Lo más interesante de la tercera edición del Programa BBVA Bancomer- MACG Arte Actual, que se presenta en el Museo de Arte Carrillo Gil en el Distrito Federal bajo el título de La voluntad de la piedra, es la exhibición indirecta de las relaciones de poder que sustentan, en México, la construcción institucional del arte actual.
Diseñada con un concepto curatorial de Catalina Lozano que “parafrasea sin rigor académico” el profundo y ético pensamiento del filósofo Baruch Spinoza, la muestra evidencia la imposibilidad que tienen los artistas para ejercer su libertad creativa cuando desean formar parte del sistema oficial. Determinados por los valores y exigencias de los promotores, los creadores seleccionados en el Programa aceptan y asumen sus carencias formativas recibiendo, durante un año y medio, tutorías de profesionales vinculados con la endogamia museística y comercial de la hegemonía artística mexicana.
Para la edición 2012-2014 participaron con asesorías y revisiones de proyectos, entre otros, Paola Santoscoy –directora del Museo Experimental El Eco de la Universidad Nacional Autónoma de México y curadora de la Feria Material Art del DF–, Abraham Cruzvillegas y Eduardo Abaroa –ambos del establo Kurimanzutto y vinculados al proyecto SOMA (Proceso 1947)– y Erick Beltrán, quien el miércoles 5 inaugura una muestra individual en el Museo Tamayo del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). En conjunto, un sistema cerrado que determina la identidad artística sin pluralidad.
Los diez artistas seleccionados por el Programa, con edades entre 29 y 37 años, presentan en el Museo Carrillo Gil del INBA proyectos en diferentes disciplinas visuales –con exclusión de la pintura– que coinciden en: estéticas postconceptuales, resoluciones formales basadas en el emplazamiento espacial, temáticas relacionadas con circunstancias sociales de relevancia local o global, y producción de sentido acotada a la descripción.
Sobresaliente en el conjunto por la ambivalencia entre la solidez de la propuesta conceptual-dibujística y la inutilidad del emplazamiento espacial, Dulce Chacón participa con un conjunto de dibujos de mediano formato que, en diferentes técnicas y vocabularios expresivos, reinterpretan el recuerdo mediático de dos acontecimientos que sucedieron en Florida, Estados Unidos: la explosión del Challenger en 1986 y el ataque de El caníbal de Miami Rudy Eugene quien, en 2012, mordió y comió el rostro del indigente Ronald Poppo.
Atractivos principalmente por la temática, tres proyectos señalan el desgaste creativo-visual de las poéticas postconceptuales: la acumulación de imágenes con la letra X de Ramiro Chaves, la videoinstalación de Florencia Guillén que narra el presente y evoca la historia de los pianos del pueblo El Triunfo de Baja California Sur, y los testimonios fotográficos de distintas circunstancias de mujeres militares de Yessica Sánchez. Insignificantes, las “esculturas involuntarias” de Félix Luna compiten en su mediocridad tanto con las rebuscadas instalaciones de Jessica Wozny, como con los aburridos papeles encimados y pegados a muro de Pablo Rasgado.
Notoria por su carencia de público, la muestra comprueba que la voluntad del consumidor no está determinada por la piedra institucional del arte.








