Mientras las protestas sociales se suceden en Venezuela, el presidente Nicolás Maduro conmemora el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana… pero esa revolución, que benefició a los más pobres, ahora viene dando tumbos cuesta abajo. El desabasto y la carestía son los rostros más visibles de la debacle económica que se cierne sobre el país sudamericano. Especialistas afirman que, de seguir así las cosas, la inconformidad social permeará a las clases bajas, recalcitrantemente chavistas hasta ahora, y entonces sí vendría el caos total.
BOGOTÁ.- El primer aniversario de la muerte del “comandante eterno” de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, tiene sabor a crisis: mientras el presidente venezolano Nicolás Maduro encabeza los actos oficiales –que se prolongarán hasta el viernes 14–, miles de jóvenes estudiantes mantienen la protesta social en todo el país.
Cada día grandes avenidas de Caracas y otras ciudades son bloqueadas con barricadas. La Guardia Nacional lanza gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, éstos se repliegan, responden arrojando piedras, obstruyen de nuevo la vialidad y decenas de ellos –de 20 a 40 por jornada– son detenidos.
Un tipo de protesta menos visible se hace a cuchicheos entre las largas filas de consumidores que todas las madrugadas comienzan a formarse en los supermercados y centros de abasto. Es la búsqueda cotidiana de alimentos. Allí se encuentran chavistas, opositores, amas de casa de clase media y gente humilde con las camisetas rojas de la Revolución Bolivariana.
Todos están ávidos de conseguir la harina para las arepas (tortillas), arroz, leche, papel sanitario, y no saben si ese día lo lograrán. Todos expresan malestar e irritación por la espera y el desabasto y cada vez son menos los que creen que “la guerra económica del imperialismo” –como proclama el discurso oficial– sea la causante de la escasez.
El doctor en ciencias políticas de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Alexis Alzuru Aponte, sostiene que las manifestaciones en las calles y el creciente malestar social que se advierte entre la población por el desabasto de alimentos y mercancías plantean al gobierno de Maduro “una crisis que es irresoluble en el marco del modelo político que Chávez le heredó.
“Si Maduro cede ante la protesta y modifica el modelo, el frágil piso que tiene entre el mismo chavismo se terminará por quebrar, y si no lo hace, la creciente crisis de bienestar que padecen los ciudadanos orillará a los sectores populares, que son los que pueden definir esta crisis, a dar el salto a la protesta de calle para solicitar la renuncia del presidente”, dice a Proceso el profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV.
Según el académico los pobres de Venezuela son chavistas y su participación en las protestas, por ahora, es marginal.
“Tenemos un país”, dice, “que transita por una ruta en la cual se podrían cruzar, en algún momento de este año, la crisis de bienestar con la crisis política que ya se da entre las clases medias y algunos sectores populares. Entraríamos a una situación mucho más compleja en la que estaría presente el riesgo de una revuelta social”.
Para el politólogo y maestro en filosofía, “a un año de la muerte de Chávez, Maduro está acorralado en la inviabilidad del modelo que le heredó” el líder de la Revolución Bolivariana.
Exageraciones
Diputado del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Saúl Ortega considera que a un año del deceso de Chávez “la Revolución del Siglo XXI (como también denominó el caudillo a su proyecto socioeconómico y político) está más afianzada que nunca y el país tiene su marcha normal”.
–¿No cree que existe una crisis social y política muy seria?
–Esas son exageraciones. Aquí lo que tenemos son protestas violentas de pequeños grupos de la ultraderecha venezolana, pero no son en todo el país. Son en 18 municipios (de 337 que tiene Venezuela) donde gobiernan los alcaldes de la oposición. Ellos tienen gente en las urbanizaciones que se han dedicado a estos actos vandálicos en el este de Caracas, que es la zona de los ricos, y en algunos puntos de San Cristóbal (capital del estado Táchira, fronterizo con Colombia).
Según Ortega, los 18 muertos y más de 300 heridos en las manifestaciones se deben a que “la ultraderecha responde con violencia y el Estado tiene la responsabilidad de establecer el orden público”.
–¿No considera que ha habido un uso excesivo de la fuerza por parte de la Guardia Nacional?
–Donde esto ocurra, se investiga. Los funcionarios tienen un protocolo de ley para el control de manifestaciones y orden público. Este es un país democrático, donde impera la ley, y si alguien se sale de ese protocolo, que responda por sus actos. Nada justifica la violencia. Venimos de un proceso electoral que ellos (la opositora Mesa de la Unidad Democrática, la MUD) catalogaron de plebiscito y lo perdieron abiertamente. Quieren el poder por vías no democráticas, por la vía de la sublevación, y eso no puede ser tolerado y no puede ser apoyado por nadie que se diga demócrata, ni dentro ni fuera de Venezuela.
