Arte, aeropuertos y mediocridad

Con una indignante exposición que en todas las cédulas de obra señala los teléfonos y enumera los servicios de avalúo, autentificación, inversión en arte y restauración de la galería Itinerarte, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) evidencia el desorden y discrecionalidad que existe en la promoción gubernamental de vocación internacional del arte mexicano.

Emplazada en el Centro de Exposiciones de la Terminal 1 del AICM, la muestra, sin título ni cédula introductoria, conjuga pinturas, dibujos y algunas estampas de firmas mexicanas de distintos posicionamientos y generaciones, desde los nacidos a finales del siglo XIX como Roberto Montenegro hasta los nacidos en la segunda mitad del XX como El Gritón o Maribel Portela.

Carente de una narrativa curatorial que justifique la presencia tanto de cada una de las piezas como de los autores pertenecientes a segmentos artísticos de menor reconocimiento que la mayoría –como Julia López o Los Reyes–, el conjunto manifiesta errores tan relevantes como fechar una pieza de Adolfo Riestra en 2012 cuando el artista murió en 1989.

Museografiada alrededor de numerosas pantallas que publicitan las actividades del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), la exposición no disimula su identidad de mercado secundario. Una característica que deben explicar tanto las autoridades del AICM como la Coordinación de Artes Visuales del INBA ya que, entre sus actividades, tiene asignada la “programación, producción museográfica y difusión de las diversas muestras exhibidas” en el espacio mencionado. ¿Cuánto cuesta no sólo rentar la galería sino también beneficiarse con la legitimación institucional para las firmas menores?

Incapaz de presentar un Programa Nacional de Cultura durante el primer año de su gestión –asumió la presidencia de Conaculta el 10 de diciembre de 2012–, Rafael Tovar ha mencionado en numerosas entrevistas la importancia que tiene la cultura en la agenda exterior de un país. Considerando que el AICM es la puerta de llegada  y  salida de todo tipo de turismo que transita por México, esa agenda debería iniciarse ahí. A diferencia de ciudades como Berlín, Munich, Miami y Filadelfia, que han sabido utilizar sus aeropuertos como emplazamientos innovadores de arte público, en México la difusión artística no sólo es mediocre sino inapropiada.

Con las posibilidades que brindan las prácticas tecnológicas –lumínicas, sonoras, en línea– o las circunstancias de asombro conceptual en este tipo de espacios, limitar las exposiciones a esculturas de Jorge Marín o al mercado secundario es una muestra de la ignorancia de los funcionarios del INBA, Conaculta y AICM.

Centradas en un concepto curatorial que vincula el aire con la tierra, seis piezas en el aeropuerto de Berlín-Brandenburg demuestran que un aeropuerto puede convertirse en un lugar mucho más atractivo que una galería: https://www.berlin-airport.de/en/travellers/the-excitement-of-airports/art-on-architecture/index.php