El filósofo Luis Villoro se dedicó “con una tremenda pasión y desmedida intensidad a la cátedra, incluso fue su actividad principal, a diferencia de los otros miembros del conocido grupo de ideólogos Hiperión”.
Así, sin desvalorar también la labor como investigador del pensador fallecido el pasado 4 de marzo, Roberto Escudero Castellanos (uno de sus discípulos) recuerda al autor de En México, entre libros. Pensadores del siglo XX y Estudios sobre Husserl. En ningún instante cesa de hablar de la labor como profesor del ensayista de origen español, e incluso, sin reserva, va más allá:
“Villoro es el último de los grandes maestros de filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Además, fue el único que persistió, ante todo, en su vocación de profesor, hasta que ya no pudo impartir clases por su edad. Por ejemplo, Emilio Uranga terminó de asesor de la Presidencia.”
Quien fue representante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH) del Movimiento Estudiantil de 1968, luego exiliado en Chile, además de haber fungido como director de la revista Punto Crítico (1972-75) y director de la revista Territorios de la UAM-Xochimilco (1976-82), Escudero Castellanos recuerda con cariño a sus otros grandes maestros, como Adolfo Sánchez Vázquez y José Revueltas, pero asegura que Villoro fue su principal influencia:
“Fue el del más amplio espectro de conocimientos. Hablaba de muchos tópicos, desde teoría del conocimiento hasta del renacimiento, en fin. Su mirada de filósofo abarcó muchos términos. Todo, con exactitud, lo estudiaba y era directo. No usaba palabras de más.
“Para mí, los mejores libros que publicó fueron sobre México, Los grandes momentos del indigenismo en México y El proceso ideológico de la revolución de independencia. Sé que no van a concordar muchos conmigo, pero estos volúmenes me parecen excelentes porque son sobre el país. Allí sus reflexiones son notables y son importantes para la conciencia del país. No hay muchos libros sobre México así. Bueno, en general todas sus publicaciones son buenas. Sus ensayos aportan mucho.”
Villoro comenzó en 1948 su trabajo de docente en la Facultad de Filosofía y Letras, “y su disciplina y su compromiso en esa área eran extraordinarios”, subraya una y otra vez.
–¿Cómo era el filósofo al impartir clase? y ¿tenía algún método de enseñanza?
–No contaba con un método de enseñanza porque no lo necesitaba, y no consultaba ninguna fuente en ese momento porque todo, absolutamente todo, lo sostenía de memoria y todo lo poseía muy reflexionado.
“Se levantaba de su silla y empezaba a frotarse las manos. Era muy nervioso porque daba sus clases con mucha intensidad, esa era la manera con la que se comunicaba con nosotros. Lo veíamos muy apasionado por la cátedra que estaba impartiendo. Definitivamente, no era un profesor que se sentara y empezara a exponer un guión. Sabía qué enseñar, decir, explicar, y hacerlo de manera dinámica. Era único. Realmente lo provocaba a uno para seguir estudiando filosofía. Él deseaba que aprendiéramos y esa era su manera de impulsarnos. Andaba de un lado para otro en su escritorio. Incluso su claridad atrapaba al instante. Era tan eléctrico, nos impresionaba a todos con los diferentes tópicos que abordaba.
“Sus cátedras y sus libros son el gran legado de Villoro.”
–Del grupo Hiperión, ya era el único fundador, ¿verdad?
–Sí, todos fallecieron antes, al final se quedó sólo. Con su pérdida es como si nos hubieran mutilado. Uranga murió en 1988, después Jorge Portilla, Ricardo Guerra, Leopoldo Zea, en fin, todos formados por José Gaos. Comenzaron como existencialistas. Los hiperiones consideraban que filosofando sobre el “ser mexicano” podía hacerse más patente el esclarecimiento de nuestra realidad.
–¿Ha sido valorado como profesor?
–Sí, claro. Su vocación académica era muy, pero muy fuerte. Era un hombre sensacional. Sabemos que le interesó mucho el problema indígena, bueno, fue importantísima su intervención en las negociaciones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con el gobierno federal. Lo estimo mucho, y deja un hueco en la Facultad de Filosofía y Letras, no veo que haya alguien tan preparado y lleno de sabiduría. ¡Era un sabio en filosofía y en otras materias…!
En el portal Enlace zapatista se publicó una carta sobre el fallecimiento de Villoro, en la cual se lee:
“…El entusiasmo de don Luis con el levantamiento zapatista de 1994 fue claro. En un país multicultural, era obvio que se hablara de la presencia de las culturas indígenas, romper la ideología predominante del México homogéneo, aprender que hay otras formas de vivir el mundo, de entenderlo. Con el levantamiento zapatista de 1994, don Luis entendió inmediatamente que la conciencia autónoma indígena no era sólo una realidad revelada, sino algo más bello, era una realidad revelante, ahí está el zapatismo que habla desde sí mismo y por sí mismo y que desde esa conciencia se llama a construir nuevos cimientos de país y de mundo.
“Don Luis Villoro, más allá de su importantísima labor académica, era también nuestro compañero porque desde lo que era, lo que hacía, caminó, camina su pensamiento en las aspiraciones de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, porque era congruente, porque nunca dejó de solidarizarse con nuestras compañeros y compañeras zapatistas; su participación en ese grandioso intercambio de pensamientos que fue el Festival de la Digna Rabia está en nuestra memoria. Son inolvidables también los intercambios epistolares de don Luis con el Subcomandante Insurgente Marcos. También estará en nuestra memoria su gran entusiasmo, sus aplausos, su oído, risas y sonrisas de compañero que escucha a otro compañero, a otra compañera.”
A la pregunta cómo recordará a Villoro, Escudero Castellanos, quien suscribió con Gerardo Estrada, entonces representante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM ante el CNH, el Manifiesto a la Nación 2 de Octubre con el que formalmente se levantó la huelga el 17 de octubre de ese año, asesta enseguida:
“Siempre lo recordaré con un gran cariño y con un gran agradecimiento por lo que me hizo conocer de filosofía.
“Era muy amable, ¡su simpatía era apabullante!, desde la Coalición de Maestros, la cual sirvió de apoyo y fue un gran incentivo moral, destacó con su solidaridad. Defendió el Movimiento del 68, no nos imponía nada ni nos dijo qué hacer. Creo que fue uno de los mejores mexicanos, sin duda.
“Era absolutamente de izquierda, eso se observa en sus libros y también en las causas que abrazó. En lo del 68 fue a las marchas, y cuando tomaba una decisión el Consejo Nacional de Huelga, estaba ahí para apoyarnos. Siempre charlábamos de manera cordial, esta es otra de sus cualidades. Era muy accesible, gentil, simpático. Y repito, no imponía nada. ¡Es muy triste su partida!, ¡muy triste!…”
Concluye:
“Lo bueno es que como catedrático dejó una marca imborrable en varias generaciones.”








