En torno a Desasosiego juvenil De Mauricio García Uribe

Señor director:

 

Felicito al señor Axel Didriksson por su columna titulada Desasosiego juvenil, publicada en Proceso 1941. Desafortunadamente, éste su servidor se encuentra dentro de ese grupo de jóvenes desempleados, y, en efecto, este año que comienza será poco más que complicado para nosotros.

Con zozobra me doy cuenta de que la preparación académica ha dejado de ser un factor de movilidad social. Es verdaderamente desalentador haber puesto tanto empeño y esfuerzo en terminar una carrera universitaria y encontrar que los empleos que se ofertan carecen de los mínimos de seguridad social, no otorgan estabilidad y están mal pagados. A quienes me dicen que sí hay trabajo, les pregunto: ¿Qué clase de trabajo? ¿De qué calidad? ¿Es suficiente?

Ya ni mencionar el conocido círculo vicioso de “no experiencia-no contrato”, que sigue produciendo más rechazo y exclusión. Mi único deseo es poder trabajar en un ámbito cercano a mi formación profesional y retribuir a mi familia algo de lo mucho que me ha dado. No se trata tampoco de hacer exigencias; únicamente pido una oportunidad para comenzar desde abajo, como debe ser, sin pretensión de recibir privilegios, pero también sin menospreciar ni devaluar mi preparación.

Pareciera que eso es pedir mucho en el México actual. Lejos de encontrar incentivos o razones de peso para quedarme, voy viendo más y más razones para emigrar a otro país y tratar de construir la vida útil y provechosa que no he podido comenzar aquí. Dolorosamente veo cómo el país me da la espalda, como a otros miles de jóvenes. Los efectos de la desesperanza pueden verse en el malestar social y en los crecientes niveles de criminalidad, más allá de las tribulaciones personales que la desocupación nos provoca.

Como dato anecdótico, observé con extrañeza que en la pasada Feria del Empleo de la UNAM la presencia del sector público fue mínima. ¿Será ese un signo de desdén por parte de la presente administración federal hacia los egresados de dicha casa de estudios? No me queda más que exhortar al señor Didriksson a que continúe aprovechando el espacio en Proceso para dar voz a  los jóvenes desempleados. De verdad necesitamos ser escuchados. Yo, entre tanto, trataré de seguir sobreviviendo esta realidad.

 

Atentamente

Mauricio García Uribe

Internacionalista