Este 1 de abril el autor de José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio cumple 79 años. El también periodista –que ha colaborado destacadamente en Proceso– reside en Jalisco desde que el núcleo de poder de la Universidad de Guadalajara le facilitó el retorno para que pudiera dedicarse a escribir y a pintar. Hubiera querido tiempo para hacer cine y jugar beisbol, pero hasta él tiene límites y está muy consciente de ellos. De todas formas no se deja dominar, y ahora está enfrascado en concluir la que considera su última obra, una extensa investigación sobre las relaciones entre el islam y el judaísmo.
Fernando del Paso es de esos escritores a los que siempre acecha la muerte. Sin dejo de dramatismo se ríe de la fragilidad de su salud, que lo ha llevado al quirófano en al menos 15 ocasiones.
Tuvo cáncer a los 27 años, sufrió un infarto a los 54 a causa de una perforación en el corazón, y hace tiempo una isquemia cerebral le afectó parcialmente la facultad del habla. Sin embargo, el novelista dice que su vida ligada a padecimientos físicos lejos de atormentar su creatividad, ha sido quizá su principal motor, como cuando escribió su primera novela, José Trigo. Piensa que tal vez el cáncer influyó en esa obra, porque pensó que no viviría mucho tiempo.
Desde hace años Del Paso dejó de escribir novelas –el género por el que ha sido más celebrado– para concentrarse en una investigación sobre la complejidad del judaísmo y el islam, denominada Bajo la sombra de la Historia, que está planeada en tres tomos, de los cuales ya se publicó el primero.
–¿Qué planes tiene para cuando concluya esos libros pendientes? –se le pregunta.
–Ir al panteón, porque ya tengo 79 años. Dos ataques y un infarto al cerebro no son poca cosa –el autor de Noticias del Imperio parece divertido con su respuesta.
Por ahora vive en La Calma. Así se llama la colonia adonde llegó a mediados de los años noventa, cuando el entonces rector de la Universidad de Guadalajara, Raúl Padilla López, lo invitó a dirigir la recién fundada Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, cargo que conserva.
Cada rincón de su casa se encuentra repleto de objetos artísticos, dibujos suyos y estantes donde se privilegia una colección de la edición conmemorativa de los 25 años de su multipremiada novela Noticias del Imperio.
Sentado en un sofá de su sala, con unas gafas oscuras que no se quita durante la entrevista, Del Paso preserva el aspecto de dandy con el que suele asistir a las ceremonias.
Lo acompaña su hija Paulina, en quien se apoya para transmitir mejor sus ideas, igual de lúcidas que siempre.
Talento exuberante
Este 1 de abril, en su cumpleaños 79, el entrevistado recibirá en Monterrey el premio Alfonso Reyes por su trayectoria y aportación a la investigación literaria, con lo cual se sumará a Carlos Fuentes, Octavio Paz, Alí Chumacero y Juan José Arreola. Éste último fue amigo de Del Paso e incluso le editó algunos libros.
Desde ahí, su talento se fue consolidando a la par que su tenacidad. Por ejemplo, cuando Noticias del Imperio se traducía al francés, el autor, que vivía en París, sufrió un infarto. Su hija recuerda que estaba en la sala de emergencia de una clínica para recibir atención, y ahí mismo “pidió el manuscrito para revisarlo, estando todo entubado”.
–¿Por qué tenía urgencia de revisarlo?
–Por si me moría.
La memoria de Del Paso se abre generosamente cuando se le pregunta cómo surgió su vocación de escritor: dice que pudo ocurrir cuando vivió en una casa de huéspedes, donde convivía una gran variedad de personas.
“Mi abuela era de Tamaulipas, y mi abuelo materno, José Morante, fue diputado, senador, presidente de la Cámara de Senadores y gobernador interino de Tamaulipas. Él compró una casa en la calle de Orizaba 150. Después tuvo un accidente y mi abuela transformó la vivienda en casa de huéspedes. Había ahí gente de todo el mundo, muy distinta entre sí. Por ejemplo, llegó un húngaro que se casó con la hermana de mi mamá; y uno de sus amigos, un checo, se casó con mi tía Pepa. Y luego Raymundo, que era funcionario de la Ciudad de México, se casó con mi tía Felisa. Y también conocí a un diplomático inglés y a un japonés.”
Esa experiencia de multiculturalidad le dio el material suficiente para crear su segunda novela, Palinuro de México, una recreación verbal en varios niveles sobre el trauma de la matanza estudiantil de 1968 en la plaza de Tlatelolco, y a la vez una evocación de La Odisea homérica, que muchos lectores consideran la proyección de un tema local a un plano cosmopolita y otros privilegian sus aspectos presuntamente autobiográficos, pero él rechaza esta última idea.
