“Cuarteto”

La marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont entablan un desafío sustentado en su poder y capacidad de seducción. En apariencia uno es el vencedor, pero en realidad, en este juego, ambos terminan perdiendo.

Heiner Müller, dramaturgo alemán contemporáneo, se inspira en la novela epistolar Amistades peligrosas, escrita en 1782 por el oficial militar francés Pierre Ambroise Choderlos de Laclos, y la ubica en un búnker de la tercera guerra mundial. Su intención pareciera darle una dimensión atemporal a la historia, remitiéndonos a la guerra en cualquier época. Dentro se perpetúa la lucha entre un hombre y una mujer, donde las armas son el sexo y el deseo.

La Marquesa y el Vizconde son una pareja fuera de lo común en la literatura, sobre todo en el siglo XVIII, en el que hablar abiertamente de las variadas formas en las relaciones sexuales y las habilidades de la seducción no era bien visto. Tan es así que después de escribir Amistades peligrosas fue reprendido por sus superiores y obligado a rein­corporarse a sus labores en el ejército. Aún en el siglo XXI algunos pueden sonrojarse ante el lenguaje exquisitamente soez y directo con que Müller (y Laclos en su momento) hace hablar a sus personajes, en particular a la Marquesa, que se ha rebelado contra las maneras que las convenciones imponen a una mujer.

La obra Cuarteto se estrenó en Mexico hace un par de semanas bajo la dirección de Alejandro Velis, con las actuaciones de Itati Cantoral y David Hevia. Si bien se recuerda el gran montaje de Ludwik Margules por la profundidad y sobriedad que logró de sus actores, la propuesta de Alejandro Velis y su equipo tiene el acierto de subrayar como subtexto el deseo sexual y sus diversas manifestaciones físicas y verbales entre la pareja.

La historia parte de la apuesta que la Marquesa le hace a Valmont: él deberá seducir a la mujer más puritana de la época, la presidenta de Tourvel, y de lograrlo, ella se entregará a él. Al mismo tiempo lo persuade de enamorar a una joven virgen, con la intención de vengarse de su examante, con el que la muchacha se casará próximamente. En la brillante propuesta dramatúrgica de Müller, tanto en su estructura como en su lenguaje, ambos personajes interpretan a los personajes opuestos a su sexo, dándoles a ambos las mismas armas y rompiendo la visión de una simple lucha de sexos. Son vastas las posibilidades que esto brinda tanto al director como a los actores. Alejandro Velis explota este hecho no tanto para contar la anécdota como para enfatizar la relación de poder y seducción entre ellos, con buenos resultados. Su trazo escénico es conciso y bien diseñado. Puede mantener quietos a los personajes en un diván, en una banca o en el suelo, y también utilizar los tránsitos para dar belleza y contundencia a los textos. Itati Cantoral interpreta con soltura y seguridad a la marquesa y proyecta la atracción y la contención de sus impulsos, aunque requiera un poco de más profundidad. En cambio, la estridencia de David Hevia debilita a su personaje y la afectación con la que representa a los personajes femeninos no permite que el público entre en la convención.

La maravillosa iluminación de Víctor Zapatero y el diseño sonoro de Gerardina Martínez crean una atmósfera fascinante, apoyada por el original vestuario de Tolita y María Figueroa.

El Cuarteto de Müller, que se presenta en el Foro de las Artes del Centro Nacional de las Artes –antes de presentarse en el Festival de Teatro de Bogotá–, es una obra que impacta los sentidos, abre apetitos y se queda en la memoria.