Aun cuando Autlán celebró los 470 años de su “fundación” entre la última semana de noviembre y la primera de diciembre, historiadores oficiales no se ponen de acuerdo en la fecha en que se constituyó esa comunidad prehispánica. El autor de este texto, Gabriel de la A. Michel Padilla, cronista de El Limón, lamenta que las autoridades no hayan estudiado a fondo los documentos de la época para determinar los orígenes de ese municipio.
1.– El 14 de marzo de 1525 el señor de Teuzacualpa, en tierras nayaritas, interrogado por el visitador don Francisco de Vargas acerca de los bienes que producían, contestó que pescados y algodón; al preguntarle dónde los vendían, dicho señor de nombre Coálatl (serpiente del agua) respondió que los comerciaban con los pueblos de Aguacatlán, Xalisco, Tepelcingo y con otro pueblo que está más adelante, que se dice Autlán.
Si a Autlán se le asigna 1543 como fecha de fundación, seguramente los pescados y el algodón que con tanto empeño producían para exportar los hombres de Teuzacualpa terminarán siendo un trozo de fantasía que a los historiadores seguramente no les interesa, en aras de la nueva forma de hacer historia. Y los habitantes de Autlán tendrán que esperar pescados y algodón hasta otras calendas.
2.- El 4 de mayo de 1525 el mismo visitador, Francisco de Vargas vesitó la ciudad de Autlán ques por sí de la provincia de Mylpa. Dijo que tenía dos señores, uno viejo, de nombre Milpanecatetle (dueño o señor de los cultivos), y otro joven, de nombre Opuchel (zurdo). Por el gran número de casas que tenía fue el único asentamiento que se designó con el nombre de ciudad. Dijo el señor de Autlán que se dedicaban a producir maíz y chile, que contaban con un tiánguiz y que tenían guerra con los del pueblo de Mylpa, a dos leguas de distancia; además, que se vestían de maguey y algodón. Sus vestidos de algodón seguramente los tejían con el que les enviaba el cacique de Teuzacualpa.
Los señores o caciques de Autlán bautizados por los ancianos de su tribu con tan poéticos nombres como Milpanecatetle y Opuchel, el mancebo de la mano siniestra, palabra que comparte raíces con Huiztilopochti (colibrí siniestro, dios de la guerra de los aztecas), detalles tan relevantes para cualquier humanista, terminan siendo también cuentos sin importancia. ¿Y las mil 200 casas? ¿Y el pueblo de Tecomatlán? ¿El vistoso y colorido tiánguiz donde vendían sus chiles y su maíz, sus calabazas y sus pitayas antes de que llegaran los españoles? ¿La guerra contra los de Mylpa? Todos esos detalles de invaluable valor antropológico, para los nuevos historiadores se vuelven sólo una nueva versión del Amadís de Gaula.
3.- El 8 de octubre de 1526 el rey Carlos V entrega, a través de su escribano, la cédula de la encomienda de Autlán a don Hernán Ruiz de la Peña por mediación del licenciado Aguilar, por mandato de su merced Alfonso Lucas, escribano de su majestad.
Si Autlán se fundó hasta 1543 por acuerdo de los historiadores del siglo XXI, entonces don Hernán, con todo y pena, tendrá que esperar que pasen casi 20 años para que le entreguen sus tierras y sus indios. A Su majestad Carlos V tendremos que ponerle una tacha por andar dando lo que aún no existe… Si es que desde donde se encuentre no ha promovido ya un juicio de residencia contra quienes no le permitieron disfrutar del cincuenta por ciento de las regalías de dicha encomienda hasta 1543.
4.- El 13 de julio de 1531, Francisco de Orduña, en el juicio entre Guzmán y Cortés, a la sexta pregunta que le hicieron respondió que había sido alcalde de Zacatula y Colima y que había repartido el valle de Mylpa y otros muchos pueblos que con los susodichos había conquistado don Francisco Cortés.
Si Autlán se funda hasta 1543 –según los historiadores y las actuales autoridades municipales–, ¿qué andaba haciendo Nuño de Guzmán demandando a Cortés por algo que no existía?
5.- El 15 de julio, en el mismo juicio, el propio Francisco Cortés declaró que en la conquista (de 1524 a 1525) este testigo repartió a Xalisco después de que estuvo pacífico a Pablos de Luzón(…). A Hernán Gómez repartió Autlán (negritas mías) y Hernando de la Peña a entrambos compartido(…) y que no puede firmar por estar muy enfermo y por defecto de la vista…(Juicio de Nuño de Guzmán contra Hernán Cortés sobre las conquistas y descubrimientos de Jalisco y Nayarit 1531. Archivo del Hospital de Jesús Leg. Num. 409-7).
