Interés público No. 22

Interés público
Miguel Angel Granados Chapa
En la apertura de relaciones con el gobierno de Madrid, el de México ha mostrado un apresuramiento que sólo podría ser entendido si fuera explicado Aun si no se consideraran cuestiones de principios, el desgarbo con que se ha actuado tendrá que ser calificado por lo menos como un acto de mal gusto Pero tal vez haya más que eso
Puesto que la política exterior es sólo prolongación de la interior, la vinculación diplomática, con la Manchuria española debe ser examinada en esa doble vertiente Como acto de congruencia diplomática, no parece haberse ejecutado con la oportunidad debida Acaso poco después del referéndum de diciembre, o con posterioridad a las elecciones parlamentarias, la coyuntura habría sido la ocasión apta En cambio, en esta zona intermedia no puede argüirse que se hayan producido en España, cabalidad, los cambios hacia la democracia, en gesto burdamente intervencionista, habla planteado el gobierno mexicano como virtual exigencia para intercambiar embajadores
No había, ciertamente, razones para no tener vínculos diplomáticos con España, que es un miembro común de la sociedad internacional bien visto ahora por todos los que lo execraran Pero el largo periodo en que México se mantuvo en una postura por lo menos original hubiese requerido un proceso de cambio pausado, en vez de esta prisa que se antoja resultado de condiciones, pero no de las impuestas con ingenuidad por administraciones mexicanas pretéritas sino por el régimen español, que al final de esta historia tomó la dirección de los acontecimientos, como lo sugiere la descortés manera en que se concluyeron nuestras relaciones con el gobierno en el exilio Si de todas maneras llegamos tarde a la vinculación con la monarquía, ¿a quién desear recuperar el tiempo?
Por otra parte las relaciones comerciales y de otros géneros con España, crecientes cada día, no necesitaban de la consagración diplomática Ni siquiera en esa circunstancias puede encontrarse justificación a la festinada urgencia
Por lo tanto, hay que volver los ojos hacia nuestra política interior para tal vez hallar explicaciones a esta decisión Bien se sabe que las relaciones con la España, franquista fueron queridas siempre por el conservadurismo mexicano, no como un acto de reconciliación histórica, sino como la admisión de un régimen en que concretaba sus aspiraciones y su proyecto político Hoy, no han cambiado tanto las cosas en España como para que el designo haya variado Los conservadores mexicanos están persuadidos de que hay que cambiar para que nada cambie Las relaciones con un gobierno que, con todo, procede del franquismo, acaso fuese parte de la estrategia general de apaciguamiento que se destina a ganar la voluntad de esa tendencia
De paso, además, la relación con España sirve al gobierno para establecer un contraste con la administración anterior, que se malquistó con quien deseaba amistarse Subrayar las diferencias de estilo tienen utilidad en la dialéctica y complicada trama entre el actual régimen, causahabiente del anterior, respecto del cual pareciera practicarse un política de pan y palo, aunque éste apenas se haga notar ¿No hay similitud en el trato con Madrid y Monterrey?
Acto de realismo, sólo en el sentido de su vinculación con la realidad y con la realeza, como sugieren los malpensados, la relación con España, salvo el apresuramiento culposo, será sin embargo fructífera, porque nos acerca a un pueblo por tantos títulos admirables