Inoperancia policiaca y fanatismo salvaje

La gresca en el estadio Jalisco durante el clásico tapatío volvió a despertar a los monstruos del futbol mexicano: la violencia, la estupidez y la pésima organización. La pelea del sábado 22 dejó más de 50 heridos y evidenció que las agresiones en los principales estadios del país no sólo no disminuyen, sino que están aumentando. Mientras el fenómeno campea, las autoridades trabajan más duramente para eludir la responsabilidad que para ofrecer soluciones.

 

GUADALAJARA, JAL.- En medio de una turba que vocifera enardecida, un hombre trata de refugiarse pero policías antimotines de Guadalajara lo sacan a golpes. Cae al suelo y se lo llevan arrastrando. Sus compañeros tratan de evitar que lo arresten y arrojan a los oficiales vasos llenos de líquido. Los insultan…

Aun así, los elementos de seguridad se llevan al barrista. Lo patean mientras está en el piso; éste se incorpora dificultosamente pero es derribado con un macanazo. La sangre brota de su rostro.

Las imágenes corresponden a un video subido al portal del exfutbolista y actual narrador de TV Azteca Luis García Postigo (www.luisgarcia.mx), y fueron tomadas casi al final del partido que disputaron las Chivas y el Atlas el sábado 22 en la noche. La grabación sugiere que ése fue el inicio de la gresca que dejó 21 policías y 30 civiles heridos.

En fotografías publicadas por el diario Mural se ve a un policía con una pistola en la cintura, a pesar de que los agentes tienen prohibido ingresar a espectáculos públicos con armas de fuego.

Aficionados y uniformados que estuvieron cerca de la zona alta del inmueble –donde estalló la trifulca– cuentan a Proceso que de pronto vieron cómo los porristas de las Chivas despojaban a los granaderos de sus escudos y toletes y con esos artefactos comenzaban a golpearlos.

Bajo la condición del anonimato, uno de los oficiales lesionados se queja del fracaso de la estrategia instaurada por el director operativo de la Secretaría de Seguridad Pública de Guadalajara, Alfredo Jiménez Sánchez. Es más: señala que éste abandonó a su suerte a los elementos que enfrentaron a los barristas, aun cuando en varias ocasiones le hicieron llamados de auxilio a través de radiocomunicadores.

Ya otros agentes antimotines habían denunciado ese abandono, el cual se evidenció por el hecho de que cada guardia reaccionó como quiso o como pudo.

Los policías refieren que Jiménez Sánchez llegó al partido vestido de civil, con una playera amarilla y pantalón de mezclilla. “Así vestido de civil no nos sirve de nada”, dicen.

El policía entrevistado añade que el día del altercado su grupo fue comisionado para vigilar la zona poniente del estadio. Sin embargo, de improviso, su grupo recibió la orden de dirigirse a la Puerta 6 porque cientos de aficionados de las Chivas habían roto el cerco de seguridad e ingresado sin revisión.

La vigilancia de ese acceso originalmente estaba a cargo del equipo de seguridad privada que contrató la directiva del Atlas, pero como tenía pocos miembros no pudieron contener a las porras. Además, los policías ya no llegaron a tiempo para ubicar y sacar a los colados, así que el juego prosiguió.

Casi al finalizar el partido los fanáticos encendieron bengalas. La refriega comenzó cuando los agentes trataron de arrebatarles las luces. La barra se separó dejando un hueco en el centro de la gradería. Los elementos golpeados quedaron en medio, y no pudieron escapar. “Nos invadieron y prácticamente éramos uno contra 30 o 40 sujetos. Jamás los íbamos a poder controlar”.

Mural publicó el jueves 27 que la orden de apagar las bengalas provino de Ricardo Villarreal, escolta del gobernador del estado, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz (PRI), quien en ese momento presenciaba el encuentro en un palco junto con el dueño del Atlas, Ricardo Salinas Pliego.