En el juicio entre el personaje más relevante de la conquista, don Hernán Cortés, y Nuño de Guzmán, estuvieron íntimamente involucrados los protagonistas de la conquista de Autlán. Además la ciudad fue parte de la manzana de la discordia, y que este dato tan trascendente quede fuera de la cronología del inventario histórico, o por los meno devaluado, es una lamentable omisión.
6.- En el documento Vecinos y pueblos de Colima de 1532, con el número 35 aparece don Hernán Ruiz de la Peña, la primera autoridad española de Autlán. Se dice que es persona muy honrada, cosa que debe enorgullecer a dicha ciudad, pues gobernantes así no abundan. Además se dice que estuvo en las guerras de México-Tenochtitlan, de Michoacán y de Colima. Y nos reporta además que sirvió a pie y a caballo. Luego enumera, además de Autlán, los otros tres pueblos que gobierna.
Optar por 1543 para celebrar la fundación de Autlán es votar por el olvido de estos hechos que son realmente importantes y con una aportación de historia invaluable. Por otra parte, el tres veces héroe de guerras de conquista, honrado, valiente y leal, a quien no le importa quedarse sin caballo para seguir sirviendo, no querrá, donde esté, voltear la vista hacia la ciudad ingrata, para cuyos historiadores el primer español que la gobernó pasó a la papelera de reciclaje.
7.- Fray Alonso Ponce, quien llegó a Autlán el martes de carnaval (qué casualidad) el 10 de febrero de 1587, después de describir con asombroso detalle lo que vio en Autlán, hace notar un hecho de enorme valor humanístico: los de aquel pueblo hablaban una lengua particular llamada auteca (otra vez negritas mías)… pero los unos y los otros entienden casi todos y hablan la lengua mexicana y en ella se confiesan y se les predica…
Estos breves párrafos destilan humanismo indigenista, venturosamente valorado por los frailes franciscanos y benedictinos. Baste citar a Bernardino de Sahagún y a Bartolomé de las Casas, sin olvidar a nuestro Antonio Tello, que vivió en Autlán. Habrá que preguntar a los expertos en formación de lenguas de cuántos años o siglos se requiere para que una lengua nazca, se desenvuelva y luego sirva de conducto de comunicación entre los seres humanos. Magro favor, por no decir enorme perjuicio, causa la nueva datación a estos importantes detalles. Que un pueblo cuente en su haber con el diamante de “una lengua particular” no es cualquier cosa. La fatídica fecha 1543 da en la borda con este diamante, orgullo del pasado de nuestra ciudad, porque entre 1543 y 1587, en que fray Alonso Ponce se percató de eso, era imposible que una lengua se alcanzara a formar.
8.- El arqueólogo Bruce Benz y su esposa Karen, quienes estuvieron en el valle de Autlán haciendo excavaciones para analizar el material cultural encontrado en el sitio El Colomo, nos dicen en un breve párrafo publicado en un congreso de occidentalistas: El sitio el Colomo (valle de Autlán) representa una localidad que fue habitada durante quizá mil 200 años desde 400 a. C. hasta 900 d. C… La pequeña muestra obtenida del sitio demuestra la riqueza del material cultural asociado a tres fases de ocupación humana y extiende la antigüedad de ocupación en dicho valle.
Si según Bruce Benz y su esposa Karen, desde el siglo cuarto antes de Cristo había una relevante actividad antropológica en nuestro valle, a quienes ya considerábamos que desde un siglo después que se construyera el Partenón de la Atenas de Pericles, símbolo de de la cultura de Occidente, ya había actividad cultural en nuestros pueblos, nos han bajado los ánimos porque a la ciudad que por antonomasia representa nuestra arqueología le han sustraído, de un plumazo, casi 2 mil años de antigüedad, de una manera sacrílega. Si los historiadores no son “defensores de oficio de la fechas” ¿entonces qué defienden?