Las elecciones a las cuales alude el diputado chavista fueron las de diciembre pasado para elegir 337 alcaldes, de los cuales el PSUV obtuvo 242 y la MUD 75. En votos totales el partido oficialista superó por nueve puntos porcentuales a la oposición, aunque esta ganó municipios emblemáticos y de alta población, como Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Mérida y la alcaldía mayor de Caracas.
Ortega, un antiguo militante de izquierda, educador y maestro en planificación de la Universidad de Carabobo, acepta que hay malestar entre la población por el desabasto, la inflación y la alta criminalidad, pero “nada justifica los actos violentos y perniciosos que desarrolla la oposición, que quiere el poder por la vía no democrática”.
–La oposición ha documentado que los actos violentos son de los colectivos chavistas.
–Eso no existe, es un invento de ellos. La violencia está ahí, pero es de ellos, la puedes ver en los videos. Esos son fascistas, no son demócratas. Los “colectivos” (como denomina la oposición venezolana a los grupos de choque chavistas que han disparado contra manifestantes) son ellos, y los violentos son ellos.
–¿Qué salida le ve a esta crisis? ¿Cree que hay posibilidad de diálogo entre el gobierno y la oposición?
–La mesa de diálogo está convocada por el presidente de la república, pero como ellos responden a los lineamientos de la embajada americana habría que preguntarle al señor Obama cuáles son los planes que él tiene para seguir subvirtiendo el orden en Venezuela.
Maduro convocó a una Conferencia Nacional de Paz el pasado 22 de febrero, a la cual no acudieron los dirigentes de la MUD por considerar que el gobernante pretendía imponer una agenda y ganar tiempo ante la crisis. El diálogo político, por ahora, es improbable.
–Sin diálogo, ¿cómo se va a resolver esta crisis? –se le pregunta a Ortega.
–El país está en plena normalidad. Son esos desadaptados los que están en crisis. Son ellos y no tenemos suficientes psiquiatras para tanta gente. Pero, bueno, son venezolanos y ya veremos cómo darles algún tipo de tratamiento. Hay gente que está de locura, hermano. Eso de talar y quemar árboles para protestar, para cerrar calles, eso es de locos. En ninguna parte del mundo hacen eso. ¿O en México hacen eso?
La sombra del caudillo
El diputado Ismael García, exchavista y quien hoy figura entre los principales dirigentes opositores del país, considera que el gobierno de Maduro “está a tiempo de recomponer las cosas, siempre y cuando ponga sobre la mesa los temas que interesan al país y se inicie una agenda de debate y discusión, de cara a los venezolanos”. De acuerdo con el legislador, la MUD y el presidente deben abordar asuntos medulares, como las políticas más pertinentes para superar el desabasto y salir de la crisis económica, el combate a la corrupción, la creación de un Consejo Nacional Electoral independiente y la ampliación de los canales democráticos.
García es escéptico de la voluntad de Maduro para convocar a un diálogo nacional de esa naturaleza “porque nunca tuvo ni tiene el liderazgo de Chávez. Es un ‘zapato prestado’ que Chávez puso ahí al llamar a votar por él si algo le pasaba. Chávez tenía un liderazgo importante en la sociedad venezolana. Maduro no tiene ni el liderazgo ni la fuerza ni los zapatos de Chávez”.
El miércoles 5, al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Chávez, Maduro presidió un acto de homenaje a su mentor político en el Cuartel de la Montaña en Caracas, donde aquél está sepultado. Allí se refirió a la Revolución Bolivariana como “un modelo superior a todo lo que antes conoció nuestra patria”.
El economista de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Ronald Balza, señala que Chávez no sólo heredó a Maduro un modelo basado en el centralismo y la concentración de poder, sino “desequilibrios económicos muy importantes, como el gasto público desmedido, el manejo discrecional de las finanzas públicas y un déficit fiscal superior a 15% del PIB (al cierre de 2012), todo lo cual exigía decisiones económicas que (el nuevo presidente) nunca tomó.
“Por el contrario, Maduro siguió profundizando los desequilibrios. Estimuló la demanda, vía emisión de circulante y más gasto público, y restringió la oferta de dólares a los importadores privados, lo que provoca este desabasto que estamos viviendo (al menos uno de cada tres productos que buscan los consumidores no está en el mercado)”, indica el maestro en teoría económica por la Universidad Católica Andrés Bello.
Al referirse a las causas de la aguda escasez de dólares para importar insumos, materias primas y productos básicos, Balza menciona dos: el gasto público, que superó los 100 mil millones de dólares en 2013 (equivalente a 51% del PIB, más del doble del promedio latinoamericano) y la creciente participación del Estado en la economía, un factor que convirtió al gobierno en el principal consumidor de divisas. En 2000 el Estado venezolano consumía 10% del ingreso petrolero y en 2013 ese número llegó a 25% (21 mil millones de dólares).
