“Golpe mortal” a la Miguel Hidalgo

En los años veinte, junto al Ferrocarril de Cuernavaca se establece la primera fábrica que inauguraría la zona industrial de la colonia Granada, estratégica por su cercanía con la Ciudad de México, por las vías del tren y porque ahí corría el caudal del río San Joaquín.

Con el nacimiento de la Cervecería Modelo, en 1922, en los predios contiguos se fueron fundando factorías donde se producían jabones, telas, aceite, láminas, harinas, chocolate, bebidas, autos, refrigeradores, vidrios o llantas, hasta 1980, cuando las zonas industriales fueron sacadas de la ciudad.

Actualmente, en donde estaba la fábrica de Vitro se alza la Plaza Carso. Con la llegada del grupo que encabeza Carlos Slim muchos dueños de fábricas las vendieron; en su lugar comenzaron a construir torres con oficinas o departamentos de lujo que forman el desarrollo llamado “Nuevo Polanco”.

Uno de los edificios es Residencial Carso, con 570 departamentos de fachadas de cristal, aún sin habitar. Otro será un hotel cinco estrellas. La publicidad indica que la plaza tiene cuatro helipuertos.

Otro es el proyecto inmobiliario Miyana, que contará con edificios de hasta 50 pisos para residencias, penthouses y oficinas, y que ofrece como uno de sus atractivos tecnología de punta en “seguridad”.

“Nuevo Polanco” se levanta donde estaban fábricas como la de Vitro, Chrysler, General Electric, PM Steele, Vidriera México o la textilera Xalostoc. En 2015, sobre los restos de la fábrica de Palmolive se ubicará la Embajada de Estados Unidos.

En una columna publicada en la revista Obras, la arquitecta María Bustamante Harfusch, cronista de la delegación Miguel Hidalgo, lamenta “la dramática” demolición de la zona industrial en la demarcación por causa del cambio de uso de suelo y el potencial de densidad que se le ha dado a la mayoría de los predios de la zona, permitiendo las construcciones de edificios de hasta 30 niveles.

“En menos de una década han sido desmantelados inmensos conjuntos industriales, arrasando incluso con murales, edificios de oficinas proyectados y construidos por importantes arquitectos y artistas del siglo XX, por lo que se perdió todo vestigio de la historia industrial que dio gran empuje al desarrollo de México”, escribió en su columna vuelta lamento por esa zona que considera patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad.

“Debería haber proyectos acordes con las estructuras existentes y conservar en lo posible algunas máquinas representativas, edificios de oficinas, silos y murales que reflejan la importancia de cada industria, sobre todo aquellos que fueron realizados por artistas de renombre como Siqueiros, González Camarena y Chávez Morado, así como por arquitectos como Obregón Santacilia, Félix Candela, Rosell y Carrasco, Alejandro Prieto, quienes construyeron verdaderos palacios para la producción”, escribió.

En un recorrido por la zona, donde sólo se han salvado las fábricas de Harinas Elizondo, Cervecería Modelo, Bayer y Devlyn, el ecologista Eduardo Farah, director del periódico barrial Espejored (dedicado a Polanco, Lomas y Bosques), repite: “Vienen por todo. Todo lo van a tirar. Es cuestión de tiempo”.

Durante el camino despotrica contra la corrupción de los funcionarios delegacionales y del gobierno capitalino que permiten la construcción de las torres de oficinas y departamentos, la voracidad de las inmobiliarias que intentan construir al máximo de altura, la complicidad de los jueces corrompidos y hasta la anuencia del actual jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera.

