La vida de “Pinolito”, en “Quebranto”

El documental Quebranto, de Roberto Fiesco, el cual se proyecta en la Cineteca Nacional, retrata la vida de un actor que triunfó en su infancia, Fernando García Ortega, conocido como Pinolito, quien luego fue bailarín profesional y después decidió transformarse en mujer con el nombre de Coral Bonelli, enfrentándose al rechazo social no sólo de sus familiares, también de su entorno laboral.

Fiesco, conocido productor de cine mexicano, ahora debuta como director con este filme, donde aborda la discriminación que sufren las personas de distinta preferencia sexual en pleno siglo XXI. Además, muestra cómo una generación de actores infantiles del cine nacional de los años setenta fueron olvidados; unos ya fallecieron, pero otros se dedican a actividades distintas al espectáculo, de ahí el título.

El joven realizador rememora en entrevista que primero conoció a la mamá de Coral, la actriz freelance Lilia Ortega, en el rodaje de la película de ficción El mago (2004), de Jaime Aparicio; ella se hace llamar doña Pinoles:

“Entonces me acordé del actor infantil Pinolito, y le pregunté si tenía que ver con él, y me comentó que era su hijo. Lo llevó un día a las locaciones, y me sorprendió ver a una mujer de un metro 75 centímetros… con vestido y rubia.”

 

Cambio de identidad

 

–¿Cómo ideó realizar el documental?

–De entrada me llamó mucho la atención cuando las conocí, sobre todo el contraste físico entre ambas. La mamá es una señora mayor y baja de estatura  y Coral es muy alta. Después de lo visual me atrajo lo que significaba ser travesti para un personaje como Coral, quien había tenido una carrera pública como actor infantil, y además me sorprendió que haya asumido una identidad a los casi 40 años, es decir, tomar una decisión de ese peso a esa edad significaba mucho más. Era asumir que su vida iba a sufrir una transformación completa ya en su madurez  y que enfrentaría de todas maneras una vida llena de estigmas.

“Siempre he creído que el travesti entra a un enorme desafió social, aunque en los últimos  10 años hemos vivido una trasformación social, por lo menos en términos legislativos, y esto ha ayudado muchísimo para que entendamos la diversidad sexual de otra manera.”

Cuando Coral era Pinolito, intervino en más de 30 películas, como Fe, esperanza y caridad (1974), de Alberto Bojórquez, Luis Alcoriza y Jorge Fons; Los albañiles (1976), de Jorge Fons;  Espejismo de la Ciudad (1975), de Julio Bracho, y Los hijos de Sánchez (1977), de Hall Bartlett.

–¿Pero qué pretendía reflejar?

–Me interesaba mucho su vida alrededor del cine. Cuando conocí su casa me di cuenta que era como un templo al cine y a su carrera dentro del espectáculo. Estaba  llena de fotografías, carteles y de recuerdos de películas en las que trabajaron, de shows de variedades donde laboró Coral en los tiempos del Teatro Blanquita. También, destacaban las fotografías con actores con los que habían trabajado, en fin. Ese espacio me parecía muy atractivo e interesante. Era  una historia contada por dos personajes casi anónimos dentro de la historia oficial del cine. No eran las grandes estrellas de la pantalla, sino dos historias de seres periféricos alrededor del mundo del cine nacional.

“Que además habían iniciado su carrera en un periodo de auge de la industria nacional, en el periodo echeverrista, cuando la industria fue estatizada, y después a partir del periodo de José López Portillo esta misma industria comenzaba una decadencia, y a ellas les tocó esa misma decadencia, hasta que en los ochenta Pinolito dejó de trabajar.”

–¿Con ellas se refleja la crisis del cine mexicano de ese tiempo?

–Si, y después regresa la mamá a la pantalla grande cuando comienza un repunte del cine nacional en los volúmenes de producción, hace diez años. Otra cosa que me llamó la atención era su relación madre e hija, que a mí emocionalmente me parecía  muy perturbadora, y creo que está llena de aristas y de conflictos, pero a la vez se tienen un profundo amor, y existe esa necesidad de esperanza de que en algún momento les llegará el éxito. Ese sueño, creo, no lo van a perder nunca. Eso me pareció ejemplar y por esas cosas fue que decidí hacer el documental.

El cineasta pensó en el proyecto cinco años hasta que decidió buscarlas para proponerles su idea:

“Aproveché la franqueza de Coral para hablar de sus primeras experiencias sexuales hasta su caída como trabajadora sexual. Cuentan con una profunda valentía su vida y también eso habla  de una situación social que no tiene otras salidas para un personaje transgénero como ella.”