandillerismo, daño en las cosas, robo y agresiones contra representantes de la autoridad.

El más reciente detenido es Miguel Ángel Sevilla Gutiérrez, de 24 años, quien utiliza también los nombres de Joel Cruz Ramírez, Joel Ramírez Cruz y Joel Ramírez Juárez. El titular de la FGE, Luis Carlos Nájera Gutiérrez, informó que al saber que se le buscaba se ocultó en hoteles aledaños a la antigua central de autobuses y finalmente fue capturado por agentes investigadores en la esquina de la calzada Independencia y la calle Ejido.

Sevilla Gutiérrez reconoció ser integrante de la barra La Reja desde hace siete años, que es adicto al crystal y que participó en el enfrentamiento del 22 de marzo. Dijo que pretendía reunir dinero para escapar a California, Estados Unidos, pues además tiene antecedentes penales por robo.

La FGE también informó que los barristas Miguel Ángel González Pérez y Luis Antonio Jiménez Moreno podrían abandonar la prisión con el pago de una fianza, debido a que la dependencia no logró sustentar el cargo de tentativa de homicidio, aunque seguirán procesados por el resto de las imputaciones. Los otros seis enfrentarán su proceso en la cárcel y pueden alcanzar hasta 15 años de prisión.

 

El “México bronco”

 

Las autoridades de Guadalajara y las estatales, como el fiscal general Luis Carlos Nájera Gutiérrez, plantean la eliminación de la venta de alcohol a las barras, que se establezca una vigilancia especial en el inmueble de la colonia Independencia y que exista un padrón actualizado de los integrantes de los llamados “grupos de animación”, tanto del equipo local como del visitante, comprobar el funcionamiento de las cámaras de vigilancia y establecer un centro de mando multidisciplinario con mando único para las contingencias.

Por lo pronto, el ayuntamiento informó que el Club Atlas pagó la multa de 2.28 millones de pesos que le fue impuesta por los hechos del sábado 22, sin aclarar si aplicó el descuento solicitado por TV Azteca, la empresa propietaria del equipo.

Y mientras en el Senado de la República se aprueban las reformas para tratar de erradicar la violencia en los eventos deportivos con sanciones de hasta cuatro años de cárcel, el antropólogo Andrés Fábregas Puig, autor del libro Lo sagrado del rebaño: el futbol como integrador de identidades, afirma que las raíces del fanatismo tienen su origen en la desigualdad social que padece un amplio sector de la población:

“Yo creo que las raíces de la violencia están en condiciones de vida extrema, en la desesperanza por una juventud que no encuentra salida, en el desempleo que campea en el país y también en la tragedia de la educación, que se nos está yendo de las manos.”

El especialista dice que vio por la televisión cómo los policías fueron despojados de escudos y toletes, que después se usaron contra ellos. Le parece muy lamentable lo ocurrido en el Estadio Jalisco, pues hasta ahora “el futbol mexicano se había mantenido como una fiesta realmente popular, familiar, y (el de la violencia) es un espectáculo denigrante”.

El también creador de la Universidad Intercultural en Chiapas señala que el Estado ha olvidado su función de garantizar la seguridad, pero añade que la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) menosprecia el conocimiento de los especialistas.

Explica, por ejemplo, que la Premier League de Inglaterra utiliza desde hace años estudios de corte sociológico y antropológico, los cuales demostraron entre otras cosas que el nivel de violencia se incrementa en los aficionados que permanecen de pie durante el espectáculo. En consecuencia, el reglamento obliga a todos los aficionados a sentarse.

En cambio, comenta Fábregas, “la Federación Mexicana de Futbol no invierte en investigación, no le interesa. Piensan que los académicos no contamos y ya es la hora de que hubieran financiado un buen proyecto de investigación para buscar las causas reales de la violencia y atacar sus raíces”.

Por eso, añade, cuando en muchos estadios del mundo está prohibida la venta de cerveza o de cualquier bebida alcohólica, en México hasta se permite que el público ingrese con luces de bengala. Pero esta imprudencia se combina con la explosividad del entorno social:

“En nuestro país –remarca Fábregas Puig– se vive una condición socioeconómica muy difícil. Lo vemos, por ejemplo, en los índices tan altos de migración hacia Estados Unidos; la gente no se va porque quiere sino porque no encuentra horizontes aquí. Tú ves a doctores en antropología o doctores en sociología, o químicos y físicos que no tienen trabajo.”

Y subraya: “Acuérdense que Jesús Reyes Heroles, un gran político mexicano, dijo: no despierten al México bronco. Yo creo que hay respetar esa advertencia”.

Agrega que probablemente sea momento de pensar en una reforma al futbol mexicano, que reconsidere no sólo el sistema de competición entre clubes, sino también la seguridad en los inmuebles deportivos.

Las pandillas, presentes

 

El presidente de Clubes Unidos de Jalisco y rector del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA) de la Universidad de Guadalajara, Alberto Castellanos, reconoce que la seguridad de los aficionados implica la modernización del Estadio Jalisco, que costaría alrededor de 15 millones de pesos.

Sin embargo, dice que de momento es imposible realizar esa inversión porque los fondos de Clubes Unidos de Jalisco disminuyeron más de 50% cuando las Chivas del Guadalajara decidieron mudarse a su propio inmueble, el Estadio Omnilife.

“Sabemos que es un estadio viejo, con más de 50 años, que tiene sistemas obsoletos desde el ingreso. Tenemos las mismas puertas desde hace 40 o 50 años. El circuito cerrado de televisión lo hemos venido trabajando desde hace tiempo, pero todavía lo podemos mejorar”, señala.

Como dirigente de los Leones Negros de la UdeG, Castellanos afirma que la casa de estudios desbarató a tiempo la posibilidad de que se integraran barras y declinó estimular a los grupos de animación, lo que sí han hecho otros equipos con la entrega de boletos gratuitos. Especifica que el único estímulo que ofrece la directiva del equipo es un descuento individual a estudiantes, trabajadores y maestros con credencial vigente.

“Había un par de barras que estaban funcionando: la Garra Negra y la Imperial, no recuerdo muy bien el nombre. Cuando tienes que privilegiar una barra, en ocasiones tienes que lidiar incluso con amenazas de los propios integrantes, que te exigen canonjías: boletos más baratos, que ellos manejen una buena cantidad de boletos para venderlos a sus compañeros de la barra… Pero es mucho más lo que le quitan al futbol que aquello que le dan”, relata.

Y aunque manifiesta su acuerdo con la tesis de Fábregas Puig de que la violencia es un reflejo de la sociedad, enfatiza que muchos de los barristas son pandilleros:

“Tenemos desde hace un buen tiempo procesos de descomposición social, sabemos que al final de cuentas muchos de estos muchachos vienen de colonias marginadas y que van a sacar toda su impotencia, toda su ira y odio. Lo que traen lo desahogan en el estadio. Muchos de ellos son pandilleros, incluso drogadictos, y van a hacer desmanes. Son chavos inadaptados socialmente.”