Los consultores españoles de Innovación Deportiva presentaron un diagnóstico en el cual muestran las condiciones ínfimas del sector que dirige Jesús Mena. El análisis, encargado expresamente por el presidente Enrique Peña Nieto, evidencia la nulidad operativa de la Conade, cuyo titular lleva 14 meses en el cargo y aún no presenta su iniciativa de Ley General de Cultura Física y Deporte. Según los especialistas, coordinados por el exfutbolista argentino Jorge Valdano, prácticamente hay que empezar de cero.
Los consultores españoles que coordina el argentino Jorge Valdano –quienes, por encargo del presidente de la República, diseñan una política deportiva de manera paralela a la de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade)– elaboraron un diagnóstico según el cual hay que partir prácticamente de cero en esa materia.
Apoyados en la información de la misma comisión y otras fuentes, los especialistas cuestionan la burocracia y la falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos en la dependencia responsable del deporte nacional; ni siquiera trabaja, dicen, en la nueva Ley General de Cultura Física y Deporte.
Sus observaciones también incluyen a las federaciones, en algunas de las cuales priva el descontrol fiscal y económico y porque, aseguran, algunos de los trabajadores no cuentan con el perfil profesional requerido, lo cual se traduce en una imagen mala ante la sociedad.
Además, las instalaciones deportivas están en pésimo estado y no cuentan con entrenadores ni personal calificado para iniciar a la población en la práctica de las disciplinas de competencia y alto rendimiento.
En su edición del 19 de enero último, este semanario informó que Enrique Peña Nieto contrató los servicios de la consultora Innovación Deportiva –que encabeza el exfutbolista Jorge Valdano– para implementar una política nueva en ese aspecto y construir al mismo tiempo 32 polideportivos –uno en cada estado– que esta empresa administrará mediante el esquema de Asociaciones Público-Privadas (APP).
De acuerdo con el reportaje, el equipo de consultores españoles redactó el documento Planificación e instrumentación del programa nacional de cultura física y deporte en el que incluye un diagnóstico del sistema deportivo mexicano, así como los objetivos y líneas estratégicas para, asientan los autores, revertir el estado negativo en que éste se encuentra (Proceso 1942).
El escrito complementa otros tres, denominados Agenda estratégica del deporte mexicano, Identificación de buenas prácticas en la política y gestión del deporte y Diagnóstico estratégico sectorial del deporte mexicano, entregados al gobierno federal hace varios meses, según las copias obtenidas por la reportera. Las autoridades pagaron a Valdano y su empresa alrededor de 50 millones de pesos.
Los consultores españoles, quienes trabajan como “colaboradores” del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), realizaron la radiografía del deporte mexicano y el plan de acción que, en primer término, deberán seguir durante el sexenio la Secretaría de Educación de Pública (SEP) y la Conade; también deberán hacerlo los agentes que participan en el sistema deportivo mexicano: estados, municipios, el Comité Olímpico Mexicano (COM), las federaciones, e incluso los medios de comunicación y empresas del ramo.
“Con toda esta información –dice el documento– se completa la fase cuatro, la parte directamente ligada a la futura toma de decisiones, y se da un paso más de cara a la finalización del encargo que asumió el INAP ante la SEP y que se traducirá en la implementación del Programa Nacional de Cultura Física y Deporte.”
El análisis FODA
Para su diagnóstico, los consultores realizaron un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) y enlistaron en 10 puntos las principales ineficiencias del deporte nacional, es decir, los aspectos críticos que el Programa Nacional intentará superar en el periodo 2013-2018:
1) Falta de hábitos de práctica deportiva y alto nivel de sedentarismo de la población, asociado a un porcentaje muy bajo de educación física efectiva en las escuelas; 2) un sistema deportivo complejo y difícil de gestionar; 3) un desarrollo muy escaso de la intervención de los municipios en el deporte comunitario; 4) La limitada capacitación de los responsables –voluntarios y profesionales– del sistema deportivo; 5) instalaciones de uso comunitario, insuficientes y de baja calidad; 6) debilidad en la organización y gestión de las federaciones; 7) los magros resultados en el contexto internacional, inferiores al potencial de los atletas nacionales; 8) un deporte profesional con carencias importantes para su pleno desarrollo como actividad económica; 9) el financiamiento público insuficiente –federación, estados y municipios–, a lo que se añade una insuficiente reglamentación de la participación del sector privado, y 10) la falta de visión transversal en la acción pública del deporte, incluida la perspectiva de género, lo que genera ineficiencia y pérdidas de eficiencia en la administración de los recursos.
