Sin oportunidades, los jóvenes se van

Estudiaron, se graduaron, siguieron estudiando, se prepararon a conciencia… y no consiguieron un empleo acorde con su calificación profesional. Miles de jóvenes españoles protagonizan ahora un fenómeno que empieza a ser alarmante: la fuga de talentos por falta de oportunidades. Al revés de lo ocurrido en los noventa, la “década dorada” cuando las ofertas de trabajo llevaban a España a profesionistas exitosos de toda Europa y Latinoamérica, ahora son otras naciones –China, Australia, Estados Unidos, Ecuador y México, entre muchas otras– las que se benefician del nuevo éxodo.

MADRID.- Mientras el debate político en España se centra en la llamada “invasión migratoria” de africanos, el país padece una sangría: miles de jóvenes españoles emigran debido a la falta de empleo. Mientras unos llegan a lo que consideran el paraíso europeo, otros se van por la carencia de oportunidades.

Ricardo Uriarte, treintañero egresado de la carrera de comunicación audiovisual de la Universidad de Valencia, relata a este corresponsal que la primera semana de febrero viajó a Perú contratado por una empresa que promueve el turismo de aventura.

Con estudios de posgrado y dominio del inglés, este joven murciano sostiene en entrevista vía Skype: “Me cansé de no poder ejercer en comunicación (no hay opciones ahí), de obtener empleos de media jornada y mal pagados; sobrevivía con unos 650 euros al mes. Comparado con mi hermano mayor que antes de la crisis era mileurista (ganaba mil euros), yo estaba al límite (mínimo) para cubrir mis gastos”.

En diciembre anunció a sus compañeros de departamento que se iba “para que consiguieran a alguien que ocupara mi sitio en la vivienda, porque es la única forma de pagar un alquiler y compartir gastos”.

Uriarte envió “cientos de currículum vitae por ofertas de trabajo, perdí la cuenta”, pero sólo dos se tradujeron en empleos temporales y “muy mal pagados”. Por eso critica que “los políticos insistan en el discurso que deja la idea de que somos responsables de la crisis o antes de ésta vivimos por encima de nuestras posibilidades”.

La franja de jóvenes en la que se ubica Ricardo Uriarte ya se conoce popularmente como “la generación perdida” pues, según datos oficiales, la crisis económica española arroja un desempleo juvenil de 57.4% (889 mil 300 jóvenes), sólo rebasado por Grecia (58%) y en contraste con Alemania, con 7%.

Esa franja es parte del paro (desempleo) general en España, que se situó en 26.3% de la PEA en 2013. Es decir: 5 millones 896 mil 300 trabajadores en paro, según la Encuesta de Población Activa (EPA) que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística (INE) el 23 de enero pasado, la cifra más reciente.

Son 69 mil trabajadores menos en paro que en 2012, pero no son datos para alegrarse, y la misma EPA explica la razón: España perdió a 198 mil 900 ocupados y parados, quienes dejaron de estar en la seguridad social. Esto obedece a que dejaron de buscar empleo, otros lo abandonaron para emigrar y unos más están en la economía informal. Las pocas oportunidades existentes son de empleos temporales y tan precarios que ya fueron bautizados como “empleos basura”.

A su vez la oficina estadística europea, Eurostat, también dio a conocer el pasado enero que la tasa de desempleo entre los jóvenes de España llegó a 57.7% (983 mil), según datos recogidos hasta noviembre del año pasado.

 

Éxodo de posgrados

 

Aunque hasta ahora no ha sido una emigración masiva, ya es más que notoria. A diferencia de la emigración rural de los cincuenta y sesenta, que se retrató en la película Vente a Alemania, Pepe (Pedro Lazaga, 1971), la actual es de personas bien preparadas: muchos tienen estudios de posgrado y una segunda lengua. El fenómeno incluso ya se extendió a profesionistas de hasta 45 años a quienes se les cerraron las fuentes de trabajo aquí.

El 89% de los españoles que emigró a otros países, principalmente de Europa, tiene educación superior, según un estudio de Carmen González, del Real Instituto Elcano, presentado durante la jornada Migración en Tiempos de Movilidad organizada en noviembre por la Universidad Abierta de Cataluña.

Pero las cifras de ese estudio son conservadoras: concluye que de 2009 a 2012 salieron 40 mil nacidos en España (20 mil a Europa, 7 mil a América Latina y 13 mil a otros lugares), además de los 105 mil inmigrantes naturalizados españoles que regresaron a sus países.

Amparo González Ferrer, socióloga y especialista en demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas discrepó en el mismo evento, al presentar las conclusiones del amplio estudio que elaboró para la Fundación Alternativas, el cual especifica que entre 2008 y 2012 emigraron más de 700 mil españoles, lo que triplica los 225 mil que estima el gobierno de Mariano Rajoy.

Contrastando información oficial de los países de acogida (Alemania, Inglaterra, Francia y Ecuador) y de España, González Ferrer señala que el Reino Unido registra 113 mil españoles frente a los 21 mil que reconoce el gobierno español. “España pasó a ocupar el puesto 14 como emisor de migrantes laborales a Reino Unido en 2010 y el segundo en 2013, sólo detrás de Polonia”, señala el estudio.

