En la sesión solemne montada en el Congreso estatal para colocarle el lauro de “benemérita” a la UdeG, hubo a rabiar fervorines y dichos de ocasión. Todas del contentillo y en abundancia. Resultaría ingrato y ocioso glosar cada homilía ahí vertida, unas por sus excesos verborreicos, otras por la intrascendencia de su contenido. Fueron discursos que lo mismo sirven para un barrido que para un regado. Sin embargo, de algunas afirmaciones ahí soltadas puede escarbarse material ilustrativo. Por ejemplo, de lo dicho por Trino Padilla, el hermano de Raúl.
Trino fue secretario y luego rector general de la empresa familiar en que han convertido a la UdeG. El clan quemó sus naves en 1997 para irse a la aventura política de tripular la barca del PRD. Pero hace cinco años Trino se fue de diputado federal con las siglas del PRI. No les deben haber salido muy bien las cuentas de su aventura a esos muchachitos “tan esplendorosos”. Así los calificó Porfirio Muñoz Ledo cuando los presentó como la adquisición más valiosa que había hecho el partido del sol azteca en Jalisco y les entregó en bandeja de plata el partido. Lo puso en sus manos para que hicieran con él lo que les viniera en gana y éstos le cumplieron el gusto a cabalidad. Ya lo tienen al borde del colapso. Para todo les ha servido, menos para dejar que la militancia arrope luchas de reivindicación popular, que es su razón de ser.
Volviendo a Trino, hay que decir que terminó su periodo federal y se vino de diputado local, otra vez por las siglas del PRI, por supuesto. Él fue el promotor central de la iniciativa de nominar a la UdeG con el adjetivo de benemérita. De pleno derecho le tocaba entonces participar en el numerito. Palabras más, palabras menos, sostuvo, entre otras afirmaciones, lo siguiente: ‘Hay que resaltar el peso académico de esta institución, su compromiso social y ético, así como el pensamiento libre y crítico que ahí se cultiva’.
Se vale hablar de más o de menos en cualquier foro. Y más si se es diputado, ya que el manto de la inmunidad les cubre para externar sus opiniones. Pero habrá que tener memoria y atenerse a los hechos reales para que lo expresado no se revierta. ¿Dónde o en qué tiempo vería Trino que en la UdeG se cultiva el pensamiento libre y crítico? ¿En la FEG, cuando él fue presidente de esa organización estudiantil criminal, o en la rectoría, cuando le cuidó por seis largos años el changarro a su hermano Raúl? Lo que se cultiva y se ha cultivado en las instancias que instituye la UdeG es el libreto de las consignas, la línea, el dedazo, la imposición y el jefismo. Todos estos formatos operativos no son sólo ajenos, sino hasta contrapuestos a lo que pueda calificarse como pensamiento libre y crítico.
En la UdeG se aplica a pie juntillas el postulado maquiavélico de que a los de abajo les toca callar y obedecer la voz de quienes toman las decisiones, de los jefes pues. Nuestro sistema político produjo muchos organismos corporativos, para funcionar. Si eran necesarios o no, es cosa sometida ya al juicio de la historia. Casi todas han pagado o están pagando el precio del desgaste. Algunas se han desplomado, como la CTM, la CNC, los sindicatos, los ejidos y otras organizaciones más. Un ejemplo prístino y muy actual es el derrumbe que sufre por estos días el IFE. Tras 15 años de tumbos y caídas, va a tener que ser suplido por el INE. Su desgaste fue suficiente para cambiarlo por otra, que tal vez vaya a ser la misma gata, aunque revolcada.
Es de asombrar que la UdeG, corporativa y oficialista, hermana gemela de esos organismos en proceso de desaparición, no acuse fatiga. Como que por ella no pasan los años. Al contrario, cada día se le mira más rozagante y lozana, al grado de ahora haber sido convertida en benemérita. Cada día que pasa le entregan más fondos y resultan más notorios sus nexos con los hombres del poder. El relumbrón es su norma. El año pasado en noviembre, por citar otro evento rumboso, se dio el cambio de estafeta en la FEU. Marco Antonio Núñez le entregó la presidencia a José Alberto Galarza Villaseñor, El Rojo, en el auditorio Salvador Allende. No era más que cambio de dirigencia estudiantil, pero se dieron cita, aparte de las autoridades universitarias, Tonatiuh y El Atenguillo, el diputado priista Trino Padilla, el presidente del Tribunal de lo Administrativo del Estado Armando García Estrada, el diputado Enrique Velázquez y el presidente del IEPC, Tomás Figueroa.
Lo más notorio es que acudiera el propio gobernador Aristóteles Sandoval. Fue cuando dijo, queriendo repetir de memoria la directriz que diera Salvador Allende a los jóvenes en su ya legendaria visita a esta universidad, que “ser joven y revolucionario es hasta una contradicción biológica”. Al menos así lo registraron los medios en dicha jornada. Allende formuló lo opuesto a la aberración expresada por Aristóteles: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, que no es lo mismo. Aunque, viéndola bien, tal vez no sea una mera cuestión de dislexia, sino de deformación intencional con lo que se hace desde hace varias décadas en la universidad estatal con la población juvenil que pasa por sus aulas. El esfuerzo persistente por desgastar los engranes del pensamiento crítico en los jóvenes es proverbial y no la especie inversa, que es de la que ahora quieren cobrar tributo.
Ojalá quedara su esfuerzo por mancar visiones alternativas sólo al nivel de la masa juvenil. El grumo de docentes e investigadores que ahí labora, o acepta el sometimiento y aprende a callar si desea conservar el puesto remunerativo que detenta, o es marginado si no es que hasta expulsado de la institución. Hay muchas formas de cortar la relación laboral y más en estos tiempos en que la legislación laboral ya no busca proteger a los operarios.
No se tome a exageración lo aquí afirmado. Se trata de un proceso enajenante que conjuga muchas variables. Puede cooptar hacia arriba arrebatando y envaneciendo; o puede destruir hacia abajo tragando y haciendo desaparecer. Hacia arriba embrutece, ensoberbeciendo el ego del intelectual al que encandila; hacia abajo demuele, minando su base económica, de no plegarse a la línea dictada. Lo del golpeteo hacia abajo es conocido y fácil de ejemplificar. El proceso que tiene que ver con la mediatización operada hacia arriba es más fino y sutil. No se reduce al mero maiceo o a la burda compra de conciencia. Sin comprar con cheques comprometedores, se puede inducir al iluminado a entrar al redil. Se le puede mantener callado y sumiso con hacerle vivir, como propia, la ilusión de integrarse a una nube de exquisitos, léase investigadores, académicos, magistrados o personajes de relumbrón, que pululan en cuantos foros ad hoc se construyen para su hueco lucimiento. Uno de ellos es la FIL, por ejemplo. No cabe duda que los antiguos tenían razón al afirmar que el demonio se esconde en los detalles.








