La ONEFA pactó que sus jugadores fueran sometidos a exámenes antidrogas. Sin embargo, la falta de claridad y de organización en las indicaciones y en los procedimientos llevaron a que al menos la UNAM y la Universidad de Chihuahua no presentaran los tests en tiempo y forma. La Conade, afirma la Universidad Nacional Autónoma de México, se sacó de la manga una logística distinta a la pactada. Es hora, pues, que no se sabe cuál es la situación del futbol americano nacional.
Las pruebas antidopaje pactadas por la ONEFA han provocado inconformidad y han evidenciado falta de transparencia y de organización en la Liga Mayor de futbol americano.
El director general de Actividades Deportivas y Recreativas (DGADyR) de la UNAM, Severino Rubio, asegura que el titular del Programa de Futbol Americano, Radamés Gaxiola, no evadió la realización de controles antidopaje a los jugadores de Pumas CU, sino que no estuvo de acuerdo con la “logística” que los médicos de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) pretendieron emplear.
En entrevista con Proceso, el directivo señala que los oficiales antidopaje ni siquiera fueron a las instalaciones universitarias. Afirma que sólo llamaron por teléfono a Gaxiola para avisarle que, en una hora, se presentarían a tomar las muestras de orina de los jugadores. Esto no era posible, dice, porque el permiso para que médicos y jugadores puedan ingresar al estadio Olímpico se debe tramitar, al menos, con 24 horas de anticipación, además de que querían hacer los tests antes del clásico Pumas-Poli, justo cuando se iba a llevar a cabo la tradicional “quema del burro”.
Este semanario publicó que el doctor Radamés Gaxiola se rehusó en dos ocasiones (el 23 y 28 de octubre) a que la Conade recolectara las muestras de orina a los jugadores, alegando una violación a la autonomía de la UNAM y argumentando que la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (ONEFA) no había enviado el oficio correspondiente, a pesar de que ya había un acuerdo de que en este año todos los equipos de la Conferencia de los Ochos Grandes y de la Conferencia Nacional se someterían a los controles antidopaje (Proceso 1931).
Cuestionado al respecto, Severino Rubio considera que no se trata de pretextos ni trabas burocráticas. Los controles antidopaje, dice, deben realizarse con seriedad y “no en cualquier lado”, como pretendían los médicos de la Conade.
El titular de la DGADyR recuerda que, a propuesta de la UNAM, el Consejo Directivo de la ONEFA aceptó desde febrero de este año aplicar los controles antidopaje a los jugadores de la Liga Mayor. Dice que en junio pasado –también a petición de la UNAM– se realizó un seminario con representantes de las universidades, en el que se ofrecieron cursos de capacitación y se acordó formar una Comisión Médica –integrada por doctores de los equipos de la UNAM, IPN, UVM y UANL–, que sería la responsable de definir la logística para llevar a cabo el programa antidopaje. A los jugadores se les dio una lista de sustancias prohibidas.
“En la Comisión Médica del 9 de agosto se acordó que se aplicarían los controles a partir del 7 de septiembre a siete jugadores por equipo. Se tomarían las muestras a un equipo por jornada. Y a otros tres en semifinales y final. Luego el médico de la UNAM (Gaxiola) me informa que la Conade pretende venir dentro de una hora a tomar muestras, y que le dijeron que serían 10 fuera de competencia y cinco en semifinales y final. Ése es nuestro punto: la ONEFA y la Conade acordaron otra logística sin avisar a la Comisión Médica. El primer oficio que yo recibí de la ONEFA fue el 29 de octubre. Nosotros hemos sido promotores de los controles antidopaje. Ya estamos en el compromiso y todos debemos participar”, precisa Rubio.
Para demostrar la disposición de la UNAM, Rubio informa que durante 2012 y 2013, antes del inicio de las temporadas, esa universidad practicó “controles internos” a los jugadores de Liga Mayor y a algunos de la categoría Intermedia.
Se trata, dice, de la prueba multidrogas en orina a base de tiras reactivas llamada Instant-View. Son unas almohadillas a las que se les aplica la orina recolectada y que, en cuestión de minutos, detectan la presencia de anfetaminas, metanfetaminas, mariguana, cocaína, morfina y éxtasis, entre otras. Según Severino Rubio, la confiabilidad de estas pruebas –que no detectan esteroides ni diuréticos– es de 85% y las han aplicado los médicos adscritos al Programa de Futbol Americano.