Como si quisiera escabullirse de su enorme prestigio como escritor, en varias entrevistas Del Paso ha declarado que su verdadera pasión es la pintura, pero que hace tiempo dejó de dibujar. Admite que se ha inspirado en cierta medida en la obra de Henri Matisse, pero desgraciadamente “no puedo hacer las dos cosas; ahora prefiero escribir”.
En todo caso, es evidente que es un hombre polifacético y abarcador, al que le gusta explorar distintas áreas de conocimiento, como lo muestran sus incursiones en la historia, botánica, zoología, medicina e incluso en el cine.
“Hubiera sido como Fellini, ¡exuberante!”, interviene su hija, quien de hecho se dedicó a la cinematografía. Aparte de su pasión por esta forma de expresión artística, Paulina considera que con la estatura de su padre en el campo literario, ella jamás hubiera pensado en superarlo. Ahora realiza un documental sobre el escritor.
Sobre esta multiplicidad de intereses, Del Paso aclara que en caso de que hubiera elegido un deporte para dedicarse a él, sería el beisbol. Y recuerda que cuando era niño, portando un uniforme de beisbolista, perpetró un desastre doméstico: “Tenía 10 u 11 años, estaba ensayando frente al espejo, que mi mamá quería mucho, para ver cómo me veía al pichar. Y le di con la bola al espejo. Lo hice pedazos. Como mamá me vio muy afligido, no me regañó tanto”.
El periodista
Otro aspecto de su trabajo de lustros es el de articulista y ensayista, que sustenta el tercer tomo de sus Obras, publicado casi en secreto por el Fondo de Cultura Económica en 2002.
Quizá más conocidos en su momento por el poder de divulgación de los periódicos y las revistas, muchos de los textos de este enorme libro (mil 348 páginas) merecen sin duda otras oportunidades de lectura. En la primera parte de este volumen se compilan los artículos y ensayos que Del Paso envió desde Londres al periódico El Día y, al final y en mucha menor cuantía, a Interviú, para completar sus ingresos.
La gran variedad de temas puede resumirse en dos bloques: asuntos de Inglaterra y situaciones latinoamericanas vistas desde allá. En el prólogo a este tomo, el escritor narra su salto al periodismo:
“Tras haber escrito unos cuantos artículos –sólo unos cuantos–, dejé de darme baños de pureza, por el hecho simple, inesperado y deslumbrante, de que el periodismo –y en particular lo que suele llamarse ‘periodismo cultural’– me conquistó para siempre: entre otras cosas, porque nunca aprendí tanto, en tan poco tiempo. De ahí al ensayo no había sino unos cuantos pasos, y varias veces los caminé, haciendo camino al andar.”
Con el entusiasmo de un corresponsal que está descubriendo las posibilidades del periodismo: la ligereza de estilo, los grandes beneficios de la precisión y la brevedad, el encanto de las alusiones casuales, el poder de las frases epigramáticas, Del Paso consigue memorables perfiles de autores ingleses, punzantes críticas al colonialismo británico, crónicas de lo absurdo en Londres y vistazos a la cultura latinoamericana desde la relativa lejanía. A veces dos o tres de estos tipos de artículos en una sola entrega.
En la segunda parte, que la compiladora Elizabeth Corral Peña tituló Textos desde acá –conferencias, prólogos, ensayos y reportajes publicados desde 1969 en revistas y periódicos varios, señaladamente Proceso–, el prosista sale de los cartabones del diarismo, recupera la respiración y empieza a extender su dimensión de novelista.
Entra entonces en asuntos como la cocina mexicana, la pintura, los derechos de autor, actualidades políticas, el fondo social de un Mundial de futbol, el sistema estatal de cultura, la teología de la liberación, la artesanía…
La compiladora sitúa sus artículos en su principal producción de este género a principios de los ochenta:
“Me refiero también a la segunda gran época de su producción, que tuvo a la revista Proceso como sede principal. Su incorporación a este semanario fue paulatina y coincidió con la última etapa de su colaboración con El Día. El 14 de noviembre de 1977 se publica su primer artículo y durante los siguientes dos años hará otras cinco entregas. Entre 1980 y 1982 el nombre de Del Paso aparece con mucha frecuencia en las páginas de Proceso (…) La mayoría de estos trabajos forma parte de la sección ‘Proceso internacional’ y, a diferencia de los textos de El Día, se ocupan todas sus páginas de un solo asunto.
“Del Paso ingresó al casi recién aparecido Proceso por invitación del director, Julio Scherer García. Su primer artículo, ‘Reflexiones sobre el terror’ (número 199), aborda uno de los asuntos que ocuparán una y otra vez la pluma y la cabeza del escritor.”
