Tras las empresas y socios del Cártel de Sinaloa

Cuando aún resuena en todos los medios de comunicación la sospechosa hazaña federal de capturar al máximo capo del narco, analistas políticos e investigadores jaliscienses consideran que ésta no tendrá ningún efecto positivo si no se arrancan las raíces financieras ilegales que bajo su liderazgo se extendieron en la economía formal y en la estructura política de la entidad. Además, alertan sobre la posibilidad de una contraofensiva de los aliados locales del Cártel de Sinaloa, especialmente El Azul…

La caída de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, El Chapo, de 55 años, considerado uno de los narcotraficantes más peligrosos del mundo y quien dirigía un cártel trasnacional y tenía a su disposición un capital de más de mil millones de dólares –según la revista Forbes–, se reflejará en el colapso de negocios multimillonarios en el centro occidente del país.

Esa situación se derivará del blanqueo de recursos financieros invertidos en el ramo inmobiliario y otros rubros de la iniciativa privada de Guadalajara, ciudad considerada el paraíso del lavado de dinero desde hace décadas.

En entrevistas por separado, los investigadores universitarios Dante Haro Reyes y Joaquín Osorio Goicoechea, así como Manuel Villagómez Rodríguez, uno de los líderes de los microindustriales de Jalisco, coinciden en que tras el encarcelamiento del Chapo Guzmán el 22 de febrero, el gobierno federal está obligado a difundir las acciones para desmantelar la red de lavado de dinero y de protección que utilizaba Guzmán Loera y que aún trabaja para sus socios.

Asimismo, consideran necesario descubrir los “túneles” de corrupción que construyeron durante más de 13 años, y que permitieron al líder del Cártel de Sinaloa expandir su negocio ilícito después de escapar del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001.

Para Villagómez Rodríguez, si no se ataca a fondo a las cabezas del negocio del Chapo en todo el país, de poco servirá su captura. Reconoce que aún no hay elementos para juzgar la profundidad de las medidas iniciales, ya que el emporio criminal ha logrado extenderse al norte de África, Asia, todo el continente americano y Europa.

“Se sabe que cuando se logra una captura de un gran jefe de la mafia, sin una negociación de por medio, es seguro que viene una ola de violencia, tal como ocurrió el 30 de enero en Zapopan con la detención de Rubén Oseguera González, El Jr. o El Menchito, hijo del cabecilla del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, El Mencho: de inmediato sus pistoleros intentaron realizar bloqueos de calles e incendiar vehículos como lo hicieron en 2010 y 2012 para provocar pánico y distraer a las fuerzas de seguridad”, explica.

Añade que cuando no se desata la violencia con la captura de un líder del narco, es signo de que las autoridades hicieron antes una labor de negociación. Sin embargo, no está seguro de que esto haya ocurrido con la detención de Guzmán Loera: “¿Su captura se debe a una entrega negociada o, como dicen las autoridades, fue un operativo exitoso? Aún no se sabe”.

El líder de los microindustriales recuerda que en la Semana Santa de 1985 Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca, Don Neto, fueron encarcelados por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena.

Las autoridades se jactaron entonces de que “el narcotráfico ya se había acabado, toda vez que se había detenido a sus dos principales cabezas –recuerda–, pero a casi tres décadas se descubre que, lejos de desaparecer, el narco se fortaleció y amplió su marco de operaciones”.

Años más tarde se tuvo que reconocer que Guadalajara se había convertido en la capital del lavado de dinero, “según lo reconoció Vicente Fox Quesada en una de sus desafortunadas declaraciones, como esa de que El Chapo cayó porque aflojó el cuerpo”, comenta Villagómez.

Para él, “la duda es: ¿qué pasó con la clase empresarial de Jalisco en esas décadas? Esto, para tratar de entender las palabras del expresidente Fox”.

En ese lapso surgieron grandes negocios, por ejemplo las distribuidoras de automóviles de Guadalajara y establecimientos afines, que eran usados para el lavado de dinero. En esos movimientos estaba involucrada incluso la “Ford Motor Company”, dice Villagómez, en alusión a la distribuidora Country Motors, ubicada en avenida Américas.

Y aunque no menciona a los empresarios presuntamente ligados al negocio ilícito, este semanario consultó la prensa de la época y encontró las notas sobre la detención de integrantes de la familia Cordero Strauffer, acusados de lavar dinero de Caro Quintero.

En ese tiempo también creció notablemente el sector inmobiliario de Jalisco. Para el líder empresarial, es sintomático que fuera al inicio de la administración del priista Aristóteles Sandoval cuando se conoció el nivel de penetración del crimen organizado en la economía formal y en la estructura política, así como la forma en que lo consiguió.

