Llega la reciente película de horror de Álex de la Iglesia, quien retoma las antiguas tradiciones históricas sobre el maleficio en tierras peninsulares de Navarra para crear una comedia de horror: Las brujas de Zugarramurdi. Entrevistado telefónicamente, el director de Perdita Durango declara estar enamorado de México “donde se vive de una manera cotidiana la irrealidad de la vida”, y anhela regresar pronto para dirigir otra película con Guillermo Arriaga.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El aclamado cineasta español Álex de la Iglesia ofrece una nueva aventura donde supuestamente se originó la brujería en el mundo: Zugarramurdi, un municipio navarro, ubicado a 83 kilómetros de Pamplona.
Tras el éxito que tuvo en España la película Las brujas de Zugarramurdi, ésta se estrena en México el 14 de febrero, y De la Iglesia confiesa en entrevista que le da una “alegría enorme” que se pase en nuestro país:
“México es una nación a la que quiero mucho porque allí he pasado los mejores años de mi vida: cuando rodé el filme Perdita Durango (1997). Recuerdo los Estudios Churubusco y todo el Distrito Federal, forjé muchos amigos allá y me dan muchas ganas de volver. Ese país es como España, pero multiplicado diez veces a nivel emocional.”
El largometraje, protagonizado por Carolina Bang, Mario Casas, Carmen Maura, Jaime Ordóñez y Hugo Silva, se proyectó por primera vez en los cines ibéricos el 27 de septiembre de 2013 y está inspirado en el auto de fe que efectuó la Inquisición Española en 1610 en Zugarramurdi, donde varias mujeres fueron procesadas acusadas de brujería y algunas fueron condenadas a la hoguera.
“Frida Kahlo es una bruja”
Muy a su estilo, De la Iglesia (nacido el 4 de diciembre de 1965 en Bilbao, Vizcaya) ofrece una comedia de horror, con la siguiente trama:
José es un padre divorciado que le ha prometido a su hijo, Sergio, ir a Disneyland París. Tony es un mujeriego que, inevitablemente, atrae a todo tipo de mujeres. Ambos tienen algo en común: están muy mal económicamente. Y con tal de solucionar sus problemas económicos deciden robar un establecimiento de compra de oro. Al huír de la policía, José y Tony secuestran a Manuel, un taxista admirador del periodista de lo paranormal Íker Jiménez. A su paso por el pueblo navarro Zugarramurdi, el trío es secuestrado por un grupo de brujas caníbales que encabeza la malvada Graciana (Carmen Maura).
Y no será la única bruja a la que conocerán. Por si fuera poco, los inspectores Pacheco y Calvo van detrás de ellos, y Silvia, y la ex de José va en pos de su hijo Sergio.
En comunicación telefónica conversamos con Álex de la Iglesia, expresidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España:
–Al inicio del filme, usted pone ilustraciones de brujas de todas las épocas y de pronto, aparece una foto de la pintora mexicana Frida Kahlo. ¿Cuál es su mensaje?
–Si el espectador piensa que tengo una visión negativa de las brujas, pensará que estoy diciendo que Frida Kahlo es una bruja, y efectivamente lo estoy diciendo: es una bruja. ¿Por qué digo eso? Porque es una mujer a la que admiro, respeto y temo al mismo tiempo. Frida me causa eso, porque es todo lo que yo no soy. Esa fuerza que proyecta me genera una sensación de admiración y a la vez de rechazo, y esa mezcla entre lo fascinante y lo que te asusta es la belleza.
“Las cosas que me gustan siempre me deben dar un poco de miedo. A mí me gustan las mujeres que me dan miedo, no me interesa una mujer que no me provoca una sensación de hipertensión. El amor, al final, es un ajuste de poder; si tú dominas, pierdes rápidamente el interés en la otra persona. Tiene que ser ella también la que domine, o dominar en unas cosas y tú en otras.
“El juego del amor es entretenerse en ese conflicto de poder, entonces, a mí me gustan las mujeres poderosas, me asustan y me fascinan, como Frida Kahlo, la escritora Simone de Beauvoir, me da terror Margaret Tatcher, y la política alemana Angela Merkel. Hablando de las mujeres, he intentado no generar un aspecto unívoco, sino de dar esa sensación de riqueza. El punto en común de todas es que provocan temor.”
El realizador de El día de la bestia, La comunidad, Muertos de risa, Los crímenes de Oxford, Balada triste de trompeta y La chispa de la vida (con Salma Hayek); en su nueva película Las brujas de Zugarramurdi menciona a México:
“Lo que pasa es que ustedes son muy especiales, por su manera de ser tan apasionante e increíble al nivel de haber hecho cotidiano lo fantástico. En México se vive de una manera cotidiana la irrealidad de la vida y eso es apasionante. Por eso estoy enamorado de México y estoy pensando regresar y filmar allá.”
–¿Le gusta el cine mexicano?
–Conozco el cine de Guillermo del Toro, es una bellísima persona y un gran profesional y siempre me ha ayudado mucho. Admiro profundamente a Alfonso Cuarón, creo que es uno de los directores que mejor mueve la cámara en el mundo. Y por último, el guionista y cineasta que estimo es Guillermo Arriaga, un gran amigo y una gran persona. Lo echo mucho de menos…
–Así como trabajó con Salma Hayek, ¿se le ha ocurrido rodar una historia para incluir a otros mexicanos?
