Parece que All Is Lost (EU, 2013) se estrena aquí finalmente como Hasta el final. El título en inglés es simple pero, en el contexto, difícil de traducir; tampoco resultan cómodas etiquetas como las de película de supervivencia (“survival movie”) para describir este trabajo de J.C. Chandor, realizador descubierto en Sundance, el festival de cine independiente fundado por Robert Redford.
Importa aclarar que Cuando todo está perdido no es una más de acción, y esto pese a que en los 105 minutos de duración su único protagonista, Robert Redford, intenta mantenerse vivo luchando contra los elementos para mantenerse a flote; primero en su pequeño yate fracturado por un contenedor comercial flotando a la deriva, y luego en una balsa inflada en pleno Océano Indico infestado de tiburones.
A partir del momento en que despierta, irritado más que asustado, el personaje sin nombre, sólo mencionado en los créditos del final como Nuestro Hombre (Our Man), no deja de actuar resolviendo una contingencia tras otra; sin diálogo alguno, excepto una carta leída en off durante el prólogo y escrita hacia el final, el veterano Robert Redford es aquí ejecución pura. Su actuación se ancla en la acción concreta, tapar el agujero producido por la primera colisión, resolver o adaptarse a series de emergencias que ocasiona una tormenta, recolectar agua para beber, desplegar y plegar las velas, escalar y maniobrar en el mástil.
Sin palabras, Redford transmite pensamientos a través de gestos y parpadeos; la vida interior de un hombre en situación desesperada, consciente de que la clave de la sobrevivencia es no desesperar. Este Nuestro Hombre está a la altura de las circunstancias; marinero o aficionado con mucha experiencia, aplica todas las medidas de emergencia, recurre a todos los subterfugios que contiene el yate para casos extremos y poco probables. El minucioso cuidado en la manipulación de objetos y recursos concretos propone una forma de contemplación, la de la vida interior del ser humano frente a la adversidad de la naturaleza. El pequeño yate es todo un compendio de civilización y técnica.
La asociación obvia es con El viejo y el mar, o una reacción silenciosa contra la locuacidad y los efectos especiales de La vida de Pi. El realizador opta por una forma de realismo técnico que Redford desempeña con pericia de atleta; aunque se utilizaron tanques de agua en los estudios de Baja California, la mayor parte de las escenas ocurren a mar abierto.
Un tratamiento tan realista, de falso documental, no se presta mucho a interpretaciones metafóricas; pero si se insiste en encontrar algún sentido emblemático, más que evocación de una novela de Hemingway, Cuando todo está perdido sugiere la imagen de un pequeño Titanic. La hibris de un viejo marinero viajando solo, con el equipo más moderno, desafiando al mar. Situación paralela a la que narra Sean Pean en Into The Wild (2007), el caso real de un joven que pretende sobrevivir solo en los bosques de Alaska.