El rotativo menciona además que, sin estar en el inmueble, Alfredo Jiménez instruyó al supervisor operativo de la policía, José de Jesús de Anda, a que enviara al menos 10 elementos a la zona donde se desató la gresca.

El guardia consultado cuestiona el desempeño del titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Guadalajara, Carlos Mercado Casillas: “Yo lo veo nada más que está dando evasivas, que ‘está analizando’, que ‘está haciendo diagnóstico’. ¿Qué analizas? ¿Qué diagnosticas cuando tienes gente herida?”

“Los enviaron al matadero”, secunda uno de sus compañeros.

En declaraciones a la prensa el lunes 24, Mercado Casillas admitió: “Del portazo ni nos enteramos”. Sólo se comprometió a hacer un análisis del material disponible para determinar si hubo responsabilidad del personal a su mando.

El fiscal general del estado, Luis Carlos Nájera, también responsabilizó del caos a Mercado Casillas, así como al supervisor operativo y responsable directo de la seguridad en el estadio Jalisco, Jesús de Anda Zambrano. Ambos funcionarios, junto con Alfredo Jiménez Sánchez, inspector operativo de las Fuerzas de Seguridad Ciudadana de Guadalajara, fueron destituidos de sus cargos el viernes 28 por el presidente municipal Ramiro Hernández García.

El portal Aristegui Noticias divulgó el martes 25 una carta de Adrián Oropeza Martínez, integrante de La Banda de Chivas, quien asegura que los hechos violentos fueron provocados por elementos de la policía, quienes se “enfocaron a hostigar, insultar y golpear a la afición rojiblanca, (y) simplemente llegó el momento en que no se toleró más tanto abuso y violencia. (…); sin justificar a la afición involucrada, ésta sólo respondió a las agresiones”.

En ese escrito, Oropeza Martínez resalta que los policías también golpearon a mujeres, y después del encuentro desataron una cacería en los linderos de la Fuente Olímpica. Afirma que ahí se concretaron detenciones arbitrarias de jóvenes por el solo hecho de traer una playera rojiblanca.

 

A favor de las barras

 

El martes 25 los directivos de Clubes Unidos de Jalisco se reunieron a puerta cerrada con el alcalde Hernández García y su equipo de seguridad pública para discutir las líneas de acción a seguir en futuros partidos. La encerrona duró más de cinco horas, sin que se explicaran oficialmente los motivos del alargamiento de la reunión.

Versiones extraoficiales sostienen que lo anterior obedeció a que Gabriel Saucedo, director administrativo del Atlas –ahora propiedad de Televisión Azteca–, se opuso a la desaparición de las barras rojinegras, medida que aceptó el resto de los directivos.

Saucedo argumentó que la tradicional Barra 51 se comportó a la altura del evento y no intervino en las agresiones a los cuerpos de seguridad. “Nosotros como institución estamos en contra de toda la violencia que se ha generado, específicamente en nuestro último partido. No quiere decir que nosotros apoyemos a los grupos de animación, a las barras; sin embargo, durante el partido anterior, el grupo de animación del Atlas mantuvo una compostura buena y no creemos que en este momento sea la solución cortar de tajo las barras”.

Por Clubes Unidos de Jalisco asistieron a esa junta el presidente en turno y dirigente de los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, José Alberto Castellanos Gutiérrez; el subdirector de Administración de Chivas, José Luis Suárez; por el Atlas, el director operativo, Gabriel Saucedo Torres, y el director jurídico, Héctor Lara López, y por el Club Jalisco, Jesús Rangel Díaz de León.

En declaraciones a la prensa, el alcalde Ramiro Hernández García admitió que hubo fallas en el protocolo para contener a los fanáticos que encendieron luces de bengala y subrayó que los policías golpeados ni siquiera debieron acercarse. De su equipo de seguridad –al que los uniformados culpan por haberlos puesto en riesgo– no dijo nada.

