El duelo futbolístico que culminó este domingo 15 es equiparable al de los magnates y las televisoras. El actual campeón, el América, puso en juego a sus canteranos y a las contrataciones exitosas, todos con la inercia del triunfo. El aspirante tuvo su base en el equipo que ascendió a la Liga Mx y también en los que recién llegaron, igual con hambre de victoria. Quizás lo que hay detrás de ellos, la adrenalina del poder, sea la razón de que inesperadamente se haya visto en México un espectáculo de buen futbol.
Desde que regresó a la Liga Mx, en el torneo Apertura 2012, después de 10 años de permanecer en la Liga de Ascenso, el León no ha podido vencer al América en las tres ocasiones en las que se han enfrentado en la máxima categoría.
El equipo del que es socio Carlos Slim, el cual también tiene la exclusividad para la transmisión de sus encuentros deportivos, logró su actual posicionamiento cuando derrotó a los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas en la final de la Liga de Ascenso con el marcador global de 6-2.
En el primer partido con las Águilas, este conjunto se impuso 2-1 como local con anotaciones de Christian Hobbit Bermúdez, quien ese mismo año llegó al club procedente del Atlante por invitación de Miguel El Piojo Herrera.
En el segundo y tercer duelos, ambos disputados en el Nou Camp, empataron a un gol (anotaron Christian Benítez y Matías Britos /Mauro Boselli y Miguel Layún), fueron trepidantes y los dos equipos enseñaron buen futbol.
El cuadro que dirige el uruguayo Gustavo Matosas ha sido protagonista en dos de los tres torneos que ha jugado en el máximo circuito. En su primera temporada calificó a la liguilla y se metió hasta la semifinal. En cuartos de final dio cuenta del Cruz Azul (4-2 en el global); después sucumbió ante Xolos Tijuana (2-3), que a la postre se coronó campeón del Apertura 2012.
Las pésimas campañas del León durante la década que estuvo en la Liga de Ascenso comenzaron a quedar atrás cuando Grupo Pachuca lo compró. Jesús Martínez Murguía –hijo de Jesús Martínez Patiño, dueño de los Tuzos– se convirtió en el presidente del club que ha administrado de forma envidiable y a pesar de que el sentir popular dictaba que el equipo felino sería el patio trasero donde el Pachuca tiraría sus desechos.
Martínez Murguía tuvo el acierto de cerrar contrataciones con jugadores como Rafael Márquez, Jonny Magallón, Matías Britos y Mauro Boselli, quienes se han sumado al grupo que logró el ascenso: Sebastián Maz (quien ya no está en el equipo), Óscar Mascorro, Ignacio González, Edwin Hernández, Carlos Gullit Peña, José Juan Vázquez, Luis Montes y Darío Burbano.
Rodrigo Fernández, director deportivo del León, sostiene que los dueños decidieron mantener a 90% de los jugadores que integraron el equipo que ascendió a la Primera División.
Destaca sobre todo la llegada de Montes y Peña, ambos cedidos en préstamo por el Pachuca en el Torneo Apertura 2011. Los dos jugadores formaron parte de las fuerzas básicas de los Tuzos, donde no lograron consolidar su carrera.
Con 19 años, Montes fue prestado a Indios de Ciudad Juárez en la Liga de Ascenso en 2006. Luego, durante 10 torneos estuvo con el club de la capital de Hidalgo y participó en 10 partidos. Peña, por su parte, jugó tres torneos con el Pachuca y alineó en 20 juegos. En los cinco torneos que han vestido la playera esmeralda, Montes ha marcado 12 goles en 76 encuentros y El Gullit 16 en 79.
“No era el momento ni de Peña ni de Montes; no tenían muchas posibilidades en el Pachuca ni eran titulares. Siempre buscamos jugadores con proyección, con el perfil que quería Matosas: dinámicos, buenos con la pelota. Se tomó la decisión de que vinieran a la Liga de Ascenso. Les costó un poco a todos los que han venido de la Primera a la División de Ascenso porque el jugador lo toma como ser menos, y es un error porque es una división muy difícil, muy peleada”, comenta Fernández.
–¿León es el ejemplo de que con una nómina discreta también se puede aspirar a ganar títulos? –se le pregunta.