9.- La doctora Isabel Kelly, de entrañable memoria y quien se pasó hurgando nuestro subsuelo en busca de la datación de nuestros orígenes y de la relación de nuestras piezas arqueológicas con otras culturas, dice con mucha prudencia y sensatez, en un inglés académico, refiriéndose a la antigüedad de las piezas arqueológicas producidas por los antiguos autlenses: …at the moment it seems not too brash to suggest that they may prove in large measure to belong to the same general pre-aztec time horizon. (Por el momento no parece atrevido sugerir que aquellas pueden probar con amplio margen que pertenecen a la etapa del horizonte cultural anterior a los aztecas).
Aun cuando la señora Kelly no se mete en camisa de once varas, lo mínimo que nos asegura de las piezas es que son anteriores a la llegada de los aztecas a los lagos de Anáhuac; no nos dice cuántos años antes, pero sí que los autlenses ya producían obras de arte antes de las llegada de los aztecas al valle de México. Recordemos que Tenochtitlan se funda en 1325, pero la doctora dice que somos anteriores a ellos. ¿Cuánto tiempo? La doctora fue muy prudente y no soltó ninguna fecha carnavalesca.
Pero si se decidió que 1543 será la que marque la celebración de la fundación de Autlán, queda en evidencia que poco importan estos datos fruto de una ardua investigación, realizada muchas veces bajo la lluvia o en duras y polvorientas jornadas.
Honestidad
Después de lo expuesto, para aceptar que Autlán se fundó en 1543, o como lo quieran decir, que 1543 es la fecha apropiada para fijar su fundación, sería inevitable cambiar las reglas de la lógica o cambiar los parámetros para medir el dinamismo y el valor de los hechos de la misma historia.
La simplicidad y la claridad que aportan los hechos, todos documentados, tendríamos que suplantarla por el lenguaje doloso de la ocurrencia, o como decía Paul de Man, el lenguaje doloso del símbolo verbal. No se puede violentar la claridad de la etimología. Fundar viene del latín: fundamentum dare, “poner cimientos a algo”. La simplicidad del lenguaje honesto nos enseña y eso lo sabe cualquier autlense sencillo que se dedique a cortar pitayas, que una ciudad no puede ser fundada después de que tuvo señores gobernantes indígenas, una población abundante, un centro de comercio o tiánguiz, que producía chiles, abundante maíz, árboles frutales; que sostenía guerras con sus vecinos de Mylpa; comercio con los indígenas de Teuzacualpa y su cacique Coálatl, que tuvo su primer encomendero, de nombre Hernán Ruiz de la Peña, que estuvo involucrada en un juicio de carácter nacional de histórica importancia entre Nuño de Guzmán y don Hernán Cortés.
Todo eso sucedió antes de 1543; que está en los anales de arqueólogos prestigiados como la doctora Kelly y el doctor Bruce Benz (la primera de la Universidad de California, el otro de Wesley Texas University), que le conceden su existencia desde el siglo cuarto antes de Cristo, sin necesidad de invocar y otros muchos hechos que no se enumeran aquí.
Nos queda muy claro que Autlán no se fundó ese año, pero los que puntualizan, sin sentido, que la fecha no declara su fundación sino una propuesta para celebrarla, caen en una contradicción incongruente e infranqueable.
Una de las más graves consecuencias de la fecha es que inevitablemente, despoja a la ciudad de su raíz indigenista, con toda la carga antropológica que esto conlleva. Autlán era el asentamiento indígena más relevante del occidente en tiempo de la conquista, en cuyo agravio se cometió uno de los más irracionales genocidios, denunciado valientemente por un verdadero fiscal contra la corrupción española: don Lorenzo Lebrón de Quiñones, testigo presencial de las consecuencias de ese holocausto que se comenzó a cometer antes de 1543. La fecha mencionada pone una dosis de olvido a este trágico suceso, un veleidoso borrón y cuenta nueva. ¿Cómo evitar repetir la tragedia si para los nuevos historiadores no existió? Dicha ciudad estaba ligada a Mylpa, la de cultivos de riego, desde antes de 1525, a Cuezala, lugar de aves preciosas, a Zacapala, la tierra de grama de color púrpura; a Huehuetlán, lugar de los tambores; a Manantlán, en cuya sierra, como si fuera un sagrario, se conservan como invaluable reliquia los vestigios del maíz primitivo, que después sería la herencia más valiosa que le diera Mesoamérica al planeta: el maíz, el grano que más se cultiva en el mundo. Por eso se dice que nuestra región es la cuna del maíz, gloria no poco ambicionada. Y todo eso ya no es relevante celebrarlo, eso no cuenta si despojamos a la ciudad y su región de su pasado, muy anterior a 1543.