Sostiene que en 2010 la emigración española a otros países de la Unión Europea era más intensa que en otros países del sur de Europa también afectados por la crisis.

Su análisis estadístico concluye que, desde la crisis, el retorno de españoles se redujo, y pone como ejemplo que en 2008 por cada 10 llegadas de españoles a Alemania se producían 11 retornos, pero en 2012 sólo se dio una proporción de cuatro retornos.

Con la crisis, agrega, se registra un crecimiento de la emigración masculina y de personas de entre 25 y 44 años, lo cual confirma la “laboralización de los flujos” y anuncia mayor duración de las ausencias, por considerar que muchos viajan con la familia.

“Sabemos que existe vinculación con la crisis, pero no sabemos si se va más gente desempleada o si sus pretensiones laborales son más altas”, dijo González Ferrer en su ponencia, donde criticó que las fuentes españolas “subestiman este fenómeno”.

En su turno, Adela Ros, del Internet Interdiciplinary Institute, sostuvo que esta migración representa un “fracaso” porque el país no les ofrece oportunidades. “Se está yendo la gente que no ve presente ni futuro en España”, añadió.

El diario El País publicó en 2013 una sección denominada “Expatriados” en la que analizó el fenómeno y recogió testimonios de jóvenes españoles que emigraron a 20 países: China, Singapur, Australia y otras naciones.

El rotativo incluyó nueve testimonios de jóvenes que actualmente viven en México, todos ellos profesionistas, varios con posgrados y algunos con intención de una estancia larga.

Pero no son sólo los jóvenes españoles quienes se van. Lo hacen también los extranjeros que llegaron a España durante la “década dorada”, la última del siglo anterior, cuando en el mundo se hablaba del “milagro español”.

Un informe del INE, divulgado el pasado 17 de enero, arrojó 190 mil extranjeros menos registrados en el padrón –datos al 1 de enero de 2013–, cifra considerable si se toma en cuenta que en 2007 y 2008 llegaron 700 mil.

Muchos vuelven a casa, como los ecuatorianos, cobijados por sus ahorros y por un programa del gobierno de Rafael Correa –Bienvenido a Casa– que facilita el regreso. El presidente ecuatoriano también firmó con España un convenio para ofrecer trabajo a 30 mil profesores españoles de primaria y educación media y a 8 mil médicos de distintas especialidades.

 

Científicos devaluados

 

Pese al drama, la secretaria general de Inmigración y Emigración del gobierno español, Marina del Corral, frivolizó diciendo que “los jóvenes emigran porque tienen un espíritu aventurero”.

No es el caso del joven arquitecto David Brenes, quien emigró en 2011 a Shanghái luego de perder el empleo y sin opciones de obtener otro. “Hasta entonces trabajé en una empresa constructora en Madrid, pero mis jefes decidieron no renovarme (la plaza) debido a una baja de contratos de obras”, relata a Proceso.

“Una antigua compañera de la universidad me comentó que China, si bien estaba lejos de ser la panacea que había sido años atrás para los extranjeros, seguía siendo buen mercado para buscar empleo.

“Decidí probar suerte sobre el terreno, como me habían recomendado. Y gracias a algunos amigos que ya estaban en Shanghái conseguí rápido algunas entrevistas de trabajo y la primera oportunidad que me ofrecieron la aproveché, lo que me permitió obtener los papeles de trabajo, sin los cuales no puedes residir en China.”

Reconoce que al principio “el choque cultural fue brutal y quizá llevar tanto tiempo aquí me ha hecho adaptarme y no apreciar tanto las diferencias, como quien llega por primera vez”.

Las historias van desde los casos inadvertidos, como el de David Brenes, hasta los que ocupan titulares en la prensa. El director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, Juan Carlos Izpisúa, dimitió en enero por falta de apoyos financieros y políticos del gobierno central y de la Generalitat de Catalunya; la noticia fue ampliamente difundida por El País y otros medios, pues Izpisúa es uno de los líderes mundiales en investigación con células madre. Se prevé que migre a algún centro de investigación en el extranjero.

Otro caso es el del físico Diego Martínez Santos, quien el 6 de mayo pasado recibió una carta del Ministerio de Economía y Competitividad para notificarle que le denegaban una beca Ramón y Cajal –programa destinado a recuperar cerebros en el extranjero– porque su “nivel de relevancia internacional” era menor que el de otros investigadores. La carta añadía: “No ha demostrado todavía claramente capacidad de liderazgo científico”.

Horas después de ser rechazado por el gobierno de Rajoy, Martínez Santos recibió de la Sociedad Europea de Física el nombramiento como “mejor joven físico de partículas del año”.

Esto dio pie a que la prensa española recordara el caso de la bióloga Nuria Martí Gutiérrez, quien en 2011 fue despedida del Centro de Investigación Príncipe Felipe, de Valencia, y de inmediato fue recibida por la Universidad de Oregón, donde después se distinguió por participar en una investigación novedosa que consiguió las primeras células madre humanas por clonación.