“La vida de Adela”

Podría hablarse de controversia en torno a La vida de Adela (La vie d’Adèle. Chapîtres 1 et 2); pero el azoro ante las secuencias completas de sexo explícito entre dos mujeres, el recelo de la crítica en cuanto a la pertinencia del atrevimiento, y la acusación contra el director, Abdellatif Kechiche, de sexo explotador por parte de algún sector feminista, todo junto, suena a escándalo disfrazado: escándalo que no se atreve a decir su nombre.

Lo ideal sería aproximarse a esta cinta, Palma de Oro en Cannes, haciendo caso omiso del ruido y de las acusaciones.

Habría que empezar por excluir la palabra realismo en esta historia de aprendizaje de Adela (Adèle Exarchopoulos), una adolescente que descubre el amor y el gozo sexual con una mujer mayor que ella, Emma (Léa Seydoux). Mantener el bello rostro de su actriz constantemente en la pantalla para captar cada gesto, hurgar en una intimidad imaginada, y exigir orgasmos ante la cámara, sólo es real en el cine.

Abdellatif Kechiche lanza a Adela de cabeza, de manera ingenua, en aguas que parecen tranquilas y resultan abismales. La omnipresencia del color azul, parte de la historia está basada libremente en la novela gráfica de Julie Maroh (Azul es un color cálido), sugiere cielo y abismo. El color de pelo que usa Emma es azul, extravagancia justificada por la ocupación de pintora y artista visual, a contra corriente en el arte y en su sexualidad.

Mejor conviene tomar en cuenta la declaración de Kechiche (pronunciado “keshísh”): su ideal artístico no es copiar la realidad, sino agregar vida a la vida. Y claro que este franco tunecino de 53 años no es una lesbiana que haya experimentado el sexo en esa dimensión, como artista sólo puede expresarse desde sus propias fantasías; el voyerismo de la cinta no el del realizador, sino el que éste impone al espectador con largas secuencias de dos cuerpos femeninos buscando fundirse en el arrebato amoroso; el público tendrá que decidir si el tratamiento le gusta o no.

De lo que no puede acusarse a Kechiche es de pornógrafo; Adela y Emma son individuos con emociones y vida propia, el acto sexual es parte de un flujo de savia que pasa por la comida, el sueño, el baile o el sufrimiento de la heroína. Y claro Adela es un personaje de novela, tanto como la ‘Vida de Mariana’ de Marivaux, Antígona y las demás referencias literarias (el título de su primera cinta fue La culpa la tiene Voltaire).

La familia de Adela pertenece a la clase trabajadora, precisamente, a la cultura del desempleo; Emma, proviene de un medio burgués e intelectual.Resalta el contraste entre el baile sorpresa del cumpleaños de Adela con sus compañeros de liceo y la fiesta con los amigos de Emma, snobs que opinan sobre arte y fantasean sobre el orgasmo femenino. Este otro componente es quizá el más importante, el drama de desfases y prejuicios sociales y culturales, temas de siempre en el cine de Kechiche (Cuscús, La Venus negra).