Por más adornos, cambios de formato e “innovaciones” varias que Aristóteles Sandoval Díaz y colaboradores que lo acompañan en el gobierno de Jalisco trataron de colgarle a su primer corte anual de actividades, lo que acabaron por presentar fue un informe de humo. Y ello porque más que describir las acciones, las políticas públicas y las obras –tan escasas como precarias– realizadas hasta ahora por la administración estatal que ha marcado el regreso del PRI al gobierno de Jalisco luego de un prolongado ayuno de 18 años, el primer informe de Sandoval Díaz hace énfasis en lo que la presente administración estatal tiene planeado hacer.
En otras palabras, y contra lo que ha pretendido la parte interesada, el documento y el ceremonial en cuestión no son tanto un informe de “resultados” –tan escasos como decepcionantes–, sino de planes y proyectos pero, sobre todo, de sueños e ilusiones para el porvenir. Lo que querría decir que no fue algo casual que en el speech que pronunciara en el patio de Palacio de Gobierno, Sandoval Díaz haya invitado a sus interlocutores a darle vuelo a la imaginación y que cada uno de sus escuchas pensara en el Jalisco que desea; un ejercicio tan fácil y barato como estéril.
Conscientes de lo poco que han hecho hasta ahora desde su encumbrada posición que los hace responsables de la conducción del estado, el gobernador y sus allegados han tratado de lavarse la cara ante la sociedad jalisciense recurriendo a todo tipo de estratagemas. A la preocupante escasez de obra pública, que ha venido a acrecentar el cerro de rezagos en infraestructura que el estado –y de manera particular la zona metropolitana de Guadalajara–, el nuevo inquilino de Casa Jalisco ha querido disimular ese lado flaco de su gobierno con algunas dadivas de coyuntura, con un arbitrario programa de alcoholimetría y con una onerosa campaña de propaganda gubernamental para presumir “logros” y “avances” que sólo existen en su imaginación.
Como se sabe, las dádivas han consistido básicamente en el reparto de mochilas y útiles escolares entre alumnos de educación básica, así como de vales para el transporte público entre estudiantes de educación media y superior. Sin intentar minimizar el beneficio que dicho reparto representa para los destinatarios de ese obsequio, es obvio que se trata de una acción gubernamental de un alcance limitado y transitorio, que de ningún modo justifica la falta de obra pública y otras carencias que se han resentido en el primer año de gobierno de Sandoval Díaz.
Desde luego que no puede pasarse por alto el hecho de que para poder cumplir con los proyectos productivos, de agua potable, así como de movilidad y de infraestructura urbanas, con los cuales se comprometió también el mandatario de Jalisco desde que era candidato a la gubernatura, se requiere la participación económica del gobierno federal. Sin embargo, desde el gobierno estatal esas negociaciones con la federación han sido lentas y hasta ahora poco alentadoras. Así, por ejemplo, no ha fluido el dinero que se requiere para la llamada Ciudad Creativa Digital. Tampoco ha habido recursos para comenzar a construir la presa del Purgatorio ni ha habido una posición clara respecto a las dimensiones de la presa de El Zapotillo –que se construye en territorio jalisciense, pero para beneficio de la zona metropolitana de León, Guanajuato– y de lo cual va a depender que se salve o no el pueblo de Temacapulín, a cuya preservación se comprometió reiteradamente en su momento el actual jefe del Poder Ejecutivo de Jalisco.
Con pocos o nulos recursos para echar a andar estos y otros proyectos, y sin mucha determinación para defender los intereses de Jalisco, en la práctica el mandatario estatal ha actuado como si estuviera atado de manos, de suerte que ha discurrido desviar la atención hacia otro tipo de asuntos. Y para lo cual le ha servido por igual el abusivo y draconiano programa de alcoholimetría Salvando Vidas que la reiterada queja (rebuscadamente autojustificativa) de que no cuenta con recursos porque el gobierno anterior, que encabezara el panista Emilio González Márquez, dejó muy seriamente comprometidas las finanzas estatales.
Todo ello ha servido para que el gobierno de Aristóteles Sandoval trate de lavarse la cara con una calculada campaña propagandística que dice varias cosas. Por un lado, que la administración anterior gastó tan mal e irresponsablemente el dinero de los jaliscienses que la entidad quedó endeudada y con obras improductivas, como la Villa Panamericana. Y por el otro, que el gobierno actual ha sido “austero”, y no sólo por necesidad sino también “por convicción”, para lo cual ha restringido algunos privilegios, como vehículos de lujo para funcionarios, gastos en viajes, teléfonos móviles, entre otros; lo que, según la propaganda gubernamental –cuyo costo, por cierto, no ha sido nada económico–, ha representado un ahorro inicial de alrededor de 100 millones de pesos, con lo que se habría podido financiar el ya mencionado reparto de mochilas, útiles escolares y vales para el transporte urbano.
El lavado de cara responde también a un motivo partidista. Como 2015 será en Jalisco un año electoral, y por lo tanto 2014 califica ya como año preelectoral, a nadie debería de sorprender que a estas alturas del calendario político nuestra fauna ídem, comenzando por el PRI (que ahora es el partido en los principales puestos de poder), busque a toda costa estar presentable ante la ciudadanía. Y para ello hay que tratar de congraciarse con los electores lo mismo con dádivas gubernamentales que con un aparente programa de austeridad, de condena del abuso de los cargos públicos y de persecución de prácticas corruptas.
Así debe entenderse (léase por cálculo político) el caso de la regidora con licencia del ayuntamiento de Guadalajara, Elisa Ayón, de cuyo desempeño presumiblemente corrupto la dirigencia del PRI no sólo ha tratado de deslindarse, sino que promovió un proceso para retirarle sus derechos partidistas e incluso para que se le haga un juicio político en el Congreso local que, de prosperar, no iría más allá de impedirle ocupar un cargo público durante unos años.
Otra acción correctiva, con miras a los comicios locales de 2015, con los que habrán de renovarse los 125 ayuntamientos del estado, todo el Congreso de Jalisco y la representación de nuestra entidad en la Cámara de Diputados, fue la forzada cancelación del presupuesto para las llamadas casas de enlace. Ante el cinismo de la mayoría de diputados locales (comenzando por los del PRI, y quienes se habían aprobado un sobresueldo mensual de más de 92 mil pesos mensuales), la dirigencia de ese partido y el propio gobernador hicieron recular a los diputados tricolores, quienes dizque por “sensibilidad social” acabaron renunciando a cobrar un pago adicional que mucho indignó a la sociedad.
Y todo porque tanto los sondeos de opinión como en los mentideros públicos se comenta lo difícil que será para la causa priista retener los municipios más cotizados de la zona metropolitana tapatía, comenzando por el ayuntamiento de Guadalajara, donde el PRI no ha entregado buenas cuentas, sino todo lo contrario, y máxime si se postula como candidato de oposición Enrique Alfaro, quien a quererlo o no sería el principal adversario a vencer.
Por todo ello la fauna priista del estado, comenzando por el gobernador, está afanada en tratar de lavarse la cara aun cuando sus obras como “servidores públicos” no sean precisamente un gran respaldo.