–No sé… ¡Engañaré un día a Guillermo Arriaga! Y ojalá realicemos un largometraje juntos. ¡Me encantaría!
–¿Cómo ve la situación de violencia en México?
–México es un lugar donde la gente vive intensamente, entonces la situación es complicada sobre todo cuando nos encontramos en un momento internacionalmente difícil en todos los aspectos, pero creo que ahora lo malo es más malo, pero no olvidemos que lo bueno es mucho más bueno.
“Prefiero ser malo a tonto”
En España, más de un millón de personas vieron Las brujas de Zugarramurdi, cinta donde De la Iglesia vuelve a escribir el guión con Jorge Guerricaechevarría. En México la distribuye Dragón Films.
–¿Cómo surge esta historia donde de nuevo retoma la comedia de terror?
–Es una mezcla de cosas viejas y cosas nuevas. Cosas viejas en el sentido que desde los 18 años de edad, cuando estudié en la Universidad de Deusto, estaba interesado por el mundo, no tanto del ocultismo sino de la antropología cultural.
“Estudié filosofía y tenía acceso a una serie de textos sobre antropología cultural básica, como la obra del antropólogo Julio Caro Baroja, también la de su tío el escritor Pío Baroja, y de muchos más autores relacionados con el mundo antiguo, las creencias y las tradiciones antiguas. Esa universidad era de jesuitas, y en la biblioteca existía una colección extraordinaria de libros sobre satanismo, y hace casi ya veinte años rodé El día de la bestia, que trata un poco de todo eso. Entonces, había cosas que todavía recordaba, que tenía en la cabeza y deseaba contar, por ejemplo, el tema de las brujas y probar un aquelarre (reunión nocturna de brujas y brujos) en una cueva.
“Y lo nuevo es que todo el relato lo narra un varón de 48 años, divorciado, en un estado de confusión constante y eso genera una mezcla de terror y comedia, sin duda.”
–Es polémico que el personaje principal en Las brujas de Zugarramurdi caracterice a Cristo para robar un lugar donde se compra oro. ¿Le ha generado críticas esto?
–Me han preguntado mucho de ello. Yo soy católico, no es la visión de un heterodoxo; pero no soy un católico practicante que vaya a misa y esas cosas, pero la religión siempre ha estado presente en mis películas.
–Zugarramurdi llama la atención por sus leyendas de brujas, ¿verdad?
–Ese lugar existe, y la historia es real, hubo brujas ahí.
“Se dice que allí la Inquisición procesó a 40 mujeres acusadas de ser brujas y condenó a 12 de ellas a morir en la hoguera (cinco de ellas en efigie por haber muerto con anterioridad). Las ejecuciones se basaron en la mayor parte de los casos en testimonios fundados en supersticiones y envidias que eran poco o nada fiables.
“Lo que pasó en Zugarramurdi es que un pueblo fue denunciado por otro pueblo por una cuestión del control de las carreteras. Todos participaban en los aquelarres porque eran fiestas que se hacían todos los sábados, pero eso no había sido un problema porque eran aceptadas por todo el mundo. Y cuando se dieron cuenta de que era una manera de hacerle daño a un pueblo, lo contaron al obispado.”
De estas leyendas se filmó en 1984 la española Akelarre, de Pedro Olea, ubicada a finales del siglo XVI.
–Usted plasma en esta historia la guerra de sexos entre el varón y la mujer actual. ¿Por qué?
–Normalmente, en algunas de las comedias las mujeres son las que hablan de los hombres, por ejemplo: Sandra Bullock se reúne con Cameron Díaz y hablan de sus novios y sus problemas. Esa es una visión machista del asunto, creo yo, porque son las mujeres que de alguna manera cuenta sus problemas y debilidades…
“Yo querría contar una película al contrario, en el sentido de decir: son los hombres los que sobreviven, los débiles, los confundidos, los que no consiguen tener una relación, los que no encuentran una mujer perfecta, los que no saben tratar a las mujeres y en ese mundo de confusión son castigados. ¿Por qué? ¡Porque son muy tontos, no saben convivir de una manera normal y aceptar las cosas como vienen!
“Digamos que son los castigados por los dioses precisamente en un mundo donde domina la mujer claramente, y las mujeres tampoco son buenas: son profundamente malas; pero ¡yo prefiero ser malo a tonto!”
–Sus películas lo han colocado como uno de los mejores cineastas en España, ¿qué opina de eso?
–No lo sé… No hago mucho caso de lo que dice la gente, no por vanidad ni por humildad; sencillamente porque si no, te vuelves loco. Hay que reflexionar lo que uno ha hecho y reconocer los errores e intentar corregirlos en el siguiente proyecto. Todos los directores estamos siempre mejorando las próximas cintas.
–Se le ubica como el impulsor de la comedia de horror, ¿le agrada?
–No es intencional, es la manera de ver al mundo. Lo que a otros les hace gracia, a mí me da miedo, y lo que a otros les da miedo a mí me encanta, entonces, esa mezcla precisamente de horror y diversión es la que se me da, esa especie de comedia negra es en la que estoy envuelto.
“A mí me gusta filmar cine de cualquier tipo, incluso largometrajes que no he escrito; pero quizá se me nota mucho mi carácter a la hora de rodar. Por eso las nombran comedias terroríficas o películas de terror cómico, no sé cómo llamarles, para mí son tragedias grotescas.”