Como una muestra de esta situación, se refiere al asesinato del primer secretario de turismo de Sandoval, Jesús Gallegos, una semana después de asumir el cargo (en marzo de 2013), a manos de sicarios, en una vía pública y en pleno día.

Gallegos fue ejecutado tras una reunión en la Casa Jalisco por apoyar a un grupo del narco contrario al que controlaba la plaza, como dijeron los sicarios al ser detenidos, aunque las autoridades no aclararon cuáles eran esas organizaciones.

Tampoco confirmaron si, como señalaron algunas fuentes empresariales a la prensa local, Gallegos contribuyó con dinero a la campaña electoral de Sandoval Díaz. Lo único que ha comentado el gobernador sobre su excolaborador es que a él se lo “recomendaron”, pero no dijo quién.

Por eso, insiste Villagómez, “no pueden estar tranquilas las aguas en Jalisco; quedan muchas dudas sobre lo que sigue después de la captura de Guzmán Loera en nuestra entidad”, y por eso no descarta brotes de violencia.

Sobre la forma en que los capitales negros del narco llegaron a la banca en Jalisco desde hace décadas, el entrevistado dice: “Entre el empresariado se sabía que existía un buen número de industrias que empezaron a recibir esos recursos para poder operar y a su vez le permitían a los grupos del hampa mover su dinero sin ser molestados”.

El esquema era simple, sigue Villagómez: “Cuando lo recibían directamente del narco, el dinero era negro chapopote, cuando era recibido por el empresario se convertía en un recurso gris. En el momento en que ese capital del narco era puesto a circular y servía para construir desarrollos inmobiliarios, se convertía en dinero púrpura. Entonces la gente de la clase alta, empresarios y políticos, acudían a la inauguración de esos nuevos proyectos, como hoteles. También asistían autoridades civiles, eclesiásticas y hasta militares; es una historia que no se acaba.”

Añade Villagómez que, igual que ocurría en los ochenta con la fortuna de Caro Quintero, sucede ahora con los recursos de Guzmán Loera: “Hay dinero del Chapo en negocios de Jalisco, indudablemente”.

 

La guerra que sigue

 

El 26 de agosto de 2013, el periódico Reporte Índigo informó que en el estado promueven desarrollos inmobiliarios y comerciales varios familiares de Rafael Caro Quintero y de Juan José Esparragoza Moreno, El Azul. Por cierto, éste radica en Guadalajara –según dijo El Chapo a los marinos– y se le ubica como el tercero en la jerarquía del Cártel de Sinaloa, sólo por debajo de Guzmán Loera y de Ismael El Mayo Zambada.

Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, los hijos de El Azul son los promotores del desarrollo inmobiliario Provenza Residencial, ubicado en el número 5555 de la avenida López Mateos, municipio de Tlajomulco de Zúñiga, donde hay una plaza comercial casi desocupada.

En la citada publicación se aclara: “La semana pasada, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió nuevamente una alerta con respecto a los negocios de Esparragoza Moreno y su familia y congeló cuentas vinculadas a sus intereses y empresas. Lo mismo hizo el año pasado con sus negocios de Jalisco, entre los que están Provenza Residencial y el Parque Industrial La Tijera, operados por las empresas Grupo Cinjab, S.A. de C.V., y Grupo Impergoza, S.A. de C.V.”

También indica que la dependencia estadunidense puso al descubierto la red de lavado de dinero vinculada con la familia Sánchez Garza, específicamente con los hermanos Diego, Mauricio y José de Jesús Sánchez Garza.

El empresario Villagómez indica que Forbes obtuvo la información sobre el monto del capital del Chapo (mil millones de dólares) porque conoce las empresas que maneja, así como la entrada y salida de esos recursos. “Ahora viene el pleito por los capitales del Chapo –prevé–, es la guerra que sigue”.

Y pinta un panorama inquietante: “Se verá en breve el reacomodo por todos lados, en la producción y distribución de la droga, y por el hecho de que tendrán que salir a la luz pública el andamiaje de protección al narcotraficante más poderoso que ha dado América Latina, luego de la muerte del colombiano Pablo Escobar Gaviria”.

Para el académico Joaquín Osorio, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la captura del Chapo debería darle certeza a México, pero hasta el momento sólo ha despertado muchas dudas y hasta el miedo de que la lucha contra el narco vuelva a recrudecer la violencia que la sociedad ya padece: “Como diría Rulfo, mataron a la perra pero quedaron los perritos”.

Y enfatiza que las autoridades mexicanas invierten todas sus energías en publicitar el arresto de Guzmán Loera, pero atacan muy poco las verdaderas causas del surgimiento de los grandes capos del narco, como son la pobreza, el desempleo, los malos sueldos y la carencia de oportunidades para los jóvenes que egresan de las escuelas y facultades.

