“Le Cinesi”, estreno continental

A riesgo de que alguien me demuestre que estoy equivocado, me atrevo a afirmar que Le Cinesi (Las Chinas”), ópera cómica o, si se prefiere, poco seria –para evitarme correcciones de género de algún purista–, original de Christoph Willibald Gluck (1714-1787), presentada por la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA) los pasados jueves 13 y domingo 16 como segundo programa de su primera temporada de este año, constituyó un estreno continental.

Presentada en forma de “Ópera-concierto”, es decir, sin esce­nografía, vestuario, utilería y demás parafernalia que hacen de la ópera un espectáculo­ grandioso, Le Cinesi nos dejó tan buena impresión que se nos antoja verla escenificada, cosa nada difícil de hacer, ya que se trata de una obra de un solo acto y de algo así como apenas una hora de duración, sin cambios escenográficos ni necesidad de otros muchos elementos y con tan sólo cuatro intérpretes. Esta buena impresión nos habla del buen desempeño logrado por la orquesta y los solistas, todos bajo la dirección del titular de la OCBA, José Luis Castillo.

Castillo apostó por voces jóvenes, por lo tanto no con el reconocimiento de otras, pero no por eso nuevas totalmente, sino ya con cierto camino recorrido y determinado nombre: la soprano Angélica Alejandre, las mezzos Cassandra Zoé Velasco y Frida Portillo McNelly, y el tenor Orlando Pineda.

Estrenada el 24 de septiembre de 1754 en el Schlosshof de Viena, su libreto se debe nada menos que a Metastasio (1698-1782), ese célebre escritor de óperas barrocas serias, como La Clemenza di Tito que musicalizó Mozart, pero que en estas “chinas” deja a un lado esa severidad.

La trama en realidad ni siquiera llega a serlo porque de lo que se trata la cosa es de tres amigas, Lisinga, Tangia y Sivene,­ nombres que nada tienen de chino, que dan la bienvenida a Silango, hermano de Lisinga, quien acaba de retornar de un viaje por Europa y, para recibirlo gratamente, cantan cada una de ellas un aria; luego Sivene y Silango entonan un dúo pastoral que pone al descubierto su relación amorosa y, ante esto, Tangia se encela y canta una aria cómica burlándose de los enamorados, y por allí se sigue la cuestión hasta llegar a, por supuesto en tratándose de óperas como esta, un final feliz entonado por los cuatro cantantes.

Naturalmente las arias y las escenas de conjunto están escritas para el lucimiento de los intérpretes, y la verdad no ofrecen un alto grado de dificultad, pero si requieren de voces entrenadas porque, justamente por su ligereza y lo que dicen (lo que es comentado en cada caso por los otros cantantes que han escuchado al de turno), deben ser cantadas muy bien y con la intención precisa, cosa lograda por todos y cada uno de los participantes en este estreno.

Y, más allá de los resultados de la presentación, lo mayormente importante es el hecho de que un conjunto como la OCBA, no llamado en principio para este tipo de cosas, deje sus causes habituales y se encamine a tareas como la de atender óperas como ésta, que pueden perfectamente ser abordadas por este tipo de conjuntos y hacerlo bien.