Como si fuera un guía de turistas, Farah va explicando: “Todo lo construyeron, no dejaron áreas verdes… Hay 16 mil departamentos en esta zona, multiplíquele a tres habitantes por departamento… ¿Ve el ancho de las banquetas? ¿Es de un metro, acaso de uno veinte?… Los nombres de los edificios son tramposos… Mire a la izquierda: todo lo que alcanza a ver es de Slim…

“El atole con el dedo es hacer creer que el pasto que pondrán en la vía del tren ya es un parque… La gente que viene a vivir aquí es muy aspiracional, puros wannabis, son gente engañada que cree que vive en Polanco porque les ponen una ventana hacia allá… Aquí el metro vale 10 mil; estos de lujo de Slim, 50 mil… Todo está en venta y también es negocio para Seduvi… A esto que está construido ya le echaron el ojo… El potencial de uso de suelo permite 80 mil departamentos; hasta ahora hay 16 mil sin calles, banquetas, vialidades…”

En el café donde termina el recorrido Farah le muestra a la reportera una edición de Espejored de diciembre 2009, dedicada a “Nuevo Polanco”, en la que se advierte que están por construirse “80 mil departamentos e incontables oficinas y centros comerciales, mayormente en callecitas con dos o tres carriles, sin agua y drenaje suficiente”, en un territorio de “150 hectáreas que equivalen al 3% del territorio de la delegación Miguel Hidalgo”.

El texto vaticina escasez de agua, saturación de drenaje, tráfico de 150 a 200 mil autos que colapsarán las colonias aledañas, y menciona como culpables del “golpe mortal a la Miguel Hidalgo” a los ya retirados Arturo Aispuro, de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), y a la exdelegada Gabriela Cuevas.

La representante de los vecinos de la Cerrada Andrómaco, Elvira Téllez, señala que los funcionarios parecería que se enteran hasta el final sobre el plan de desarrollo de la zona y no informan a los habitantes de los cambios que se vienen.

Muestra la vía de Ferrocarril que, según la publicidad, sería habilitada a lo largo de 9 kilómetros como parque lineal que uniría varias colonias. Pero en el tramo de afuera de su casa se ve pulverizada, sin pasto, como un camino de tierra. El ruido, el polvo y los cientos de albañiles que hostigan a las mujeres que tienen a la vista la hacen poco apetecible para caminarlo. Se queja también por los excrementos que dejan los perros de los nuevos vecinos, quienes no los levantan.

Menciona que los desarrolladores no han cumplido con la cuota de áreas verdes que les corresponde construir, y las pocas que han hecho “son internas y no las comparten”.

La esquina de la cerrada parece un mini-oasis que cuenta con algunos árboles que dan sombra, dos canchas deportivas pequeñas con el enrejado roto, un puñado de bancas color mugre y equipamiento para hacer gimnasia al aire libre. El mobiliario está dañado por el sobreuso que le dan los obreros y sucio por el polvo de las obras.

“Nos han mermado la calidad de vida. Antes podíamos salir y pasear. Hoy sufrimos principalmente la vialidad. Estamos colapsados, estamos pidiendo desde hace tres administraciones un estudio de movilidad. Si tienes un percance no hay vías de escape a hospitales, nos falta el agua por tantas obras y fugas, y tanto tráiler que se acabó las calles.”

Se nota que su mayor molestia son los albañiles que se drogan afuera de la cerrada. Justo durante la entrevista uno de ellos enciende un cigarro de mariguana. Ella lo amenaza con llamar a la policía. Otro, en solidaridad con su compañero, canta una canción dedicada a la mota. En toda la redonda, los albañiles tapizados de polvo se ven extenuados y se acuestan donde sea. Otros juegan futbol en la cancha.

Téllez se queja de los 10 días seguidos que pasaron sin agua por las obras en construcción, del frecuente cierre de las tomas sin aviso, del cierre de calles a capricho de las inmobiliarias, del truene de los transformadores de luz, de que los nuevos vecinos sacan a pasear a sus perros y no recogen sus cacas, de que los autobuses de la Ruta 28 desvían su trayecto para dar servicio exclusivo a los empleados de Grupo Carso.

“Quizá más adelante sea benéfico, pero hoy lo estamos viviendo día a día”, lamenta.