Señor director:
Le agradeceré la publicación de las siguientes líneas, dirigidas al pueblo de México.
Los mexicanos estamos viviendo tiempos canallas que no se veían desde la etapa porfirista. Como entonces, ahora nos pasan por encima con la aprobación de la “reforma energética”, haciéndonos testigos y víctimas de la mayor felonía con la entrega de la renta petrolera a compañías trasnacionales.
Los autores de ese atraco, que afectará igualmente a las futuras generaciones, son un grupo de miserables, traidores, apátridas y vulgares ladrones incrustados en el Congreso de la Unión, quienes no tuvieron el voto de Ricardo Monreal, Luisa María Alcalde Luján, Manuel Huerta, Manuel Bartlett Díaz, Alfonso Durazo, Alejandro Encinas y Javier Corral, entre otros.
Pero las legislaturas locales consumaron el despojo por consigna. Un claro ejemplo fue el del Congreso de Querétaro, que se llevó sólo 10 minutos para derrumbar todo el proyecto del general Lázaro Cárdenas. De manera sumaria, ese proceso se realizó en unos cuantos días, alterando y eliminando los principios jurídicos, sociales, económicos y políticos en que descansa nuestro ordenamiento supremo, sin consultar al pueblo, tal como lo mandata la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (artículo 35, fracción VIII, inciso c).
La desolación, la tristeza y la impotencia que se sienten ante la nefanda afrenta, sólo parangonable con la muerte de un ser querido, me llevan a preguntar: ¿Dónde estuvieron los ingenieros, los obreros, los médicos, las enfermeras, los jóvenes, las amas de casa, los arquitectos, los comerciantes, los maestros, los estudiantes, los contadores, los campesinos, las mujeres y hombres de este país mientras se verificaba el vil despojo a la nación? ¿Dónde estuvo el pueblo de México, que no salió a defender a su patria? Y la gran pregunta: ¿Dónde estuvieron las facultades de derecho de todas las universidades del país mientras pisoteaban nuestra Constitución? ¿Puede ser posible tanta indolencia de los conocedores del derecho? ¿Habrá un hijo que sea testigo de la agresión a su madre y no haga nada para defenderla? Pues la patria es comparable con dicha madre.
¡Y sí, compañeros: Yo fui actor y testigo de estos tiempos canallas y aciagos; yo también sufrí los acontecimientos recientes en mi querido estado de Querétaro –en el Congreso local–, y yo también fui ignorado junto con un puñado de valientes, pero me encontraron luchando hasta el final, en las calles y en las mismas puertas del Congreso! ¡La historia…, la historia en su implacable juicio que no perdona, nos pondrá a cada quién en su lugar! (Carta resumida.)
Atentamente
Héctor López Piña
Estado de Querétaro








