Eduardo Antonio Parra es un escritor en permanente cambio. Cada uno de sus nuevos libros contiene un lenguaje notable y una temática exuberante. Así lo demuestra en Desterrados (coeditado por Era y las universidades autónomas de Sinaloa y Nuevo León; México, 2013, 157 pp.), volumen de quince relatos, en donde ya no ubica exclusivamente las tramas en el norte y los personajes son tratados con mayor esmero. No obstante, mantiene la forma tradicional del cuento, con un final inquietante y sorpresivo.
“El caminante” trata sobre un emigrante que desde que abandona el terruño no para de deambular. “Mal día para el velorio”, cuenta la relación erótica entre Marcos y su suegra Ofelia. “La costurera” expone cómo esta señora contribuye a la formación de un niño rodeado de mujeres. “Último round” versa sobre el hartazgo de un hombre en la ciudad. “El festín de los puercos” refiere la experiencia del escritor Heriberto Frías ante la represión de Tomóchic.
En Desterrados Parra trabaja sobre los transgresores, aquellos sujetos que rompen el orden establecido y abandonan territorios, posesiones y querencias. Los actos son impulsados por una fuerza inexplicable, que busca crear una nueva condición, en donde tenga un lugar el deseo y su satisfacción, asimismo la justicia, la delación del poderoso, la confianza y la ayuda mutua. Cuando esto no sucede provoca la indocilidad que puede inquietar a otros e invitarlos a la desobediencia.
Desterrados es una colección espléndida de cuentos que apuntan algunas de las maneras para crear un mejor vivir, bajo una situación terrible como la de la actual sociedad mexicana.








