La televisión cultural mexicana nutre su programación con series extranjeras, tanto documentales como de ficción. Las fuentes no son variadas, predomina la BBC de Londres, la Deutsche Belle, la Televisión Española y en menor medida la francesa, la danesa, la belga. En el clásico espíritu del colonizado no se voltea hacia los países de América Latina para adquirir o intercambiar materiales producidos por los canales públicos. Tampoco llega lo que se está produciendo en Asia.
El predominio europeo arroja una visión limitada a esa parte del mundo. En algunos casos se transmiten de manera acrítica documentales sobre historia antigua o contemporánea sin matices, éstos devienen propaganda, distorsionando así los hechos. Un tema significativo es el de la vida en lo que fue la Unión Soviética. TV-UNAM, que debiera buscar la objetividad, ha transmitido realizaciones que dejan una desagradable sensación de posturas anticomunistas. Usan a personas que fueron encarceladas, sufrieron exclusión y malos tratos para, a partir de su testimonio, pintar un sistema carente de la menor ventaja social. Los logros soviéticos en ciencia, salud, educación se ocultan para resaltar sólo el autoritarismo.
Asimismo en Canal 22 se emiten series extranjeras, con la ventaja de que las escogen con calidad en la factura. Actualmente se encuentra al aire una sobre la historia de Inglaterra, cómo devino en nación, las etapas por las que atravesó antes de ser un imperio y luego un Estado moderno. Cada episodio relata una fase del desarrollo y las acciones heroicas de los líderes o los pueblos, también la crueldad, las matanzas, los atropellos en la lucha interna por el poder. Sin embargo, cuando se trata de las invasiones de otras naciones, su sometimiento, la explotación y saqueo de las riquezas ajenas, los ingleses se cuidan de presentarlo suavizado. No hay punto de vista de los colonizados, de los pueblos que perdieron su independencia a manos de la “pérfida Albión”.
Las repeticiones se han vuelto parte indisoluble de la programación de los canales públicos. Las series y las películas adquiridas pueden aparecer tres, cinco veces en su versión completa. Por ejemplo Isabel, de la televisión española, está de nuevo en la carta programática del 22. TV-UNAM reitera no sólo las producciones foráneas, también las propias. En una falta de respeto a la audiencia saca del archivo realizaciones que tienen 10 años de elaboradas, esto es especialmente molesto cuando se trata de programas sobre descubrimientos científicos del momento que suelen haberse superado. De las producciones propias se generan nuevas temporadas sin grandes cambios, lo cual llega a cansar a la audiencia.
Con las reducciones presupuestarias a la televisión pública resulta explicable la baja en las realizaciones nuevas y la compra de series que suelen ser más baratas en comparación con programas hechos en casa. Sólo que así se va perdiendo la identidad de un canal.