Aun cuando las observaciones de los consultores españoles no son un descubrimiento, dejan muy mal parado al director de la comisión, Jesús Mena, quien lleva ya 14 meses en el cargo y todavía no presenta el Programa Nacional de Cultura Física y Deporte; prácticamente hicieron el trabajo que le corresponde a la comisión.
Lo paradójico del análisis FODA es que de las fortalezas enunciadas, al menos la mitad son también debilidades, 10 son oportunidades, 16 son debilidades y ocho son amenazas.
De las debilidades, destaca la número 11, relativa al organismo responsable del deporte nacional:
“Frente a la fortaleza que supone la existencia de la Conade, su propia configuración y organización interna presenta debilidades que será preciso mejorar para que cumpla el papel normativo que le corresponde. Se puede señalar: falta de una organización estructural clara y didáctica en la que estén completamente definidas las competencias de cada unidad y la coordinación entre ellas; falta de alineación de la organización con la nueva Ley del Deporte, falta de manuales de organización y procedimiento, gestión por procesos y control interno; exceso de burocracia, transparencia en el uso de recursos y estructura programática presupuestal.”
El lamentable estado en el que funcionan las federaciones –punto siete–, los consultores mencionan su dependencia excesiva del presupuesto gubernamental y el bajo número de patrocinadores: “Algunas presentan situaciones de descontrol fiscal y económico y falta de transparencia”.
De acuerdo con el análisis, tienen poco personal que no trabaja tiempo completo, como lo requiere “un país tan grande”. Tampoco cuentan con una estructura profesionalizada con división y concreción de funciones; asimismo carecen de una estructura organizacional adecuada, procesos de trabajo basados en planificación estratégica y el uso de las tecnologías de la información por parte del personal es limitado.
La mayoría no tiene programas de capacitación para los entrenadores, ni plan de comunicación ni presencia social, menos aún realizan campañas de promoción del deporte, por lo que en ocasiones los dirigentes tienen una imagen pública negativa. Sus propias competencias tienen poca repercusión y aunque representan la única vía para apoyar a los atletas, algunas federaciones no carecen de instalaciones propias para las actividades de sus agremiados.
Un directivo paralizado
Jesús Mena no ha parado de cacarear las más de mil medallas internacionales conseguidas por los deportistas mexicanos en 2013, aun cuando metió en la misma canasta las de atletas infantiles, juveniles y de primera fuerza en competencias olímpicas y no olímpicas, juegos paralímpicos, e incluso las del Mundial de Globos Aerostáticos.
Sucesor de Bernardo de la Garza en la Conade, Mena presumió hasta el hartazgo las siete preseas obtenidas en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (una de ellas en futbol profesional) como la mejor actuación de una delegación fuera de México.
De acuerdo con el análisis de los consultores españoles, esos resultados, en el contexto internacional, no son proporcionales al peso y dimensión del país. Y aun cuando los triunfos en competencias internacionales “han mejorado en las últimas décadas”, el número de reconocimientos es desproporcionado con respecto la población nacional (122 millones de habitantes), la dimensión económica del país y su evolución (México es la potencia mundial número 14) y los recursos económicos públicos destinados al deporte (más de 7 mil millones de pesos para este año), entre otros factores.
De acuerdo con los expertos hispanos, este presupuesto es insuficiente pues apenas representa el 0.04% del Producto Interno Bruto.
