La historia del manejo sospechoso de los dineros públicos en la Universidad de Guadalajara no es nueva. Viene desde que yo tengo registro y memoria periodística. No obstante, ha tenido sus altibajos: en ocasiones las cuentas les han salido un poco menos descuadradas, pero cuadradas, lo que es decir que cuadren los ingresos con los egresos, creo que nunca, al menos en las últimas tres décadas. Sometida a una revisión parcial del ejercicio económico durante 2012 –en la administración que corresponde al aporte federal, que ese año fue de 3 mil 680 millones de pesos (aproximadamente 48/49% del total del presupuesto), pues el resto lo da el estado–, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) encontró anomalías en el manejo de 179 millones de pesos (4.8%). Esto debería ser aclarado a la brevedad posible. Las operaciones en cuestión corresponden al último año del periodo del rector general Marco Antonio Cortés Guardado, quien completó la gestión del destituido y luego suicida Carlos Briseño Torres.
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La ASF demandó fincar responsabilidades a quienes no cumplieron con el gasto de manera estricta. De acuerdo con datos de esa auditoría publicados en el periódico Mural el 23 de febrero, la UdeG pagó por nómina 19 millones de pesos a 76 “comisionados” sindicales, entre quienes se encuentra al propio exrector y líder del Grupo Universidad, Raúl Padilla López, quien sin ser propiamente un académico que imparta clases o investigador, cobra mes a mes un buen salario aunque, claro, se ostenta, y así lo reconoce la casa de estudios, como presidente de prácticamente todos los organismos descentralizados de la casa de estudios, que suman una docena. Entre éstos el Centro Cultural Universitario que muchos recursos debería generar a la institución a través del Auditorio Telmex, que semana a semana –y en ocasiones hasta dos veces en ese lapso– mete al recinto a miles de espectadores que pagan boleto a buen precio. Esto, independientemente de otros ingresos por exhibiciones, eventos y farándula en general, que se realizan en lugares como el Teatro Cine Diana y La Calle 2. ¿Se sabrá algún día cuánto en realidad se eroga y cuánto se gana por esos conceptos, o debería ingresar a la bicentenaria universidad, cuyo lamento perpetuo es la insuficiencia de recursos?
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Como ya se había adelantado en este espacio, a la regidora tapatía con licencia Elisa Ayón Hernández se le acabó el terreno político y, al menos durante la próxima década, no podrá ejercer ningún cargo público, al grado que peligran sus dos nombramientos como directora de otras tantas escuelas en lugares muy distantes entre sí. Así, la soñadora maestra de lenguaje de carretonero verá frustradas sus esperanzas de ser algún día gobernadora de la entidad, cual era su propósito cantado a los cuatro vientos y por todos los medios. La dama, que se enredó con sus propias declaraciones y actitudes prepotentes, al grado de regresar por la fuerza a su sede de la regiduría a la que había solicitado licencia aun sabiéndose rechazada por sus propios correligionarios priistas, ha sido encontrada presuntamente culpable de una serie de irregularidades cometidas cuando todavía no caía en la desgracia de exhibir al PRI y ponerlo en grave riesgo de perder pronto lo que apenas ha recuperado. Aunque otros de sus compañeros de partido, ahora y antes, hayan cometido iguales o peores maldades, pero que han sido más recatados al hablar y no se echan de cabeza cuando de robar o exigir sobornos se trata, como sí lo hizo Elisa Ayón cuando a sus subordinados les dijo que agarraran lo que tuvieran que agarrar pero que repartieran.
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Es bueno recordarles a los diputados locales en general, y a los integrantes de la Comisión de Responsabilidades en particular, que no obstante su acuerdo en que hay motivo para proceder contra la regidora, no alcanza para repicar campanas y decir que ahora sí aplicarán la ley hasta sus últimas consecuencias. Recordemos que existe una serie de juicios políticos pendientes contra exfuncionarios y exlegisladores de todos los partidos, pero ahí siguen tan campantes porque hay acuerdos claros y tácitos de no moverle, ya que todos o casi todos los que ahora son, tienen cola o la pueden tener, pues navegan en la misma barca de las tentaciones con dinero fácil de “agarrar”.








