La endogamia de Material Art Fair

Endogámica y sumamente institucional resultó la primera edición de la Material Art Fair. 

Realizada en la Ciudad de México del jueves 6 al domingo 9 de febrero, la nueva feria prometió mucho más de lo que ofreció, organizándola los dueños de la galería Yautepec de la Ciudad Capital, la regiomontana Daniela Elbahara y el norteamericano Brett Shultz, en conjunto con la asesora en arte Isa Castilla.

El evento comercial se sustentó en un atractivo discurso que enfatizaba la promoción de prácticas emergentes sin visibilidad institucional. Contradictoriamente, la feria resultó tan institucional como tres de los cuatro miembros de su comité de selección: Guillermo Santamarina, curador en jefe del Museo de Arte Carrillo Gil del Instituto Nacional de Bellas Artes  (INBA); Paola Santoscoy, directora del Museo Experimental El Eco de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); y Michel Blancsubé, curador senior de la Colección Jumex.

Elegidos por invitación, los 40 participantes conjuntaron tanto a galerías como a proyectos dirigidos por artistas o curadores que, en una mayoría de 65% provenían del extranjero, principalmente de Estados Unidos. Con una oferta carente de propuestas sugerentes o sorpresivas por su concepto, sentido, estética o resolución formal, la mayoría de los stands se concentró en forzadas, simplistas, absurdas y deprimentes exploraciones creativas.

Entre ellos, el correspondiente al espacio Regina Rex de Queens, Nueva York, en el cual, además de las grandes impresiones digitales de brochazos pintados en el vidrio de un escáner por Paul Theriault, se podía adquirir por mil 200 dólares un pequeño relieve de yeso realizado por ratones, que devoraron el platillo de comida rápida que Michael Merck incrustó en el soporte cuando todavía estaba húmedo.

Sin establecer límites de edad para las prácticas emergentes, en la feria participaron creadores hasta de cincuenta y tantos años como la norteamericana Anne Lindberg quien, en la Galería Carrie Secrist de Chicago, destacó con sus dibujos como una de las propuestas más sólidas –aún cuando no innovadora– de la feria. Confrontante por su apropiación de las técnicas textiles de los huicholes, el joven Yann Gerstberger –quien radica en Oaxaca–, presentó en la Galería Alain Gutharc de París una selección de piezas en gran formato vinculadas estética e iconográficamente con el cómic francés.

En lo que corresponde a los mexicanos, el Colectivo Néter participó con una equilibrada y sólida selección de sus participantes. Entre lo más interesante, las pequeñas figuras en cerámica de Jimena Schlaepfer, en las cuales se hibridan poéticas de ilustraciones científicas de plantas con tridimensiones que remiten a condiciones femeninas ambivalentes entre la inocencia y la agresividad.

También sugerentes por su divertida perversidad y reconocible iconografía de animaciones noventeras, resultaron las pequeñas pipas de porcelana para carrujos de Alejandro García.

Endogámica en sus vínculos con las instituciones del sistema artístico oficial, Material Art Fair evidenció la falsedad de su discurso al carecer de algún proyecto de pintura joven mexicana. Y en cuanto al INBA y la UNAM, es lamentable que sus funcionarios y directivos no ubiquen la diferencia entre la responsabilidad de construir valor artístico, así como la irresponsabilidad de legitimar la mediocridad creativa como mercancía artística.