Señor director:
El Grupo de los Cien Internacional y Make Way for Monarchs a MilkweedButterfly Recovery Alliance, le solicitamos publicar la presente carta, que hemos titulado “Disminución de la migración de mariposas monarca en América del Norte”, dirigida a los presidentes Enrique Peña Nieto y Barack Obama, así como al primer ministro Stephen Harper.
Honorables caballeros: Entre el sinnúmero de organismos que han evolucionado a lo largo de la historia de la vida en la tierra, las mariposas monarca son consideradas como uno de los más extraordinarios. Muy tristemente, su fenómeno migratorio multigeneracional –considerado único entre los seres vivos y que se da a través de nuestro inmenso continente–, su espectacular conglomeración invernal en el eje neo-volcánico del México central, y su valor educativo para los niños de México, Estados Unidos y Canadá se encuentran gravemente amenazados. Habiendo monitoreado la población de monarcas durante las últimas dos décadas nos hemos dado cuenta de que la situación es muy desalentadora. Tras sufrir una disminución continua de la población, el área total ocupada por las mariposas ha pasado de un promedio de 6.7 hectáreas durante 20 años de monitoreo a 0.67 hectáreas en la temporada actual, representando una reducción récord del 90%. Este invierno han llegado mariposas a tan sólo siete de los 12 sitios tradicionales, y solamente uno de ellos, El Rosario, con 0.5 hectáreas, tuvo una población sustancial.
La disminución tiene dos causas principales:
1.- Pérdida de su hábitat de reproducción. El área mayor de reproducción en el verano de la mariposa monarca se encuentra en las praderas ricas en flores del centro de Norteamérica, donde la fuente alimenticia de la monarca, el algodoncillo, crece en abundancia. Sin embargo, durante la última década se han incrementado a tal grado los cultivos de maíz y soya que han sido modificados genéticamente para resistir la aplicación de herbicidas que ahora representan el 90% de las plantaciones totales. Poco después de que las semillas de soya y maíz germinan, los campos son rociados con herbicidas que matan cualquier otra vida vegetal, incluyendo los algodoncillos, que son la única fuente de alimento de las larvas de la monarca. Más todavía, gracias a los incentivos económicos para producir etanol de maíz, la plantación de maíz en Estados Unidos se ha expandido de 31.5 millones de hectáreas en 2006 a 39.3 millones de hectáreas en 2013.
Campos en barbecho, cultivos en hilera y cunetas a lo largo de las carreteras donde solían crecer los algodoncillos, además de tierras que previamente eran preservadas como parte del Programa de Conservación de Reservas de Estados Unidos, han sido convertidos en monocultivos. Una pérdida adicional del hábitat es consecuencia del desarrollo y la expansión urbana. De manera general, la agricultura químicamente intensiva está amenazando a la monarca y a otros polinizadores, desintegrando el tejido de nuestros ecosistemas.
2.- Degradación del hábitat invernal. Las monarcas que hibernan dependen de la cubierta protectora no degradada constituida por los bosques de oyamel en México. A pesar de que el gobierno mexicano ha logrado detener gran parte de la tala ilegal que amenazaba los bosques que albergan a las monarcas, la nociva tala hormiga continúa.
¿Qué se puede hacer? Para que el fenómeno migratorio y de hibernación de las monarcas pueda sobrevivir en América del Norte, debe iniciarse una mitigación de la pérdida del hábitat de reproducción. Mientras México está lidiando con los problemas de la tala, Estados Unidos y Canadá deben enfrentar los impactos negativos de sus políticas agrícolas actuales. Utilizar los espacios en las cunetas de las carreteras para las plantas nativas, incluyendo los algodoncillos, puede convertirse en una herramienta importante para reponer parcialmente la pérdida del hábitat. Hay 5.1 millones de kilómetros de carreteras al este de las Montañas Rocallosas. Si fueran plantadas con algodoncillos todos los bordes de aproximadamente 7.6 metros de ancho de las carreteras, entonces las carreteras del este de Estados Unidos podrían contribuir con más de 7.7 millones de hectáreas de hábitat de algodoncillo. Si dos monarcas fueron producidas por cada 0.4 hectáreas de hábitat, entonces estas cunetas podrían producir casi 40 millones de mariposas, es decir, alrededor de la décima parte del número promedio de monarcas que han invernado en México durante los últimos 20 años. Dentro del corazón agrícola de Estados Unidos, un segundo esfuerzo de mitigación debería promover zonas de amortiguamiento más extensos de comunidades de plantas nativas en los márgenes de los campos. La colaboración de las comunidades agrícolas en la exclusión de cultivos en los márgenes de los campos podría contribuir de manera significativas para que continúe existiendo la mariposa más venerada del mundo. Un programa de incentivos a los granjeros que dejen áreas libres de sustancias tóxicas para los algodoncillos y los polinizadores podría ser un paso en la dirección correcta.
