Partidero

Durante horas, alrededor de 500 personas discapacitadas hicieron fila frente al colonial edificio del antiguo Hospicio Cabañas ahora Instituto Cultural Cabañas, obra concebida por Manuel Tolsá. El motivo: la oferta de trabajo por parte del gobernador Jorge Aristóteles Sandoval a través del Servicio Estatal de Empleo. Bajo carpas instaladas en la explanada, personal de la Secretaría del Trabajo iba inscribiendo a los solicitantes y los enviaban a las empresas que presuntamente habrían ofrecido empleo. Sin embargo, cuenta Lourdes Gómez Ramírez, una de las solicitantes, “casi nadie o nadie” consiguió ocupación en los lugares que les habían asignado. “Por ejemplo –dijo– a mí me enviaron a Válvulas Urrea y al llegar me dijeron que no había lugar, que ellos no habían solicitado personal”. Lo mismo le pasó a otros demandantes. Según Lourdes, a quien le falta un brazo y padece cáncer de colon, “Aristóteles Sandoval nos prometió que nos iban a dar trabajo pero fue puro cuento; sólo promesas de político. Nos prometieron una cosa y nada. Nada más lo utilizan a uno para las estadísticas, para las campañas”. Afirma que ella puede desempeñarse en distintas actividades, “pero nada, únicamente nos utilizan para adornarse, para sacarnos en Canal 7 (la televisora estatal) y nada más, y lo que yo necesito es trabajo y un trabajo estable, aunque gane poco, y que no nada más nos hagan gastar en copias de todo: acta de nacimiento, CURP (Cédula Única de Registro de Población), credencial del IFE…”. Citó que ella ya laboró en AM-PM –una empresa de paquetería–, y aunque sólo le pagaban 270 pesos a la semana por cuatro o seis horas de trabajo diario, estuvo a gusto los dos meses que laboró ahí, pero que la despidieron porque ya no había trabajo. Como ella hay muchos discapacitados esperando una auténtica oportunidad, pues no quieren depender de las limosnas que, dicen, deben pedir para sobrevivir.

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Cuando se iniciaba como funcionario universitario –apenas había dejado de ser presidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), a finales de la década de los setenta, Raúl Padilla López tenía una obsesión que a sus más cercanos confesaba: “Yo quiero trascender”. Y preguntaba cómo hacerle. Todo en él giraba en torno a ese objetivo. Luego, ya con recursos humanos y económicos de la Universidad de Guadalajara a su disposición y el apoyo total del entonces gobernador, Enrique Álvarez del Castillo –quien lo financió al menos en dos eventos consecutivos en 1987–, fundó la Feria Internacional del Libro (FIL), tras haber sido, años atrás,  responsable de organizar una de las, ya para entonces, muchas ferias municipales del libro. Desde 1989, cuando cobijado por Álvaro Ramírez Ladewig, heredero de su hermano Carlos de las riendas de la FEG, se convirtió en rector de la UdeG sin dejar de ser el presidente de la FIL –por lo visto siempre lo será por decisión propia–, la disposición de tales recursos para cuanto evento o capricho tiene, ha sido ilimitada. Así, a partir de ahí empezó a codearse con la flor y nata de la farándula, por un lado y, por el otro, con escritores, intelectuales y gente de la cultura. Trabó amistad con escritores diversos a quienes de una u otra forma se fue echando a la bolsa, mediante cabildeos y luego con la asignación de cargos, buenos tratos, reconocimientos y condecoraciones, a costa de la universidad, por supuesto. Desde entonces ha ido cosechando, primero caseramente y luego más allá, lo que sembró y en diferentes instancias ha recibido homenajes, medallas y cruces. Ha visto cumplirse su anhelo: trascender.

 

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Si mal no recuerdo, el primer galardón internacional lo obtuvo en septiembre de 2006, cuando el gobierno de Cataluña le entregó el Premio Creu de Sant Jordi (Cruz de San Jorge). La semana pasada cosechó su mayor condecoración, hasta ahora. La embajadora de Francia en México, Elisabeth Beton Delegue, le otorgó la Orden de Caballero de la Legión de Honor de Francia “por su aporte a la cultura”. Pero tan pronto obtuvo la distinción, el máximo poder de la UdeG recibió una andanada de críticas a través de las redes sociales a partir de su demanda de mayor presupuesto para la educación. Le reprochan que mientras la UdeG sufre penurias y las escuelas carecen de lo indispensable, El Licenciado Padilla López se mandó hacer un Teatro Diana y Centro Cultural Universitario, con el Auditorio Telmex como eje, para sus negocios artísticos que poco o nada tienen de culturales. Asimismo, que se gasta el universitario presupuesto en atenciones burguesas a sus invitados especiales. l

 

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