Los integrantes del Grupo de Reflexión de Economía y Cultura (Grecu) coincidieron en que, tras dos décadas, los efectos del TLC son desfavorables para México, pues se abrieron las fronteras a lo producido en Estados Unidos y Canadá. Nos hemos convertido en un país más importador que exportador en campos como la tecnología, la ciencia, las telecomunicaciones, las producciones audiovisuales, editoriales y de contenidos, lo que condena a la nación al papel de consumidor. El Grecu desarrollará una investigación periodístico-académica que se expondrá en marzo en el foro Paso libre a la cultura. Tratos y maltratos del TLCAN.
A diferencia de Canadá, que estableció en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) reservas para el ámbito cultural, México desestimó el tema. José Ángel Gurría, entonces secretario de Comercio y hoy secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), consideró en 1993 y 1994 que no habría problema, pues México “tiene mucho pasado histórico y cultural”.
Víctor Flores Olea relató en una entrevista para el libro México, su apuesta por la cultura (Proceso-Grijalbo-UNAM, 2003) que como presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) advirtió sobre los peligros y la necesidad de plantear límites, pero no lo atendieron:
“Hubo un descuido, lo que importaba era el mundo de la economía, recibir inversiones a costa de cualquier situación que se produjera en el país, incluso en el campo de la cultura.”
A veinte años de la entrada en vigor del tratado, los impactos en el ámbito cultural se antojan devastadores. Al menos lo presentan así algunas de las aproximaciones que ofrecieron integrantes del Grupo de Reflexión de Economía y Cultura (Grecu), fundado en junio de 2009 por el periodista, investigador y promotor cultural Eduardo Cruz Vázquez, con el apoyo de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X).
México se ha convertido en un país más importador que exportador en campos como la tecnología, la ciencia, las telecomunicaciones, las producciones audiovisuales, editoriales y de contenidos, por mencionar algunos, dijeron los especialistas del grupo, reunidos el pasado día ocho.
Señalaron también que hasta hoy no se tiene un panorama completo y certero para dilucidar cómo estaba el país en el campo cultural en 1994 y cómo está hoy, tras veinte años de operación del tratado. Se pueden encontrar cifras en diversas instancias del gobierno, pero hasta el momento no se ha puesto en marcha la llamada Cuenta Satélite de Cultura que acordaron abrir el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) y el Conaculta desde el 2010.
En la sede de la Sociedad Mexicana de Directores-Realizadores de Obras Audiovisuales, los integrantes del Grecu anunciaron en rueda de prensa la realización del foro de análisis Paso libre a la cultura. Tratos y maltratos del TLCAN, los días 25 y 26 de marzo próximo en las sedes de la UAM-X y del Senado de la República.
El propósito es evaluar los efectos del tratado en la cultura, para lo cual, dada la falta de información en las fuentes gubernamentales, los especialistas desarrollarán una investigación periodístico-académica cuyos resultados se compilarán en un libro que será subido al portal del grupo.
Varios son los temas que podrían abordarse, pero se eligieron siete de acuerdo con el perfil de los integrantes: Cultural, coordinado por Cruz Vázquez; Audiovisual, por Víctor Ugalde; Artes visuales, por Angélica Abelleyra; Artes escénicas, por Héctor Garay; Telecomunicaciones, por Gabriel Sosa; Ciencia y tecnología, por Manuel Lino; y Cultura y arte en la Secretaría de Educación Pública, por Tomás Ejea.
En cada uno se ofreció información preliminar. Cruz Vázquez destacó que falta por determinar también si el TLC per se ha incidido en la situación actual de las llamadas industrias y empresas culturales, o es la globalización o los tratados comerciales montados en ésta.
Dijo también que habrá sectores, como la gastronomía y la industria vitivinícola mexicana, que han ampliado sus horizontes, pero en un ámbito como el editorial ha habido un nulo avance en estos veinte años: México no es un país exportador de libros en español, aunque tampoco importa libros estadunidenses y canadienses pues no es un país de lectores. El negocio editorial de la industria gráfica “se lo llevan más los chinos”.
Para ilustrar la necesidad de estimular la capacidad exportadora de las empresas culturales del país con políticas y programas desarrollados tanto en el ámbito de la diplomacia cultural como del comercio y la cultura, Cruz Vázquez relata en un ensayo que una amiga en Bogotá le pidió tres ejemplares de una novela editada por una universidad.
El libro le costó el equivalente a 14 dólares en la librería El Sótano, al valor añadió 300 pesos por el envío del paquete, pero “allá en el altiplano el libro de marras cuesta unos 50 dólares… ¿Dónde? En la librería del Fondo de Cultura Económica (FCE)”.