Una medida impostergable será la creación de un corredor de algodoncillo en toda la ruta migratoria de la mariposa monarca a través de nuestros países. Esto mostrará la voluntad de nuestros gobiernos de salvar el símbolo viviente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Los abajo firmantes esperamos que ustedes puedan discutir el futuro de la mariposa monarca durante la Cumbre que tendrá lugar en Toluca, Estado de México, este 19-20 de febrero de 2014.
Atentamente
Homero Aridjis, presidente del Grupo de los Cien; Dr. Gary Paul Nabhan, Co-Facilitator, Make Way for Monarchs; científicos internacionales de la mariposa monarca: Dr. Alfonso Alonso, Smithsonian Institution (EU), Dr. Michael Boppre, University of Freiburg (Alemania), Dr. Barrie Frost, Queens University, Ontario, Canadá; Dr. Pablo F. Jaramillo-López, UNAM, Michoacán, México; Dr. Dick Vane-Wright, the Natural History Museum, Londres, Reino Unido; Dr. Myron P. Zalucki, University of Queensland, Australia; escritores y artistas de Estados Unidos: Kwame Anthony Appiah, John Ashbery, Paul Auster, Sarah Browning, Lawrence Ferlinghetti, Tom Hayden, Robert Kennedy Jr., Jerome Rothenberg, Dick Russell, Eliot Weinberger; de México: Homero Aridjis, Juan Domingo Argüelles, Chloe Aridjis, Eva Aridjis, Alberto Blanco, Coral Bracho, Federico Campbell, Marco Antonio Campos, Elsa Cross, María José Cuevas, Pablo Elizondo, Laura Esquivel, Manuel Felguérez, José Gordon, Hugo Gutiérrez Vega, Bárbara Jacobs, Daniel Krauze, León Krauze, Soledad Loaeza, Jean Meyer, Sergio Mondragón, Fernando del Paso, Marie-José Paz, Elena Poniatoswka, Arturo Ripstein, Vicente Rojo, Juan Carlos Rulfo, Pablo Rulfo, Alberto Ruy Sánchez, Isabel Turrent, Juan Villoro, Roger von Gunten; de Canadá: Katherine Ashenburg, Margaret Atwood, Wade Davis, Jann Martel, George McWhirter, Linda Spalding, John Ralston Saul; de otros países: Pierre Alechinsky (Bélgica), Gioconda Belli (Nicaragua), Yves Bonnefoy (Francia), Breyten Breytenbach, (Sudáfrica), Kjell Espmark (Suecia), Maneka Sanjay Gandhi (miembro del Parlamento, India), Gloria Guardia (Panamá), Alejandro Jodorowsky (Francia/Chile), Norman Manea (EEUU/Rumania), Hasna Moudud (Bangladesh), Orhan Pamuk (Premio Nobel, Turquía), Jonathon Porritt (Reino Unido), Sergio Ramírez (Nicaragua), Lélia Wanick Salgado (Brasil), Hugh Thomas (Lord Thomas, Reino Unido), Tomas Transtromer (Premio Nobel, Suecia); científicos y ecologistas: Dr. Gary Paul Nabhan (Make Way for Monarchs, University of Arizona, EU), Dr. José Sarukhán K. (México), Lester Brown (Earth Policy Institute, EU), Claudio Lomnitz (Center for Mexican Studies, Columbia University, EEUU), Eduardo Nájera Hillman (Costasalvaje, México), Valeria Souza (UNAM, México), Daniel Gershenson (México), Lummi Tribe, Native American Land Conservancy (incluye las tribus Chemehuevi, Kumeyaay, Cahuilla, Navajo, Paiute, EU), y 88 firmas más.








