Recetas contra la protesta

BOGOTÁ.– El presidente venezolano, Nicolás Maduro, optó por enfrentar la ola de protestas que vive el país con una combinación de llamados al diálogo, expedición de decretos de días feriados –que tienen a la ciudadanía en un largo asueto de carnaval– y recriminaciones a la oposición por la incertidumbre nacional.

El abogado Milos Alcalay, exrepresentante de Venezuela ante las Naciones Unidas, dice que a pesar de la oferta de diálogo formulada por Maduro, el mandatario “muestra en la práctica una ausencia de voluntad por abordar con los diferentes sectores del país los grandes problemas que reclama la gente en las calles, y lo que tenemos en realidad es un monólogo”.

Para la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, la diputada oficialista Blanca Eekhout, los llamados de Maduro a encontrar caminos de entendimiento deben ser aprovechados por la oposición, a la que responsabiliza de la violencia en el país.

“Estamos viviendo lo que ha sido una intensa agresión contra la patria que no empezó el 12 de febrero (en la multitudinaria manifestación que dejó tres muertos y desencadenó una ola de protestas), sino desde hace muchos años, a través de los cuales se ha intentado generar una guerra civil a través de golpes de Estado, intentos de magnicidio y ataques a nuestra industria petrolera”, asienta la legisladora chavista.

Según Eekhout, la escalada de tensión que se observa desde el extranjero ha sido inducida por los medios internacionales, pero la realidad es que los brotes de violencia están muy localizados en los bastiones opositores del este de Caracas y en el estado Táchira, fronterizo con Colombia.

El líder opositor Henrique Capriles, quien decidió no acudir a la Conferencia Nacional de Paz convocada el pasado 26 de febrero por el presidente, sostuvo que un verdadero diálogo requiere de una agenda que incluya los reclamos de los inconformes: fin al desabasto de productos básicos, alto a la carestía, el desarme de los “colectivos” chavistas que disparan a los manifestantes y la liberación de los estudiantes detenidos.

A la conferencia instalada por Maduro asistieron los principales dirigentes empresariales, encabezados por el presidente de Fedecámaras, Jorge Roig, pero fue notable la ausencia de los opositores políticos, a quienes el gobernante acusó de “temer al diálogo” y propiciar, con su inasistencia a la cita, que las protestas se agudicen.

Como una manera de propiciar un clima de distensión, el presidente decretó como feriados de carnaval –adicionales al lunes y martes de esta semana– el jueves y el viernes pasados, con lo cual los venezolanos gozarán de un asueto hasta este miércoles 5, cuando se cumplirá el primer aniversario de la muerte del presidente Hugo Chávez, el líder de la revolución bolivariana y del proyecto político que tiene a Maduro en el poder.

Alcalay considera que el gobierno ha privilegiado las ofertas de diálogo sobre la represión pero mantiene un discurso ambivalente. “Convoca a los gobernadores y a los alcaldes a negociar, pero les impone una posición, los llama fascistas, derechistas y golpistas, con lo cual los descalifica y los insulta”, indica el especialista en administración pública y en estudios internacionales por la Universidad de París.

 

Estudiantes al rojo vivo

 

El movimiento estudiantil venezolano, motor de las protestas, se ha mantenido al margen de las gestiones políticas del gobierno y anunció que mantendrá sus movilizaciones a pesar del largo feriado oficial.

“Estamos conscientes del papel que jugamos en este momento y nos vamos a mantener en la calle protestando y exigiendo reivindicación. El papel del movimiento estudiantil no es tumbar al gobierno, sino exigirle a aquellos que manejan el poder que cumplan los deberes y las obligaciones que tienen con el pueblo”, sostiene el presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, Juan Requesens.

De acuerdo con el dirigente estudiantil, los universitarios apuestan por la paz. “Sin embargo, seguiremos exigiendo justicia para nuestros muertos, que liberen a todos los estudiantes detenidos, que cese la represión y la violencia por parte de ‘colectivos’ armados y que el gobierno resuelva la crisis institucional que viven las universidades”.

Requesens rechazó “la estigmatización que hace el gobierno de este movimiento con sus acusaciones de que somos la ultraderecha. El movimiento estudiantil es autónomo, hay individualidades, como es mi caso, que soy militante de un partido político socialdemócrata, Acción Democrática, pero cuando nosotros representamos al movimiento estudiantil hablamos con un discurso propio y autónomo, no partidista.

“Soy de izquierda, soy socialdemócrata y soy creyente de la generación de condiciones y oportunidades para todos los sectores de la población, lo que no tiene nada que ver con las categorizaciones que de nosotros ha hecho el gobierno.”

Indica que los estudiantes venezolanos han recibido muestras de solidaridad de universitarios de toda América Latina, entre ellos de México, por lo cual buscan articular un movimiento regional que le permita dar más fuerza a esas expresiones de apoyo.

Alcalay considera que en esta coyuntura es difícil anticipar qué rumbo tomarán las protestas sociales en Venezuela. “Todos desearíamos una solución a corto plazo, pero para tener esto es necesario que la disposición de las autoridades vaya más allá del discurso y que asuman la parte de responsabilidad que les compete, tanto en la represión como en la crisis económica que padecemos los venezolanos”, asevera el exdiplomático.