Responde:
–Lo importante está en el reclutamiento, cuando te estás armando. A veces no necesitas del nombre, sino de darle la oportunidad y la confianza al chavo que viene del ascenso, que todavía no es conocido. Lógico, también tiene que estar rodeado de jugadores con experiencia. Teníamos la base y después llegaron Rafael Márquez, Jonny Magallón, Boselli, los extranjeros; pero yo diría que en el armado estuvo el éxito. También depende de un buen entrenador, como Gustavo Matosas, que ayude al buen futbol, a tener un equipo dinámico.
–El reto no parecía fácil con un equipo que arrastraba una pesada carga de 10 años sin éxito en la Liga de Ascenso.
–Venir al León implicaba una gran responsabilidad por todo lo que había pasado. Todas las finales que se habían perdido. Quiérase o no, había presión, aunque nunca la quisimos manifestar. Sabíamos que era una buena plaza. El aficionado acá es muy apasionado, pero muy exigente. De alguna manera ya estaba cansado de los malos resultados. Había incluso quien decía que así lo querían las directivas (que no ganara el León) porque era negocio. Ahora, con los resultados, podemos decir que era una mentira.
La llegada
El León, que finalizó en el tercer lugar de la tabla general con 30 puntos (ocho victorias, seis empates y tres descalabros) fue fiel a su estilo de juego vertical y espectacular. El buen paso de sus futbolistas derivó en que Márquez, Montes, Edwin Hernández y Peña fueran convocados a la Selección nacional cuando Miguel Herrera fue nombrado director técnico y se le asignó la responsabilidad de enfrentar a Nueva Zelanda para calificar al Mundial en el repechaje intercontinental.
Los cuatro fueron titulares y elementos clave en el estilo de juego que desplegó Herrera en los dos partidos del repechaje. Junto con 10 americanistas, los del León se convirtieron en la base del seleccionado que obtuvo el boleto mundialista.
“León es un gran equipo. Ratifica que no me equivoqué en llevar la base de América y León para conseguir el objetivo con la Selección. Va ser una final muy buena. Son dos equipos que atacan, que divierten a la gente, y eso es lo que vamos a hacer los dos”, declaró El Piojo tres días antes de que se jugara el partido de ida de la final del Torneo Apertura 2013.
América, el campeón del Torneo Clausura 2013, perdió a Christian Benítez para la presente temporada. El jugador ecuatoriano firmó con el Jaish Sports Club de Qatar, a donde emigró tras haber levantado el título hace seis meses. Días después, el delantero falleció a causa de una peritonitis que no fue atendida a tiempo.
Sin ningún refuerzo importante, Herrera arrancó la campaña con la promesa de que conseguiría el bicampeonato para el equipo del dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, hazaña que sólo ha conquistado Pumas con Hugo Sánchez en los torneos Clausura y Apertura 2004.
El equipo de Televisa terminó como líder general de la competencia con 37 puntos, producto de 11 triunfos, cuatro empates y dos derrotas. Sólo uno de esos descalabros fue responsabilidad de Herrera –contra Santos, en la fecha 10, cuando el América perdió 2-1–, pues el otro encuentro –Tigres 1-0– lo dirigió Álvaro Galindo cuando El Piojo se hizo cargo de la Selección nacional. Con Herrera, América volvió a perder hasta semifinales 2-1 con Toluca, pero remontó el marcador en el estadio Azteca para colarse a la final y, otra vez, en el juego de ida ante León, las Águilas perdieron 2-0 la noche del jueves 12.
Campaña fallida
El América de 2013 está muy lejos del equipo en el que durante tres años fungió como presidente Michel Bauer. Amigo de la infancia de Emilio Azcárraga, Bauer llegó sin ninguna credencial en el futbol para hacerse cargo de las Águilas. Aun así, aseguró que le devolvería su grandeza al club y hasta anunció un proceso de reingeniería que incluía hacer un campeonato, atender a los aficionados, mejorar el trabajo en fuerzas básicas, crear un proyecto sin parangón de comunicación y proyectar a nivel internacional a los de Coapa.
Bauer no cumplió uno solo de sus compromisos. La campaña “América, grande, muy grande”, que diseñó el publicista Carlos Alazraki, sirvió para hacer mofa de cada derrota, sobre todo contra las Chivas: con Bauer como directivo las Águilas perdieron cuatro clásicos, consiguieron un empate y apenas un triunfo.
