Seis obras simultáneas de 15 minutos en las habitaciones de una casa en la Santa María la Rivera es un proyecto teatral novedoso para el espectador, donde puede escoger qué ver de entre 14 obras.
El proyecto de Microteatros, iniciado en Madrid y que ahora también se lleva a cabo en Miami, Nueva York y otras ciudades de España, ha atraído a gran cantidad de creadores de teatro en la Ciudad de México, que ven en ello la posibilidad de presentar obras de teatro breves y con poca inversión para desarrollar temas específicos, enfrentando el reto de la pequeñez del espacio y la duración.
Si bien han acudido muchos teatristas con la intención de presentar sus propuestas –en cada convocatoria se reciben más de trescientas obras– no ha sido así en lo que respecta al público, cuya asistencia proyectada es de quince espectadores en cada habitación y que en la realidad nos encontramos con habitaciones en las que sólo hay tres espectadores, a pesar de ser un proyecto tan atractivo para el público.
Microteatros arrancó en la Colonia Narvarte del D.F. con el tema “por dinero” y ahora cierra su cuarta emisión en la Santa María la Ribera abordando diversas situaciones alrededor de la venganza. Uno puede recorrer de tres a seis habitaciones, según sea su resistencia como espectador y su capacidad económica. El donativo voluntario por cada obra es mínimo si se observa de manera independiente y más mínimo si contemplamos que es la única gratificación con la que los actores, directores y dramaturgos cuentan.
La convocatoria llama para hacer teatro por amor al teatro y por el propio proyecto, y para los espectadores es ver teatro de una manera distinta: tendiendo a los personajes frente a frente, y transitando por los espacios, conviviendo, tomando una copa y conversado de lo ocurrido en cada obra que se ve.
Cierto que es difícil hablar de las obras presentadas con el tema de la venganza por la limitada selección que uno hace, pero se puede también observar la desigualdad en cuanto a calidad actoral, dramatúrgica y de dirección. Así como puede uno ver obras en las que sale satisfecho, inquieto, divertido o con cosas que reflexionar, también se tienen experiencias no tan gratas.
De la primera opción se puede hablar de dos obras sólidas y con objetivos completamente diferentes: La obra No se olvida, escrita y dirigida por José Carriedo y las actuaciones de Sonia Couoh, Américo del Río y Gerardo Taracena, entre otros, es un thriller político sobre el movimiento del 68. Con referencias testimoniales nos enfrentamos a la tortura, el comportamiento frívolo y tiránico del victimario y la actitud quieta –en un principio–, llena de odio y resentimiento de la víctima. La proyección del silencio y las miradas, en contraposición a las palabras disociadas a lo que está pasando, se conjugan de manera eficaz para crear una tensión implícita que luego se convierte en una lucha de cuerpo a cuerpo muy bien ejecutada. Los giros dramáticos a partir de la información, aunado al elemento sorpresa del final, nos deja consternados y cuestionados.
También la obra Perdón perdón, escrita por Alberto Estrella y dirigida por Víctor Carpinteiro, tiene un giro dramático final que da un nuevo significado a la comedia que presenciamos. El buen trazo escénico y las actuaciones de Luz Casillas y Abraham Ramos nos hacen reír y también sorprendernos.








