Tras 12 años de relaciones distantes, cuando no tirantes y agresivas, México y Cuba parecen encaminarse a una “normalización” diplomática y comercial. Con ese propósito el jueves 30 Enrique Peña Nieto hará una visita oficial a la isla, se entrevistará con Raúl Castro y probablemente conozca al líder histórico de la revolución. Pero –como en los viejos tiempos priistas– esa “normalización” obviará el espinoso tema de los derechos humanos.
El jueves 30 Enrique Peña Nieto hará una visita oficial a Cuba para continuar el “relanzamiento” de las relaciones con La Habana, las cuales sufrieron un serio deterioro durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón.
Ese “relanzamiento” tiene propósitos definidos: mantener el diálogo político “al más alto nivel” e impulsar el comercio, la inversión y la cooperación bilateral.
Durante su visita a La Habana, ni Peña Nieto ni ningún miembro de su comitiva tiene previsto reunirse con representantes de la disidencia cubana. Es más, el tema de los derechos humanos –que propició tensiones y enfrentamientos durante los gobiernos panistas– está afuera de la agenda de la visita e incluso de la agenda bilateral.
“El tema de los derechos humanos no lo hemos planteado como uno de los que vayamos a abordar en el encuentro bilateral y Cuba tampoco lo ha planteado”, dice a este semanario Vanessa Rubio, subsecretaria de Relaciones Exteriores para América Latina y el Caribe.
Además, señala, “no dirimimos temas de derechos humanos a nivel bilateral con ningún país, los dirimimos en los organismos multilaterales”.
En entrevista Rubio enfatiza: “Los derechos humanos son un pilar de la política exterior del país y son un fundamento para el actuar del gobierno a nivel doméstico, pero el enfoque es que este tema México lo defiende en los foros internacionales y en las distintas convenciones en la materia”.
Así, en la relación con Cuba el gobierno de Peña Nieto regresa a la política del antiguo régimen del PRI, el cual en los setenta y ochenta censuraba abiertamente a las dictaduras sudamericanas por violaciones a los derechos humanos pero se desentendía cuando dichas violaciones las cometía el régimen de la isla.
Los propios disidentes cubanos son conscientes de este cambio.
El gobierno de Peña Nieto “está dando los pasos para recuperar no sólo el nivel de interlocución que todos los gobiernos mexicanos tuvieron con el de Cuba hasta Vicente Fox, sino también las viejas pautas de la política exterior mexicana que, en el caso de Cuba, estuvo basada en una simpatía acrítica que siempre tuvo el PRI hacia las autoridades de la isla. Ello significa un silencio diplomático en términos de derechos humanos y una apuesta más evolutiva que política por la apertura y democratización de Cuba”, dice a Proceso Manuel Cuesta Morúa, dirigente de Arco Progresista, organización disidente de tendencia socialdemócrata.
“En los gobiernos de América Latina, incluido el de México, soplan aires de apaciguamiento con el régimen de Castro. Quieren evitar la confrontación. Eso ha determinado una falta de solidaridad con el pueblo cubano y sus libertades. Por ello no creo que Peña Nieto haga lo que Fox (reunirse con disidentes y tocar el tema de los derechos humanos)”, sostiene por su parte Elizardo Sánchez Santacruz, presidente de la organización disidente Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
La coyuntura internacional también ayuda al gobierno de Peña Nieto en este acercamiento a Cuba: Washington –pese a mantener el embargo económico contra la isla– no ha atizado el diferendo bilateral con La Habana; la Unión Europea se prepara para eliminar la llamada Posición Común que desde 1996 condiciona el diálogo institucional con el régimen cubano a avances en materia de derechos humanos y libertades civiles en la isla; y el gobierno de Raúl Castro –que preside la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)– se ha esmerado en cuidar sus relaciones con todas las naciones de la región.
Por ejemplo, a diferencia de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, no ha hostigado a la Alianza del Pacífico y ha invitado a empresarios de países que suscriben este acuerdo (Chile, Perú, Colombia y México) a invertir en la zona franca que se construye en el puerto cubano de El Mariel.
Igualmente, a diferencia del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, Raúl Castro desestimó las acusaciones de fraude que lanzó uno de sus aliados, José Manuel Zelaya, en las elecciones hondureñas que dieron el triunfo al candidato oficialista Juan Orlando Hernández, a quien incluso el mandatario cubano le envió una carta de felicitación.
“No conozco a Fidel”
La visita oficial de Peña Nieto a Cuba durará menos de 24 horas y se realizará al término de la Cumbre de la Celac, que tendrá lugar en La Habana del 28 al 30 de enero y a la cual asistirá el presidente mexicano.
Dicha visita incluirá actos protocolarios –pase de revista a las fuerzas armadas cubanas, ofrenda floral en el monumento al prócer José Martí–, un encuentro entre las comitivas de los dos países, un almuerzo en el Palacio de la Revolución y una reunión privada entre Peña Nieto y Raúl Castro.
Rubio comenta que hasta el jueves 23 no se tenía previsto que Fidel Castro, líder histórico de la revolución cubana, recibiera al mandatario mexicano. Pero fuentes diplomáticas no lo descartan, sobre todo porque el propio Raúl Castro se comprometió a ello cuando se encontró con Peña Nieto en la anterior cumbre de la Celac, en Santiago de Chile en enero de 2013.