El investigador de la Universidad de Guadalajara Dante Haro Reyes también duda si la captura fue en realidad una entrega pactada, porque eso no concuerda con la lógica de un narco de su talla: “No se puede explicar que suceda algo así sin tomar en consideración el nivel de peligrosidad del principal capo de México (…) No se entiende que haya descuidado asuntos básicos para su resguardo, la ausencia de su equipo de seguridad en el momento de la captura, como se ha visto al momento de la detención de otros sujetos de menor rango y que ofrecen fuerte resistencia a la autoridad”.

Acota que la detención del Chapo se convierte en un gran golpe mediático, semanas después de que el gobierno de Enrique Peña Nieto recibió duras críticas internacionales en el foro económico de Davos a causa del auge de la inseguridad y el narcotráfico en México.

Haro Reyes señala que el Cártel de Sinaloa opera en colaboración con bandas locales, como Gente Nueva, en Chihuahua; el Cártel de Jalisco Nueva Generación, en esta entidad, pero también en Veracruz y en Michoacán; el Cártel del Poniente, en Coahuila; y el de la Laguna, en Durango.

También se ha señalado que los autodenominados Matazetas colaboran con el Cártel de Sinaloa, lo mismo que La Barredora en Durango y Chihuahua; El Comando del Diablo en Guerrero, Aquiles Tigre en Baja California y Los Artistas Asesinos en Ciudad Juárez.

“En la medida en que esos grupos sigan operando en coordinación con el Cártel de Sinaloa sin importar que no haya un líder tan emblemático como El Chapo, ese sector del crimen organizado seguirá vigente y no necesitará grandes acciones de violencia”, advierte el investigador.

Sin embargo, para el jurista Arturo Villarreal Palos, la captura del famoso narcotraficante no tendrá gran repercusión en Jalisco. El también investigador de la UdeG opina que el cártel sinaloense, conocido también como del Pacífico, tenía una estructura endeble en los últimos años y que el papel preponderante en el control de la plaza le corresponde al Cártel de Jalisco Nueva Generación.

De todas maneras, el investigador Haro Reyes considera que ahora el gobierno federal está obligado a desmontar la estructura de protección política que recibía el capo en los tres órdenes de gobierno, sin la cual no habría permanecido impune 13 años.

Pese a las declaraciones del procurador Jesús Murillo Karam en el sentido de que “por el momento” no se extraditará a Guzmán Loera, para Haro Reyes es de esperarse que el gobierno mexicano finalmente se lo entregue al país vecino, donde enfrentaría siete procesos penales.

Puntualiza que el interés del gobierno estadunidense por llevarse al Chapo demuestra que “jugó un papel preponderante en su detención”. Según el diario The New York Times, en la reaprehensión participaron “algunos elementos de la DEA”, hecho que la autoridad mexicana niega.

El académico comenta que la información entregada por el gobierno de Estados Unidos al de México fue clave para la captura, y tanto, que allá se difundió primero la noticia.

Ante la versión de que El Chapo dijo a los marinos que Juan José Esparragoza vive en Guadalajara, otro investigador de la UdeG, Francisco Jiménez Reynoso, admite que para mucha gente es un secreto a voces que grandes capos se refugian desde hace años con sus familias en la zona metropolitana.

Ese fue el caso, por ejemplo, de Nacho Coronel Villarreal, otro cabecilla del Cártel de Sinaloa, quien fue abatido por militares en su domicilio de Colinas de San Javier, en el límite con Zapopan, en julio de 2010. La prensa local también ha aportado datos sobre las familias de Rafael Caro Quintero y de otros capos, lo cual es difícil que ignoren las autoridades.

El 27 de febrero, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos reveló que en la zona metropolitana de Guadalajara existen varias empresas que operan como lavadoras de dinero para Juan José Esparragoza Moreno, El Azul. Van desde casas de empeño hasta criaderos de avestruces y caballos.

Las empresas Prestafácil o Casa de Empeño Guadalajara, S.A. de C.V. y  Prenda Todo, S.A. de C.V. fueron señaladas como “pantallas” del presunto capo del Cártel de Sinaloa.

En la misma situación estarían Agrícola y Ganadera Cuemir, S.P.R. de R.I. y Cooperativa Avestruz Cuemir, S.C. de R.L. de C.V. que se ubican en Tlajomulco de Zúñiga y se dedican a la cría de avestruces y de caballos raza frisian. Todas ellas –según el comunicado del gobierno estadunidense– manejadas por el colombiano-mexicano Hugo Cuéllar Hurtado, quien operó en la década de los noventa para el Cártel de Sinaloa.