Cita también al investigador Néstor García Canclini, quien en 2006 advirtió en el libro Las industrias culturales y el desarrollo en México (escrito en coautoría con Ernesto Piedras) sobre el poco interés del Estado por el “campo estratégico” de las industrias culturales:
“Además de desaprovechar un vasto repertorio de recursos locales que ayudaría a mejorar cifras de empleo y la balanza comercial, está empobreciendo la diversidad y la comunicación cultural de lo que se produce.”
Uno de los problemas para el fundador del Grecu es que el Estado “es sólo capaz de generar valor simbólico”. Cabe mencionar que en su reciente intervención en la XXV Reunión de Embajadores y Cónsules en la Secretaría de Relaciones Exteriores, Rafael Tovar, presidente del Conaculta, dijo que la “presencia” cultural mexicana debe contribuir a “fortalecer la imagen” de México y sus relaciones con el exterior. El comunicado del Consejo no habla de un plan de acción para la economía cultural en el extranjero.
Cruz Vázquez espera que con la cuenta satélite para cultura –en la cual se tendrán que seleccionar aquellas prácticas y productos que permitan caracterizar un sector cultural dentro del aparato productivo– se tenga una mejor visualización de la economía cultual y entonces “reordenar la capacidad exportadora de México, hasta ahora débil, desprotegida, frágil en su identidad, carente de contrapesos y centrada en las pocas grandes empresas y/o industrias culturales del entretenimiento”.
Balanza sin balance
Los integrantes del Grecu coincidieron en sus intervenciones en que tras veinte años, los efectos del TLC no sólo se perciben en la balanza de pagos, desfavorable a México. Se abrieron las fronteras a lo producido en Estados Unidos y Canadá, mientras México se está quedando prácticamente en el papel de consumidor.
En este sentido el promotor cultural y excoordinador Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, Héctor Garay, informó que en las mediciones generalmente aparecen datos sobre el medio audiovisual y campos como las artes escénicas se consideran poco. Según él, tras el TLC se ha incrementado la presencia en el país de obras canadienses, pero las mexicanas difícilmente se presentan en Canadá o Estados Unidos, “no pintan”.
Y agregó que en la música hay también muchos aspectos por valorarse, entre ellos la importación de instrumentos musicales. Cruz Vázquez indica en su ensayo que 90% de las salas de concierto en el mundo tiene al menos un piano Steinway, de manufactura estadunidense. China ha puesto en el mercado “una amplia variedad de pianos”, pues mientras los franceses producen 10 mil pianos al año, los chinos cerca de 400 mil. México importa 90% de instrumentos y exporta sólo el 10%, “claro, de instrumentos mariacheros como guitarras, maracas y guitarrones”.
El analista de medios de comunicación profesor de la UAM-X Gabriel Sosa Plata adelantó en su turno que en la mesa sobre telecomunicaciones y medios digitales se evaluará el impacto del TLC en la telefonía móvil, la fija, los satélites, la televisión de paga, el internet y otros medios. Se hablará de lo que ha significado la importación de tecnología y de contenidos pues, como en el cine (donde se impone la producción hollywoodense), en la televisión de paga predomina la producción extranjera.
Su propósito es indagar sobre los cambios producidos a partir de la apertura en el sector de las telecomunicaciones y si hay una mayor competencia, mejores servicios y tarifas más asequibles. Además cómo los smartphones, tabletas y otros equipos han generado cambios en la apropiación de tecnologías y en el consumo de otras industrias culturales:
“Por supuesto que es un fenómeno en todo el mundo, pero no deja de ser interesante lo que ha ocurrido en México, principalmente en las grandes ciudades, en donde el celular o móvil ha dejado de ser una tecnología sólo para hacer llamadas telefónicas y se ha convertido en un instrumento de consumo y apropiación de productos culturales, desde películas o videos y música hasta aplicaciones de diferente índole.”
Subrayó que el teléfono móvil está transformando las culturas en todo el mundo, sobre todo las juveniles, a través de procesos interconectados, con consecuencias en la identidad individual, el consumismo y el lenguaje, entre otros factores.
Y lamentó: “A diferencia de otros países, en México el TLC no necesariamente ha tenido resultados positivos en el desarrollo de una tecnología propia y con una industria nacional como la que se impulsó fuertemente en los años 60 y 70, la etapa del desarrollo estabilizador, en cuanto a los receptores de radio y televisión. Hoy, la mayor parte de las tecnologías e incluso de los contenidos que consumimos en el país son de manufactura estadunidense. El TLC nos habría hecho más dependientes tecnológicamente al menos en este rubro.”
Pero además se analizará la telefonía móvil, no sólo como portadora de contenidos, sino como una industria cultural en sí misma, pues varias empresas como Sony producen el equipo y los contenidos. Esta transnacional abrirá su propio canal con eventos en vivo y series grabadas, “es decir, la industria del entretenimiento en pleno”.