–No conozco al comandante Fidel –comentó Peña Nieto a Raúl Castro.
–El día que vaya usted a La Habana, ese día, yo mismo lo llevo y se lo presento –respondió el presidente cubano, según la crónica que el reportero Francisco Reséndiz publicó el 29 de enero de 2013 en El Universal.
Según Rubio, durante el encuentro privado entre Peña Nieto y Raúl Castro ambos tienen previsto abordar dos temas principales: aterrizar en planes de acción ocho acuerdos en diversas áreas que los dos gobiernos firmaron en noviembre pasado e intercambiar información sobre las reformas que ambos mandatarios han puesto en marcha en sus respectivos países.
“Los presidentes van a conversar sobre un momento coyuntural que une a ambos países: sus respectivas reformas. Claro, son contextos muy distintos y reformas muy diferentes, pero estoy segura de que el presidente Castro va a estar interesado en escuchar del presidente Peña Nieto las reformas que se han dado en México en materia laboral, de educación, telecomunicaciones, fiscal y energía; y nosotros estamos muy interesados en escuchar de parte de los cubanos el proceso de actualización de su modelo económico”, expresa.
Y es que apremiado por una crisis económica de décadas, el gobierno de Raúl Castro ha impulsado una serie de medidas para dinamizar sus sectores productivos y de servicios y hacer un Estado más eficiente: fusionó ministerios, redujo las plantillas de trabajadores (de lo cual no escapó ni el Comité Central del Partido Comunista), entregó en usufructo tierras ociosas a los campesinos, eliminó subsidios (entre ellos el que permitía mantener la simbólica libreta de racionamiento), quitó trabas a los topes salariales, autorizó el pluriempleo y el cobro de honorarios a partir de resultados, amplió a 178 las actividades privadas, etcétera.
Igualmente eliminó una serie de prohibiciones que provocaban irritación en los ciudadanos de la isla, como el negarles el ingreso a hoteles de turismo o ponerles trabas para adquirir teléfonos celulares, que no pudieran comprar o vender de manera directa sus autos y viviendas o debieran pedir un permiso especial para viajar al extranjero.
El gesto de la deuda
Rubio recuerda que durante el encuentro de Peña Nieto y Raúl Castro en enero del año pasado ambos acordaron “relanzar y reforzar” las relaciones entre Cuba y México. Dice que a partir de ello, equipos de los dos gobiernos trabajaron durante casi un año en ocho “instrumentos” en materia de comercio, inversión y cooperación, los cuales, afirma, “actualizan el marco jurídico” de la relación bilateral.
Esos “instrumentos” fueron firmados el pasado 1 de noviembre durante la visita que hizo a la ciudad de México una delegación de diez “altos funcionarios” del gobierno cubano, encabezados por el canciller Bruno Rodríguez.
De esos “instrumentos jurídicos” destacan:
El incremento de 20.7 millones a 27.7 millones de dólares de una línea de crédito que otorga el Banco Nacional de Comercio Exterior a empresas mexicanas interesadas en exportar productos a Cuba o importarlos de la isla. “De la firma de este instrumento a la fecha ya se ha utilizado 50% de esa línea de crédito”, afirma Rubio.
La ampliación del Acuerdo de Complementación Económica –conocido como ACE-51–que permite reducir aranceles y otorgar facilidades aduaneras a más de 2 mil productos de ambos países, entre ellos bienes cubanos como ron, tabaco, medicamentos, aparatos médicos, productos agroindustriales y químicos.
Un tratado de extradición que actualiza el firmado por los dos países en 1925, así como otro tratado de asistencia jurídica mutua en materia penal.
Un acuerdo de cooperación en materia turística que, señala Rubio, permitirá por ejemplo lanzar proyectos “multidestino” que abarquen lugares de playa o coloniales de ambos países.
Sin embargo, el acuerdo más significativo fue la restructuración de la deuda cubana, que alcanzaba 470 millones de dólares. Como parte de ello México condonó 70% de dicha deuda y estableció un periodo de 10 años para el pago del 30% restante.
–¿A cambio de qué se le condonó la deuda a Cuba? –se le pregunta a Rubio
–A cambio de que ese país se comprometa a realizar pagos seguros en el mediano y largo plazo.
La subsecretaria explica que Cuba no tenía capacidad de pago y México, como país acreedor, advirtió que no iba a recuperar el monto de esa deuda, la cual además “se había convertido en un tema irritante en la relación bilateral por no lograr ponernos de acuerdo en cómo solventarlo”.
Refiere que, ante esa situación era preferible “entrar a una negociación” con el gobierno cubano en la que éste asumiera compromisos reales de pago.
Además aclara que la mayoría de ese 70% de deuda que se perdonó a Cuba corresponde a intereses moratorios y no al capital.
–Condonarle la deuda a Cuba es un gesto político –se le comenta.
–Desde luego. Es un gesto político por parte de México con el propósito de comenzar con Cuba una relación más cercana y productiva.
–O sea ¿los beneficios políticos serán mayores que los que pueda tener en materia económica?
–Yo no hablaría de beneficios políticos, sino de temas pragmáticos. Al final del día, el comercio y la inversión bilateral van a superar por mucho esta coyuntura de la condonación de la deuda.
Rubio adelanta que el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, viajará a Cuba en “febrero o marzo” acompañado por “un nutrido grupo de empresarios interesados en invertir en la isla”.