En los primeros dos torneos, América ni siquiera clasificó a la liguilla. El argentino Ramón Pelado Díaz fue la gran apuesta de Bauer, pero en lugar de enderezar el barco acabó por hundirlo. Un torneo y cuatro partidos después fue sustituido por Jesús Ramírez. El club calificó a la liguilla en el Apertura 2009, pero en cuartos de final cayó ante Monterrey. En el Bicentenario 2010, en la misma fase, perdió ante Toluca. Dos liguillas, dos fracasos.
Entonces Bauer y su director deportivo, Jaime Ordiales, llevaron a Manuel Lapuente, quien dirigió el equipo hasta semifinales, cuando lo eliminó el Santos. A Lapuente lo aguantaron tres partidos más del Clausura 2011, y como no pudo ganar, lo despidieron. En contra de la voluntad del presidente del América, Carlos Reinoso fue nombrado entrenador, decisión que apenas alcanzó para que El Maestro alcanzara la liguilla en ese torneo y en cuartos de final perdiera ante Morelia. Cuatro técnicos en tres años.
Michael Bauer nombró a Luis Roberto Alves Zague como vicepresidente deportivo, por encima de Jaime Ordiales. La pareja hizo cortocircuito. Sus diferencias eran tan grandes que casi llegaron a los golpes. La directiva americanista se partió. Bauer terminó por renunciar. Zague apenas duró tres meses. En diciembre de 2011 fue despedido, lo mismo que Alfredo Tena, director técnico en turno.
“Fueron tres meses nada más para estar en el equipo, pero así tomaron los decisiones los responsables y yo sigo mi vida adelante y ya. No hubo con qué crear ni siquiera algo para poder entablar un diálogo o una discusión futbolera (con los dueños) en relación con el América. Yo creo que ya no (regresaría).Uno también tiene que aprender y entender las cosas. Cada quién sabe lo que hace, y ya queda en la conciencia de las personas que decidieron hacer las cosas de esta manera”, dijo en entrevista radiofónica en el programa Pasión de TDN.
El 10 de noviembre de 2011, Ricardo Peláez fue presentado como vicepresidente deportivo. El América también anunció que Yon de Luisa fungiría como presidente operativo. En ese momento comenzó la reestructuración en el nido de las Águilas. Peláez –que en su faceta de comentarista deportivo en radio y televisión jamás tuvo empacho en criticar a la directiva azulcrema, a los entrenadores y hasta a los jugadores– formó una mancuerna con Miguel Herrera que hasta hoy les ha permitido cosechar buenos resultados y, de paso, les compró un lugar como responsables de la Selección nacional rumbo a Brasil 2014.
Todos los días, en su programa de radio matutino en 730 AM, Peláez cuestionó a los refuerzos extranjeros que él consideraba petardos: Federico Higuaín, Lucas Castroman, y a los mexicanos que tampoco cumplían con las exigencias de un club como el América.
Peláez y Herrera reestructuraron por completo el equipo: le dieron las gracias a Efraín Juárez, a Vicente Matías Vuoso, Rolfi Montenegro y al propio Oswaldo Vizcarrondo, defensa venezolano que ellos mismos contrataron pero que no funcionó. El Piojo le dio juego a jóvenes de las fuerzas básicas, como Diego Reyes, Erick Pimentel y Raúl Jiménez. Oswaldo Martínez sentó a Rosinei Adolfo, quien seis meses después del cambio de directivos salió de la institución. Milagrosamente Miguel Layún y Paul Aguilar mejoraron su nivel de juego.
La dupla Peláez-Herrera firmó a Jesús Molina, Moisés Muñoz y a Juan Carlos El Negro Medina, quien gracias a los consejos de Christian Benítez por fin aprendió a ser disciplinado. El fichaje del argentino Rubens Sambueza, que fue muy criticado, al final le redituó beneficios al club.
Al lado de Peláez y Herrera ha estado, aparentemente entre sombras, Yon de Luisa, quien una vez que Justino Compeán deje la presidencia de la Federación Mexicana de Futbol asumirá esa posición. En la figura de este directivo descansan las aspiraciones de los dueños del futbol mexicano para tener, otra vez, por fin, un hombre fuerte con representación en FIFA, como hace más de dos décadas la tuvo Guillermo Cañedo Bárcena.