Un año después de activar el TLC, el gobierno mexicano permitió hasta 49% de inversión extranjera en las telecomunicaciones. Hoy pasó a 100%, “apertura total”, reservando sólo en 49% la radio y la televisión.
Y el gobierno –remató– ya anunció que incluirá en el TLC asuntos de propiedad intelectual, internet y comercio electrónico, “lo cual no deja de ponernos en alerta sobre su impacto en la difusión de obras protegidas. Mientras se materializa este agregado, trabaja para lograr el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica, “el cual ha sido cuestionado porque podría criminalizar el uso de contenidos y promover la censura en internet al amparo de la protección del derecho de autor”.
Recuento de daños
Director, escritor e investigador de cine, Víctor Ugalde ha estudiado desde hace años el declive del cine mexicano a partir del TLC. Recordó que antes de la llegada de Carlos Salinas de Gortari a la presidencia se producían más de 80 largometrajes al año. Durante ese gobierno se “preparó” la entrada al tratado con “una política de desgaste a la industria cinematográfica, como se hizo con la electricidad y el petróleo, para decir ‘mejor que administren particulares’”.
Tras la firma se dejó al cine “al libre juego del mercado, y en cuanto se posicionaron las transnacionales” cayó la producción. De 92 películas en 1989 a sólo nueve en 1997. Apenas en 2003 comenzó la cuesta arriba con 29 cintas, y “gracias a la movilización de la sociedad hemos recuperado”. En 2012 se realizaron 74 películas, pero no se producen ni se consume todavía lo que en los años 80, precisó.
Si sólo se soltaran datos duros –detalló– parecería que el cine mexicano está bien pues en 1993 había 103 millones de espectadores y en la actualidad hay 257 millones. Pero la población aumentó. Las mesas servirán para dejar todo ello en claro y responder a la pregunta de si el modelo neoliberal atiende a la población mexicana. Adelantó más datos:
El 78% de la población mexicana no asiste al cine; antes, con el cine popular, 50% de la población podía hacerlo, “ahí ya tenemos un tipo de exclusión”. Y segundo, antes del TLC había unas 2 mil 300 poblaciones con cine y la mitad de ese público veía cine mexicano. “Estamos hablando de 200 millones de nacionales viendo cine mexicano”, y ahora, “en el mejor de los casos”, son 26 o 30 millones (según la fuente de la Cámara Nacional de la Industria del Cine o Instituto Mexicano de Cinematografía).
Ahí está el detalle
Las preguntas, agregó el cineasta, son: Para quién se gobierna y quién se beneficia, pues a primera vista el beneficiado “fue el cine de Estados Unidos, tenemos la peor balanza de pagos cinematográficos hasta el momento, antes era más equilibrada”.
Reflexionó que si sólo 26 millones de los espectadores vieron cine mexicano, el resto se “educó” con películas estadunidenses, lo cual lo llevó a preguntar: “¿Qué ciudadanos estamos formando?”
Ugalde alertó que durante un tiempo se protegió a la industria de la televisión pero ahora también se está liberando, y “si no se toman las precauciones, sucederá igual que con el cine. Cada día Televisa y TV Azteca, Canal 22, producen menos. Los efectos están ahí pues lo más importante de las industrias culturales son sus contenidos”.
Citó información de la UNESCO en el sentido de que la aportación de las industrias culturales en los países productores es del 5%; según el economista Ernesto Piedras en México supera el 7%, “lo cual puede parecer alentador, creo –bromeó– que creció o el país se hundió, no sabemos”.
Lo cierto es que, según él, la industria cultural es uno de los sectores más dinámicos del país. El tratado, evocó, estuvo a punto de no firmarse por el tema del agro y el de la propiedad intelectual, pues “quien la detenta impulsa la economía”. Explica entonces que aunque México exporte productos culturales, buena parte del valor, o sea el contenido, es estadunidense y la mitad de los recursos generados se concentran “en unas cuantas empresas”.
En esta mesa, como en la del foro en general, se contará con la presencia de dos especialistas, uno de Estados Unidos y el otro de Canadá, a fin de que hablen de la experiencia de cada país tras el tratado.
En su ensayo Cruz Vázquez hace un llamado al Estado para tomar las medidas necesarias para impulsar el desarrollo de la economía cultural e incrementar las exportaciones de sus bienes y servicios. Buscar “nuevos equilibrios, donde la exportación no sea primordialmente de valores simbólicos y campo para la gestión cultural convencional, vetusta de escasa imaginación innovadora”.
Y asume que no es sólo tarea de las instituciones culturales o los diplomáticos sino también de los gestores y agentes culturales, la sociedad civil y la iniciativa privada que “contribuyen a la movilización de activos culturales dentro y fuera de la nación”.








