MÉXICO, D.F. (apro).- Con pasmo y envidia, pero de la buena, respetables vivientes, veo y compruebo que no saben apreciar ese mundo global en el que respiran, al que critican, contra el que se manifiestan e incluso rechazan no pocos de ustedes cuando, perdonarán la opinión, servidor lo ve como el mejor de los posibles, pues en él todo emprendedor –como ustedes dicen—, todo hombre con iniciativa tiene lugar en el mismo, es decir, según ve su servidor, todo individuo puede hacer de su capa un sayo; o hacer como vulgarmente se dice, de su trasero un papalote y darlo al aire para ver si vuela…o decir la blasfemia de que Dios no existe, sin que sufran el menor castigo…por supuesto, si no se es narco o terrorista…
¡Ah!… ¡qué hermosa y bendita libertad de pensamiento que puede llegar donde quiera sin sufrir la menor pena por ello!… ¡ay! Que importante es el tiempo en que vive cada persona…
¿Qué no habría dado servidor por vivir en esa globalidad libertaria en la que ustedes respiran?… ¡y de libertad libre y competitiva!… aunque, pensándolo bien, ustedes perdonarán la vanidad de este su servidor, puedo presumir de haber sido de los que pusieron su granito de arena en la creación de ese maravilloso momento de libertad en que ustedes se mueven, que, al precio de su vida, fue de los que contribuyó a traspasar los límites al pensar impuestos por la ignorancia y el fanatismo, ya en retirada, a la Edad Media…satisfacción esa que se ve mermada por la poca memoria de tantos de ustedes…otra vez pide perdón por este rasgo de amor propio…mermado por la poca memoria de tantos y el silencio, que casi parece conspiración, de tantos medios de comunicación ante mi horrible muerte hace 414 años este 17 de febrero…
Olvido que me entristece y duele, pues mi vida, obras e incluso mi muerte participaron significativamente en la dramática y hasta trágica ruptura entre la Edad Media y Moderna, momento en que tiene por telón de fondo una sociedad que está sufriendo las rasgaduras de su tejido a causa de los cismas papales, la perdida unidad del cristianismo y se daban guerras religiosas y sus miserias agitaban a toda Europa, hechos todos que están dando motivo al desprestigio y degradación de poder de los papas, al mismo tiempo que un crecimiento del poder de los reyes…
Tiempo de la invención de la imprenta, la caída de Bizancio y los viajes transoceánicos…y el de la independencia de las universidades en la medida que van enseñando el conocimiento de las viejas culturas griega y latina, que están enseñando una nueva manera de ver al mundo…
Tiempo en que se va imponiendo dolorosamente – ¡si lo sabrá servidor!—la tendencia del libre examen de los demás hechos en sí.
En este torbellino de acontecimientos, de lo moderno contra lo viejo que fue el Renacimiento, servidor militó en las filas de los modernos…y lo modernísimo era en ese tiempo la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico…y servidor fue uno de los partidarios de dicha teoría…está mal que lo diga… pero en cierta medida la complementé con ciertas ideas:
Consideré que el sol no estaba inmóvil, sino que se movía, que cambiaba de posición respecto a los astros; que la atmósfera de la Tierra gira junto con ella; consideré que el universo era un conjunto de soles y planetas iguales al sistema del sol y sus planetas…
También supuse y anuncié los cambios geológicos de la Tierra…introduciendo con ello la idea del cambio en la naturaleza…esa fue mi gloria… y también mi desgracia al no reparar y desafiar que en mi tiempo no era bien visto el libre pensamiento, no sólo entre los católicos, sino también entre los luteranos, calvinistas y otras sectas protestantes –¡si lo sabrá servidor!–… y menos consentido era aún buscar a Dios por uno mismo más allá del dogma y los rituales de culto…que fue lo que hizo servidor impulsado por su espíritu independiente…
Fui acusado del horrendo pecado de panteísmo…sin tener en cuenta para nada que lo único que hice fue, desde una posición cristiana, aventurar que Dios, de manera mística, también estaba en la naturaleza…por lo que fui perseguido y no en manera alguna por mis ideas sobre la astronomía…las que sí pecaban contra las sagradas escrituras…
¿Qué opinan ustedes, respetados lectores de la presente?…pero por panteísta fui perseguido y finalmente apresado, conducido a Roma, sometido a un largo proceso de nueve años y finalmente condenado a ser quemado vivo con el consentimiento de papa Clemente VIII que, me perdonarán, poco honor hizo a su nombre al decidir mi sentencia, infalible, como todos los papas, en cuestiones de dogma…
¿Será por eso que la Iglesia católica no me ha pedido perdón público como lo hizo con Galileo?…¿qué pensar de ello?…¿ven por qué decía más arriba lo que no habría dado servidor porque su tiempo fuera como ese de su gloriosa globalidad libertaria, fomentadora de la competencia, respetuosa del libre examen y la expresión del mismo?
Que Dios se las conserve por mucho tiempo.
GIORDANO BRUNO