Explican: “Aunque existe un Fideicomiso Fodepar-Cima que trabaja en el alto rendimiento, y se dispone de recursos financieros para ello, dichos recursos son insuficientes, especialmente en lo referido a captación de financiación privada, es decir, falta de patrocinio deportivo.
“La propia Conade reconoce como debilidad en este apartado ‘la estructura insuficiente del deporte de alto rendimiento’, los programas ‘no alineados al mismo objetivo’, la limitación de esta comisión para ser intermediaria entre federaciones, la ‘falta de seguimiento y control de procesos’ del uso de recursos (públicos) y la insuficiencia de entrenadores y grupos multidisciplinarios.”
Como otra de las grandes debilidades, según el documento consultado por Proceso, es el de las instalaciones deportivas: ni siquiera existe un inventario o censo: “No sabemos cuántas instalaciones hay, su calidad, su tipología, su distribución en el país”, dicen los autores.
No hay tampoco un plan director o instrucciones en torno a la creación y planificación de instalaciones. “La asignación de fondos gubernamentales a las mismas no se hace a través de la Conade –con criterios técnicos–, sino a través de enmiendas puntuales de los diputados, sin ningún criterio distinto al de oportunidad política”.
Y como no existe un respaldo técnico a la decisión de dónde construir, cuándo y para qué, se generan los “elefantes blancos”.
La inversión en infraestructura –más de 3 mil millones de pesos cada año – corresponde a un modelo de asignación de recursos sobre los que Conade no tiene control ni decisión alguna. No hay un análisis de la “rentabilidad” –eficacia y eficiencia– de las instalaciones construidas.
Además, no existe correspondencia entre los objetivos de la política deportiva –casi siempre asociada a las prácticas comunitarias o populares– con la construcción de instalaciones que casi siempre son para competencias y espectáculos.
“No hay recursos para equipamiento, operación y mantenimiento. Falta de proyectos e iniciativas de colaboración público-privada para la construcción, gestión o mantenimiento de instalaciones.”
Además, tampoco existen criterios transversales que optimicen el uso integral de las que hay, desde “un punto de vista técnico, eficiente y con vocación de servicio a toda la población”, subrayan los consultores españoles.
El punto ocho del diagnóstico indica que la calidad de un país depende más de las personas responsables (entrenadores, técnicos) que de las instalaciones existentes.
En México, un sistema no oficial, el de Capacitación y Certificación para Entrenadores Deportivos (Sicced), que coordina la Conade, es lo más cercano a la formación de especialistas en deporte, pero ni siquiera está conectado con el sistema educativo oficial. Está basado en una estructura de niveles de formación por especialidad.
“Se puede observar la inexistencia de opciones de capacitación para los profesionales del deporte que tengan cobertura en todo el país y garanticen la constante actualización en sus contenidos, de igual forma insuficientes opciones de certificación de competencias laborales para dichos profesionales.
“La misma Conade diagnostica: ‘La carencia del personal preparado y calificado para el fomento de la enseñanza y la dirección del deporte, así como los especialistas en ciencias del deporte que dan atención a los diferentes núcleos poblacionales del país ha sido uno de los principales problemas para lograr un desarrollo óptimo del deporte en México’.”
En el punto 10 se alude a las disfunciones del deporte profesional que, aunque está perfectamente separado del amateur –lo que en teoría sería una fortaleza–, tiene un conjunto de disfunciones que distorsionan su correcto desarrollo. La más importante es que existen aportaciones públicas por parte de los estados tanto en infraestructura como en apoyo económico.
Para elaborar el diagnóstico, el equipo de expertos se basó en informes sectoriales y más de 20 entrevistas individuales con atletas y representantes del sector. También consideraron un seminario realizado con la Conade en el cual se presentaron y analizaron los programas de las subdirecciones, así como las reuniones con los interlocutores designados por la dependencia para cada sector; los datos estadísticos y de resultados del deporte mexicano que se obtuvieron, y el informe de buenas prácticas de gestión elaborado específicamente para este proceso.