Entre pares
Del Paso no sólo escribe, también es un devorador de libros. Su biblioteca consta de aproximadamente 3 mil títulos, un tercio de los cuales donó a la biblioteca del municipio de Ocotlán que lleva su nombre. Un pequeño, pero significativo homenaje para quien ha ganado tantos premios, de nivel nacional e internacional.
“Soy de los escritores que cierran una época”, dice Del Paso, no con orgullo sino al recordar a sus entrañables amigos fallecidos: José Emilio Pacheco, Carlos Montemayor, Juan José Arreola, Luis Villoro, Octavio Paz, Juan Gelman y Juan Rulfo.
Por diversas razones, no mantuvo correspondencia con ellos. Cuando falleció Rulfo, Del Paso lamentó esa omisión porque fue muy cercano a él. Por eso, en 1986 le dedicó un programa de radio al autor de Pedro Páramo para disculparse con él de viva voz: Carta a Juan Rulfo. La emisión mereció el Premio Internacional de Radiodifusión de España.
En cuanto al Premio Nobel Octavio Paz, cuyo centenario se cumple el día antes del cumpleaños de Del Paso, éste recuerda que tuvo una desavenencia que atribuye a la mala interpretación que un reportero hizo de sus palabras. La amistad se restauró cuando el autor de Linda 77, en un reconocimiento explícito a la obra de Paz, ordenó que el nombre del poeta se grabara con letras doradas en la biblioteca Iberoamericana.
Cuando Del Paso era cónsul general de México en París, se llevó a cabo, como cada dos o tres años, el coloquio “Las bellas letras extranjeras”, consistente en que 10 o más autores de varios países impartieran conferencias en varias ciudades francesas.
Escritor y funcionario, le tocó a Del Paso parte de la organización e inaugurar el coloquio. Pero el redactor de las solapas del folleto de presentación incluyó un texto de Paz.
“Él decía, como Alfonso Reyes, que los mexicanos habíamos llegado tarde al banquete de la cultura, y ese párrafo lo pusieron en el folleto de presentación… Un periodista que estaba ahí puso que Fernando del Paso destrozó un texto de Octavio Paz, y él pensó que había destruido un papel con sus palabras, pero el sentido era que no estaba de acuerdo con que habían llegado tarde.”
Siempre ha pensado que fue un error de la Universidad de Guadalajara nunca haber invitado a Paz a la Feria Internacional del Libro. “No vino porque creían que era más de derecha, y él también pensaba que la universidad era de derecha”.
Convicciones
Del Paso es de los pocos escritores que rara vez ejercieron la docencia. Él mismo narra que el líder moral de la Universidad de Guadalajara le ofreció ser académico, pero no quiso. Entonces le propuso dirigir la recién creada Biblioteca Iberoamericana, que luego se llamaría Octavio Paz, lo que le permitió obtener un sueldo fijo para desarrollar su obra literaria.
Recuerda que cuando era agregado cultural en la embajada de México en Francia conoció a José Trinidad Padilla López, quien le presentó a su hermano Raúl, quien para entonces comenzaba a extender su dominio en la Universidad de Guadalajara y finalmente le ofreció condiciones propicias para volver a México:
“Me trajo aquí con la consigna de que me dedicara la mayor parte del tiempo a mi obra. Los libros que he escrito aquí están dedicados a la universidad.”
En diciembre del año pasado, en el marco de la Feria Internacional del Libro, la Universidad de Guadalajara le entregó al novelista el doctorado Honoris Causa por su destacada trayectoria. Sin embargo, no desea hablar más de su cercanía con el exrector Raúl Padilla.
Del Paso, quien se casó a los 22 años de edad con Socorro, después de años de ser novios a la antigüita, confiesa que desde hace meses suele quedarse la mayor parte del día en cama. “Antes de eso me levantaba a las cinco de la madrugada y regresaba a trabajar en mi libro”, aclara.
Seguros de que el tema no lo deprime, quizá debido al gran alcance de sus logros literarios, los reporteros preguntan:
–¿Podría decirse que se está preparando para la muerte?
–¿Preparando qué? Eso es para un católico. Yo no soy creyente, no rezo: yo como.
Inmerso en la realidad inmediata, en la coyuntura nacional, Del Paso opina que con la reciente reforma energética impulsada por el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, se regaló el petróleo a empresas extranjeras:
“El petróleo lo regalamos a los petroleros, hay que nacionalizarlo. El sindicato recibía muchas prebendas desde siempre, desde 1938. Aunque no estábamos mejor con el PAN que con el PRI.”
Finalmente, se dice consciente de que tiene asuntos pendientes por resolver y acepta que no tiene la certeza de que vaya a concluirlos. Pero su hija Paulina, que de alguna forma es su propia voz, expresa su confianza en que la fragilidad física y la voluntad creadora que lo ha mantenido vivo continúe estimulándolo para “no dejar algo incompleto”.








