La alegría del son jarocho inunda la comedia de La dama boba en versión libre de Camila Villegas para llevarnos por una variedad de situaciones fácilmente identificables.
Finea en el Papaloapan mantiene la trama original de Lope de Vega, pero ubicada a orillas del Papaloapan. Combina la sonoridad del verso barroco con las décimas del son veracruzano y el huapango, el canto con la interpretación. La visual del director Ignacio Escárcega y la franqueza actoral dan una refrescante interpretación de esta comedia de enredos donde los juegos de seducción atan y desatan a las parejas de forma ágil y divertida.
La historia se centra en dos chicas: una inteligente y otra tonta cuyo padre quiere casarlas. A la última le asigna una herencia por temor de no encontrar marido y ella ni en cuenta. Mientras los pretendientes van y vienen, ellas, chispeantes, cada una a su manera, se enamoran del mismo hombre y lentamente van descubriendo sus deseos reales y luchan por ellos. Es admirable el desempeño de las actrices Yael Albores y Tsayamhall Esquivel, y Azucena Miranda en el papel de la mucama, por su frescura y vivacidad, aunque la hermana lista a veces desentona. También resalta la simpatía del lacayo, interpretado por Fernando Sánchez y la naturalidad de Isaí Flors, aunque algunos personajes que representa no se ajusten a su tipo.
Camila Villegas es una joven dramaturga formada en la escritura en la escuela de Sogem y el taller de dramaturgia de Gabriela Ynclán. En Finea en el Papaloapan sazona a sus personajes con coloquialismos, sin llegar a lo pintoresco, y con gustos, costumbres y palabrerías de la costa veracruzana. Su trabajo convive con la música original y los arreglos de Marcial Salinas, la cual rebosa todo con una gran vitalidad.
En esta puesta en escena Ignacio Escárcega explora con acierto la espontaneidad actoral y la sonoridad escénica. Resalta su capacidad en el manejo de grupo, donde los actores parece se sienten cómodos y alegres. Su trazo escénico, en apariencia sencillo, goza de exactitud y armonía. Son ingeniosos los detalles como el nado de las hermanas en el río/tapete, el reto del zapateado o las enseñanzas del alfabeto.
Finea en el Papaloapan despierta en el espectador ese espíritu festivo donde la jarana, el canto y los personajes dicharacheros incluyen al público a la fiesta. Porque así empieza la obra, como si hubiéramos sido invitados a una fiesta en un pueblo de la costa en los sesenta, donde los actores están sentados en sillas de madera frente a un “tablado”. Ahí tocan la guitarra, las maracas o la jarana al mismo tiempo que platican y cantan en prosa o en verso, sin que se sienta forzada la rima o nos traslade al Siglo de Oro.
El Colectivo Escénico El Arce tiene en su haber otras obras de teatro como El fuego de Yalta y Muebles en la cabeza que darán funciones en abril, y puestas en escena ya presentadas como Tutoriales de Verónica Maldonado y Heimweh Estaciones de Myriam Orva.
Finea en el Papaloapan se presentó en 2013 en el Festival de Colima y en el Círculo Teatral de la Ciudad de México. Ahora se encuentra dando funciones hasta el 23 de marzo en la Sala Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, en el que la algarabía de los actores/personajes convierten cada función en un acontecimiento gozoso.