“El de la Conade es un estudio más amplio, en contraste con los que pudiéramos estar haciendo, porque nosotros no medimos esteroides. En el seminario que realizamos lo que me sorprendió gratamente es que los equipos ya venían trabajando con estudios de esta naturaleza. Es un estudio algo caro, cuesta como 70 dólares cada kit. Por eso me gustó que la Federación de Futbol Americano interviniera, porque los controles los va a pagar la Conade. Se los hicimos como a 200 jugadores y a todo el staff de coaches de Liga Mayor y todo salió negativo”, afirma.
Pero cuando se le pidió a Rubio que respaldara sus dichos con documentos, como se había comprometido antes de la entrevista, se negó a hacerlo. Argumentó que los resultados están anexados a los expedientes de cada uno de los jugadores, y que están en archivos digitales y no impresos. “Así se los presenté al rector (de la UNAM). Es un reporte médico, no le puedo dar copia. De hecho creo que con todo lo que le he dicho ya hasta me estoy ampliando demasiado”.
–¿Por qué no se hicieron controles para detectar si se usan esteroides?
–Pues a lo mejor lo haremos en las siguientes etapas.
–Hay muchas voces que han señalado el uso de esteroides; que hay personas que los distribuyen y se los aplican a los jugadores dentro de las instalaciones de la UNAM. La directora de Medicina del Deporte lo reportó a Luis Regueiro (exdirector de DGADyR) y éste, a su vez, al rector.
–Si yo soy el médico, en lugar de comunicarlo tengo que actuar. Si yo tuviera elementos –y se lo digo yo que convivo con los jugadores– para detectar que algo sucede, tendría que actuar con la responsabilidad administrativa y directiva, no podría sólo observar y especular. No sé antes, pero ahora puedo afirmar que nadie provee ni nadie ofrece sustancias prohibidas.
–¿Cómo lo sabe?
–Lo puedo afirmar con toda la acción (sic) de que nosotros estamos dentro de la universidad. Lo afirmo categóricamente. Yo no controlo la vida de todo mundo, pero aquí en la UNAM eso no puede suceder.
–¿No puede o no debería suceder?
–No debe suceder. Es nuestra normatividad y debemos actuar con honestidad.
–A usted lo alertó el doctor Agustín Lazarini.
–Pues a él me refiero. Si él era el médico del equipo, él era el responsable médico. Yo le dije que había que meter un sistema de control de los muchachos.
–¿Y dónde está ese sistema?
–Pues ya lo metí. Estamos hablando de (los controles internos) de estos dos años.
–Pero, ¿no buscan las sustancias que en teoría están utilizando…?
–En teoría, ¿de quién?
–No lo dice cualquier médico, lo dicen dos médicos empleados por la UNAM: la doctora Cristina Rodríguez, en 2009 (directora de Medicina del Deporte), y el doctor Lazarini, en 2011.
–No, no lo dicen. Lo dijeron. Fue en otra época. Yo soy responsable del futbol americano. Me he metido en serio a conocer cómo está el equipo, a hacer correcciones administrativas en el sistema médico, lo que era urgente para tener un expediente de cada jugador, para su desarrollo físico, emocional y técnico. Hay que ampliar los recursos para esto. Lo hemos hecho con nuestros recursos y posibilidades. A mí nadie me ha pedido que compremos otro kit (que detecte esteroides).
Oficio de discordia
Proceso tuvo acceso al oficio que la ONEFA envió a cada una de las universidades, en el que pide el acceso de sus oficiales antidopaje y detalla las condiciones que las instalaciones de cada universidad deberán tener para la realización de los controles. En el penúltimo párrafo puede leerse: “La prueba es bajo la figura de fuera de competencia, de tal suerte que no entraña sanción alguna para quien llegase a dar positivo”.
El documento pone al descubierto la confusión que priva entre las autoridades de las universidades y el presidente de la misma ONEFA, Francisco del Real, puesto que el Código Mundial Antidopaje señala que cuando se trata de un resultado analítico adverso fuera de competencia los deportistas no son castigados. No sucede así cuando las muestras de orina son tomadas al término de un partido, es decir, en competencia.
El único equipo de la Conferencia de los Ochos Grandes al que no se realizaron los controles antidopaje es el de las Águilas de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH).
El coordinador de Deportes de esta institución, Juan Francisco Aguirre, explicó a Proceso que la carta que le envió la ONEFA decía que las pruebas se realizarían en las instalaciones de la UACH y no en Monterrey, donde el equipo se encontraba el viernes 1 de noviembre para jugar el partido de semifinal ante los Auténticos Tigres de la UANL.
Tampoco se recolectaron las muestras de orina de los cinco exámenes de jugadores de la UACH correspondientes a ese encuentro, porque Aguirre alegó que la ONEFA no le mandó un oficio para avisarle que los tests se realizarían ese día y en ese lugar.