El ayuntamiento impuso una multa de 2.2 millones de pesos al Atlas. Y fue el presidente municipal quien anunció las medidas que se adoptarían para evitar hechos violentos en el estadio Jalisco: Se exigirá a los clubes locales y visitantes que entreguen un padrón de sus aficionados con nombre, domicilio y copia de su identificación oficial, se modificará el sistema de ingreso y se negará la entrada a toda persona que haya participado en actos vandálicos.

Clubes Unidos de Jalisco se comprometió a instalar torniquetes en los puntos de acceso; mejorar y ampliar el sistema de videovigilancia y a conectar su señal de video, en tiempo real, con el Centro de Comunicación y Observación Electrónica.

Refirió entonces que los guardias que contrató el club local pertenecen a Sepromex, una empresa de seguridad privada que suele reclutar personal carente de preparación. A cada vigilante le paga 150 pesos por partido.

 

Historia roja

 

No es la primera vez que ocurre una tragedia en el coloso de calzada Independencia. En enero de 2003, mientras las Chivas jugaban contra los Jaguares de Chiapas, el aficionado Sergio Pérez, de 21 años, recibió el impacto de una pieza de metal que le penetró la cabeza por el ojo izquierdo. El joven perdió el globo ocular tras varias cirugías en el Centro Médico de Occidente.

Gabriel Saucedo, el directivo del Atlas, titubeó al explicar los motivos por los que la vigilancia contratada no reportó a la policía el ingreso masivo de aficionados en la Puerta 6: “Tenemos la información de que en ese momento los elementos de seguridad privada son derribados por el grupo de animación de Chivas, son atropellados, pierden sus artefactos de comunicación y les es imposible comunicarse con los cuerpos de policía”.

Y mientras el presidente municipal de Guadalajara asegura que se pagó la jornada correspondiente a los elementos que custodiaron el estadio, el policía entrevistado manifiesta que eso es falso. Sostiene que ya se ha hecho costumbre que las autoridades cobren el servicio a los clubes por adelantado y les paguen a sus elementos hasta tres meses después de sucedido el encuentro.

También denuncia que, por cada elemento enviado, el municipio cobra a los clubes mil 800 pesos, aunque a los agentes sólo les entrega 500 pesos, y en ocasiones les permuta el pago por descansos.

 

La consignación

 

El fiscal general del estado, Luis Carlos Nájera, informó que de las 19 personas detenidas, 11 quedaron en libertad por falta de pruebas y ocho a disposición del juez quinto en materia penal por participar en los actos violentos. Tres de ellas ya contaban con antecedentes de violencia y de otra más se sabía que ya había alterado el orden público y consumido droga en al menos cinco estadios del país.

Mencionó que los ocho consignados están acusados de homicidio en grado de tentativa, lesiones, pandillerismo, robo y agresiones contra la autoridad. Las penas, según la fiscalía, podrían llegar hasta los 20 años de cárcel. Los detenidos son Manuel Alejandro Rodríguez Durán, de 21 años; Daniel Guzmán García, de 20; Luis Antonio Jiménez Moreno, de 28; Daniel Manríquez Pacheco, de 21; Miguel Ángel González Pérez, de 24; César Adrián Martínez Solís, de 20; Roberto Fabián Cabrera Cervantes, de 21, y Juan Miguel Quintero Hernández, también de 21, quienes fueron enviados al complejo penitenciario de Puente Grande.

El miércoles 26, la Fiscalía General detuvo a otros cuatro aficionados. Uno de ellos fue rastreado a través de Facebook, donde se jactaba de la golpiza que le propinaron a un policía. Se trata de Ernesto Navarrete López, de 23 años.

Los demás sospechosos están identificados como Alejandro Buenrostro Villagrana, de 28 años, y Anthony Ismael Hernández y Diego Armando Rosales Romero, ambos de 18 años.