–¿La solución a la crisis política y social pasa por una rectificación de la política económica?
–Sí. De lo contrario habrá más deterioro. Este año tendremos una recesión con una inflación muy alta, superior a la de 2013 (que fue de 56.2%) y con mucha escasez de productos. La única manera de revertir todo esto es mediante una negociación política que amplíe la base de gobierno y con una estrategia económica realista que revierta este deterioro. El modelo, como está, es inviable.
Alto precio
Para Alzuru Aponte, Maduro “está pagando un precio muy alto” por la forma en que llegó al poder, ungido por Chávez y sin mayor conexión con las bases del PSUV.
“Maduro recibe una herencia disminuida porque Chávez ya venía perdiendo apoyo, pero él la termina de descapitalizar por dos razones: no tenía construido un liderazgo dentro del PSUV porque no se lo había ganado y, la segunda es que él casi pierde las elecciones a la Presidencia (superó al candidato de la MUD, Henrique Capriles, por sólo 1.49 puntos porcentuales, según resultados oficiales cuestionados por la oposición)”, sostiene el politólogo.
Dice que de esa forma Maduro “nace como presidente con un doble problema de legitimidad, el de la ilegitimidad social con su propia base, y el de la ilegitimidad política, porque su proclamación como presidente fue puesta en duda por el país en general y por los propios votantes del PSUV, que quedaron con la duda en el alma de si, efectivamente, Nicolás Maduro había ganado o no. Además, cada anaquel vacío en los supermercados es un hueco más que se suma a los que ya tiene su perforada autoridad”.
El exministro de Planificación de Chá-vez, Felipe Pérez Martí, dijo en una entrevista con el Diario 2001 que “a Maduro no lo va tumbar la clase media que hoy está protestando, sino el pueblo chavista cuando se dé cuenta de que lo que ocurre (con la economía y la pérdida de bienestar) no es responsabilidad del sector privado, sino del propio gobierno”.
Sin embargo en Venezuela el chavismo mantiene, en medio de la ola de protestas, la fidelidad de la mayoría de las clases populares y esto no sólo se explica por la política de subsidios directos que otorga el gobierno a esos sectores.
Chávez logró reducir la pobreza de manera importante durante los 14 años que gobernó Venezuela. Cuando llegó al poder, en 1999, 49.4% de la población vivía en condiciones de pobreza y 21.7% en la indigencia. En 2012 esos indicadores habían bajado a 23.9% y 9.7%, es decir a menos de la mitad.
Según Alzuru, Chávez atendió un problema social pero también moral, pues amplios sectores del país estaban invisibilizados y excluidos, no sólo en términos materiales, sino en su dignidad.
“La política social de Chávez apuntó al bienestar material y a un proceso de redignificación de esos sectores excluidos, pero a la vez hizo escalar el problema moral porque fue creando entre esta población pobre un resentimiento contra la clase media, contra los ricos, con un discurso muy polarizante. Esto ha sido un tanque de gasolina en la dinámica política venezolana de estos años, donde ha estado muy presente el discurso de la lucha de clases”, indica el académico.
En Venezuela, dice, “hay un problema moral más crítico que el económico, porque debemos recomponer el espacio de convivencia entre sectores que hoy día no sólo no se reconocen, sino que en sus canales de mediación corren más el odio y el resentimiento que la cooperación”.
Sostiene que “Maduro aún cuenta con ese piso, que es más que un respaldo al gobierno y al modelo de Hugo Chávez. Es un piso alimentado por el resentimiento, no tanto por la política social, y por eso es un piso delgado, frágil, que se puede resquebrajar, porque los subsidios se mantienen pero el desabastecimiento es colectivo, nos afecta a todos”.
Alzuru pregunta cuánto tiempo puede persistir esta situación o, dicho de otra manera, en qué momento la escasez de alimentos empujará a los sectores populares a tomar la calle, a sumarse a las protestas de la clase media.
“Mi impresión”, explica, “es que vamos hacia un periodo prolongado de crisis social y política. Los seis meses siguientes van a ser decisivos porque, si se profundiza la escasez, se profundiza la crisis, lo que perfila un componente muy explosivo, de revuelta social, con posibles salidas militares, metaconstitucionales. Pero si el gobierno logra pasar este ciclo, vendrá una nueva etapa en la que Maduro tendrá que lidiar con las contradicciones y disputas dentro de su propio partido, el PSUV, donde no ha logrado un liderazgo”.
El académico piensa que una salida política se podría dar el próximo año, cuando deberán realizarse comicios legislativos para renovar la unicameral Asamblea Nacional, hoy de mayoría chavista. “Si la oposición gana esas elecciones (programadas para diciembre de 2015), ahí entramos en una crisis política que resultaría manejable en términos institucionales y que podría significar el principio de una solución de fondo a estos problemas que estamos enfrentando”, asevera.








